DESARMANDO EL ROMPECABEZAS MUSICAL: PELO

La música que desprende cada mechón

Los aspectos que componen la imagen de cada artista son parte de su sello distintivo. En entregas anteriores hemos analizado cómo fueron los cambios históricos en torno al maquillaje y al vestuario, y en esta oportunidad nos enfocamos en los peinados que han identificado a los exponentes de distintos estilos musicales.

En los ’60 los jóvenes querían cambiar al mundo seducidos por la revolución hippie de la mano de grupos como The Beatles, quienes impusieron sus cortes de cabello en todo el mundo creado por Astrid Kirscher y continuado luego por Leslie Cavendish. Asimismo, la rigidez de las dictaduras militares en nuestro país por esos años también se tradujo en que aquella estética juvenil fuera mal vista. Llevar el pelo largo era un signo de subversión que le trajo problemas a más de un pibito fan de Charly García. Un ejemplo insólito de esto fue que en el rodaje de la película El Extraño de Pelo Largo (1970) la compañía Sono Films tuvo que tramitar un permiso policial para que los actores puedan llevar sus extensas melenas para el rodaje por 30 días.

Uno de los emblemas de las cabelleras del rock y la escena musical de la época fue la Revista Pelo, nacida en 1970. Su director, Daniel Ripoll, comenta sobre la elección del nombre que “el pelo en ese momento era el código de encuentro rebelde, de lo que era revolucionario, y reflejaba el rechazo o la aceptación de ciertas ideas”. Años más tarde en 1978, Ripoll fue apresado por los militares en la propia redacción del medio, y al ser liberado tras dos meses de detención se exilió en Francia. Como contraposición a un mundo con una constante presencia militar, el movimiento punk llegaría años más tarde con un aspecto más provocativo: Sex Pistols, GBH, The Clash y en nuestro país Los Violadores impusieron su curioso estilo desprolijo, crestas largas y de colores.

 

“PROBAMOS DIFERENTES PRODUCTOS PARA VER CUÁL DEJABA EL PELO MÁS DURO Y PARADO TRAS SALTAR DURANTE UNA HORA Y MEDIA DE SHOW”

 

Un momento más creativo irrumpió en los ‘80 con un styling más elaborado y sofisticados productos capilares en la era del new wave. Alejandra Boquete fue quien se ocupó de la imagen de Soda Stereo y recuerda en el libro Prêt-à-Rocker (2010) sobre esa experiencia: “Con Estela Londero probamos diferentes productos para ver cuál dejaba el pelo más duro y parado después de saltar y bailar durante una hora y media de show, soportando altas temperaturas. En cada país al que íbamos probábamos los productos locales para ver cuál era mejor”. Otras de las bandas locales que explotó su estética fue Virus, siendo pioneros en destacar en sus fichas técnicas de conciertos y portadas de discos la labor del peinador, en las que podía leerse “pelos por Cyril Blaisse”, dando crédito al peluquero de origen francés.

Pero la forma de llevar el cabello no siempre fue algo liberador, para algunos artistas significaba una carga. Uno de los casos más resonantes fue el de Britney Spears y su mental breakdown en el año 2007, el cual la llevó a raparse, entre otros motivos, por no soportar que su pelo sea manipulado constantemente desde muy chica, además de la sobreexposición en los medios y los paparazzis que la acosaban diariamente.

Lejos del glam o de la pura expresión personal en las cabelleras, hay un punto importante que desafortunadamente consiguió más relevancia: muchos músicos, en su afán de conseguir una imagen original, utilizaron peinados y atuendos que le pertenecían a otras comunidades, un acto denominado como apropiación cultural. Al respecto, la activista afro-argentina Jennifer Parker explica en sus redes que esto consiste en “tomar elementos de una cultura que no te pertenece y usarlos, ya sea a modo de disfraz o porque te parece cool. Es un acto racista, lo sepas o no, porque te apoyás sobre tu privilegio blanco para no sufrir las consecuencias que atraviesan las personas de distintas etnias al llevar elementos que las identifican, además de la banalización a la que son expuestos, perdiendo todo tipo de significado histórico y/o ancestral

 

“LA IDENTIDAD DE LAS PERSONAS NO ES UN LOOK QUE PODEMOS UTILIZAR A LA LIGERA”

 

Múltiples artistas han utilizado elementos de otras culturas sin conocer o difundir su origen y fundamento histórico. Entre ellos podemos nombrar a Cristina Aguilera, Katy Perry y Nathy Peluso, así como también referentes del trap actual como Khea con su notorio cambio de imagen. Esto forma parte de un discurso social racista que se encuentra arraigado estructural e institucionalmente, pero una vez que se hace notar, ya no podemos excusarnos. Recordemos a Connie Isla, quién en su videoclip de ‘Luz y Fuego’ uso box braids, una elección señalada por Jennifer que concluyó en la realización de un video juntas para visibilizar la problemática. Lo propio ha hecho Katy Perry al reconocer que al incorporar elementos ajenos a su cultura en sus presentaciones en vivo y videoclips estaba generando un perjuicio del que no tenía noción y que solo lo hizo en pos de su admiración y para homenajearlas.

La identidad de las personas no es un look que podemos utilizar a la ligera. Los artistas blancos al utilizar estos elementos se vuelven iconos de la moda, mientras las propias comunidades deben esconder su pelo en el ámbito laboral y son oprimidas a diario. Así, se impone el discurso de que copiarlo está bien, pero serlo está mal y las personas racializadas deben asimilar elementos ajenos para poder adaptarse socialmente.

Más allá de marcar una estética, una imagen característica, los peinados son también una forma de expresar elementos constitutivos de nuestra identidad. Como tal, debemos notar su relevancia y cuánto se puede transmitir a través de ellos. En este recorrido queremos remarcar que mientras para algunos artistas su melena ha sido un símbolo de revolución, para otros es un emblema de lucha.

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