THE MUSIC NEVER STOPPED: ATRAPADO EN LOS ‘60

La música es la mejor máquina del tiempo

Inspirada en la historia real del ensayo El Último Hippie de Oliver Sacks, parte del libro Un Antropólogo en Marte (1995), The Music Never Stopped se estrenó en 2011 bajo la dirección de Jim Kohlberg, siendo este su primer film. Ambientada en la década de los ‘80, retrata el conflicto generacional que se remonta a los liberales ‘60, cuando los jóvenes luchaban por la paz y por cerrar el círculo de participación en conflictos bélicos por varias generaciones.

La guerra de Vietnam se instalaba y Gabriel (Lou Taylor Pucci), nuestro protagonista, solo quería tocar con su banda y asistir a las manifestaciones en contra del gobierno estadounidense, quedando muy lejos del ideal familiar. Las diferencias con Henry (J.K. Simmons), su padre, devenidas en enfrentamientos con él, lo llevaron a abandonar su casa siendo muy joven.

Su reencuentro se da veinte años más tarde cuando sus padres reciben una llamada del hospital: Gabriel sufre de amnesia anterógrada y debe ser operado. Este trastorno impide la creación de nuevos recuerdos a largo plazo, por lo cual quienes lo padecen recuerdan su vida hasta un momento determinado, que en esta historia se sitúa en esos revolucionarios ‘60. El joven parece estar en su salsa, varado en lo que considera los años dorados de la música; en su mente suenan The Beatles, Bob Dylan y en especial The Grateful Dead, su banda preferida. Para él, Jimi Hendrix y Janis Joplin siguen vivos y de gira.

“CUANDO ESCUCHAS UNA CANCIÓN QUE AMÁS, EL TIEMPO PARECE NO HABER PASADO”

 

Luego de probar varios tratamientos sin éxito, lo único que lo mueve, emociona y transforma es escuchar sonar los acordes de sus temas favoritos, y la musicoterapia se muestra como la opción más viable para que Gabriel vuelva a ser el que recordaban. Con la familia completa comprometida con su recuperación, esta película es una invitación a limar las asperezas para sanar.

Todo melómano se siente interpelado por la importancia de la música y la creación de recuerdos alrededor de ella, porque cuando escuchas una canción que amás, el tiempo parece no haber pasado. Los detalles se complementan con ese soundtrack de nuestra vida: la playlist de un viaje en la ruta, la lista de temas de un recital especial, el primer disco que compraste o lo que se escuchaba de fondo cuando diste tu primer beso. En eso que, cuando suena, nos invade y nos toma por completo porque forma parte de nuestra memoria y nuestra identidad. Aquello que teje historias con acordes y nos hace ser quienes somos.

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