VOLANDO CON UN ROCKETMAN

Si desconocías la vida (y sobre todo la obra) de Elton John, debes empezar por aquí.

Durante años, los fans de distintas bandas y artistas de rock hemos leído sus historias de vida y llegado, en la mayoría de los casos, a la misma conclusión: “parecen de película”. La espectacularidad de la carrera de tantos músicos del siglo XX, desde sus juventudes conflictivas hasta sus años de excesos y gloria, daba una vibra cinematográfica que tarde o temprano iba a retumbar en Hollywood. Rocketman (2019) es la biopic más reciente que se estrenó en el circuito comercial y ha tenido un éxito notable. Dirigida por Dexter Fletcher y protagonizada por Taron Egerton, narra las vicisitudes en las que se vio envuelto Reggie Dwight, más conocido como Elton John.

El hilo conductor es una sesión de terapia grupal en la cual el excéntrico músico admite su adicción al alcohol, las drogas y el sexo; la misma servirá como disparador de prolongados flashbacks. De esta forma, Rocketman encuentra su primer punto a favor: decide demostrar los puntos más bajos del protagonista, evidenciando sus falencias e ilustrando sus virtudes con la honestidad como norte.

 

“Las escenas musicales hacen avanzar el relato, llevándolo a un limbo entre realidad e imaginación”

 

El siguiente aspecto a destacar del film es la apropiación de las canciones de Dwight para convertir la obra visual en un musical al mejor estilo Broadway. Todos los grandes éxitos del artista tienen las condiciones necesarias para ser épicos sonora y coreográficamente. La transición de infancia a juventud, guiada por ‘Saturday Night’s Alright for Fighting’ y una coreografía multitudinaria, es el momento que mejor ilustra el buen gusto del director. Con un Taron Egerton admirable, las escenas musicales no son un elemento decorativo, sino que hacen avanzar el relato, llevándolo a ese limbo entre la realidad y la imaginación que tan bien le sienta al universo sonoro del protagonista.

A su vez, la relación creativa y sentimental que tiene con su colaborador artístico, el letrista Bernie Taupin, es otro de los puntos fuertes del film. Interpretado fabulosamente por Jamie BellBilly Elliot (2000)—, el personaje de Taupin genera una química muy verosímil con Egerton, especialmente en los momentos más sensibles de la película, como la escena en la que Reggie confiesa su homosexualidad.

Rocketman es una odisea visual que supo capturar la esencia de la música del excéntrico icono pop: delicada, intimista, grandiosa y rockera. Exprimiendo al máximo las dotes actorales de un protagonista avasallador en el escenario y emotivo en la intimidad, Fletcher transforma una historia de vida en un deleite cinematográfico con suma honestidad y transparencia.

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