NIDOS: UNA TRAMPA EN LA QUE VALE CAER

Rebeldía juvenil alegre. A eso suena La Trampa (2018).

Allá por el año 2017, Nidos ganaba el concurso Camino a Abbey Road y se iban a Londres a grabar su próximo disco en los míticos estudios donde una vez lo hicieran los 4 fantásticos. Fausto Aguirre, Julián Ares y Rodrigo Humeres se sobrevolaban el océano en lo que sería el viaje que dio vida a La Trampa.

Precede a Un Avión para Cruzar la Puerta (2015), cuya producción fue independiente y su recepción ya había sido muy buena. Vestigios de algunas canciones antiguas como ‘Eternos Hasta Mañana’ aún se sienten palpitar en lo más profundo de algunas nuevas canciones, pero evolucionadas, casi dejando en claro que Nidos permanece fiel en su esencia, pero evoluciona sonoramente.

La Trampa está compuesto por nueve temas que se perfilan en un mismo contorno que la primera canción, con título homónimo al álbum, resume de forma acertada. ‘Accidente’ fue el primer corte de difusión, que fue acompañado con un video, dándole una impronta al trabajo audiovisual que no habían tenido en trabajos anteriores. Una hermandad entre el pop y el rock en su versión más eléctrica se despliega en temas como ‘Dando Vueltas’. ‘Nada Dicho’ cuenta con la participación de Juanse (emblema de Los Ratones Paranoicos) como endulzante de la receta.

Las voces corean y repiten los versos de las canciones con una tranquilidad jovial, que alcanza su clímax en los momentos correctos. Varía quien canta dependiendo la canción, lo que permite una dinámica que mantiene viva la atención. Las letras permanecen en una esfera de optimismo y avance que le da aires a este proyecto ya de por sí entusiasta, retornando a cuestiones del día a día y volviéndolas una pieza composicional.

Quizá lo que puede reclamárseles es la falta de personalidad exclusiva de los temas, casi parte de un mismo colectivo que se perpetúa durante dos, tres minutos y vuelve a comenzar. Sin embargo, es también eso lo que permite ver La Trampa como un todo que funciona en conjunto y no como “varios temas que se metieron en la misma caja a ver qué sale”.

El sonido del álbum completo es de una calidad notable, pulido y digno de una alta producción. Se puede trazar un paralelismo con bandas como The 1975, con contrastes de The Japanese House o LANY en casi su versión nacional, cuyo indie pop con tintes electrónicos han vuelto a conquistar en gran escala.

Si hay algo seguro es que Nidos no es la banda correcta para los momentos de desafecto —de hecho, quizá su más triste canción ‘La Puerta’ es acompañada por un piano que brinda el toque de optimismo—. Al contrario. Nidos tiene un sonido fresco, palpitante, un aire de rebeldía juvenil. Son canciones como ‘Ya sé’ o ‘No Existe’ las que marcan el perfil de una banda que, evolucionando siempre, mantienen el estandarte de la alegría insurrecta de un beat electro-pop que le da a la juventud un brillo atractivo.

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