FRANZ FERDINAND: CAN YOU FEEL THE LOVE TONIGHT?

Para su campante vuelta a Argentina, Franz Ferdinand desplegó todas sus armas ante un Museum Live privilegiado que le recordó al grupo escocés por qué deberían venir más seguido.

El esperado regreso, cuatro años después, de Franz Ferdinand este domingo 7 de octubre se vio marcado por varias particularidades. Primero, desembarcaron en el marco de la salida de un nuevo disco, ‘Always Ascending’, que describen como su “renacimiento”. Después, dos de sus miembros son relativamente nuevos: Julian Victor Corrie (teclados) y Dino Bardot (guitarras) se sumaron en 2017 a la formación de Alex Kapranos (guitarra y voz), Bob Hardy (bajo) y Paul Thomson (baterista), y esto le agregó algo de frescura al show. Por último, es imposible no notar que este recital se vio afectado por la situación económica del país: el precio de las entradas era tan alto que ni siquiera el 2×1 sorpresa que anunciaron horas antes del show pudo lograr el soldout irrefutable que una banda como Franz Ferdinand se merece. Sin embargo, Museum es un venue muy lindo, con gran sonido y un sentido de intimidad que no tienen otros lugares, y la cantidad de gente que se presentó a pesar del excesivo precio (que se justifica sólo si pensamos que a las bandas se les paga en dólares) demostró una vez más que los argentinos tienen más pasión por la música que nadie.

Otra cosa difícil de ignorar fueron los teloneros, Ruido y Maxi Trusso, ninguna con un sonido realmente acorde al de los escoceses, y que no representan realmente a la escena local ni qué es lo que pasa actualmente. Ruido presentó temas interesantes y un gran cover de ‘Iron Lion Zion’, pero Maxi Trusso eventualmente se volvió molesto e incómodo, y dejaron a los asistentes con la sensación de que se desperdició la oportunidad de tener una banda pertinente y que esté en ascenso para abrir: hubiera sido lindo ver bandas como Bestia Bebé, La Otra Cara De La Nada, Pyramides o Conociendo Rusia mostrar sus dotes antes de un grupo de este calibre.

Una vez que se retiraron los teloneros, sonaron por los parlantes The Strokes y Happy Mondays, hasta que pasadas las nueve y media salieron a escena los miembros de Franz Ferdinand con una sonrisa de oreja a oreja que reflejaba sus ansias y emoción. Las primeras notas de ‘Always Ascending’ dieron pie a una noche llena de hits que rompían en el ambiente y siempre encontraban la forma de terminar en pogo. Temas como ‘Paper cage’ o ‘Lazy Boy’ ayudaban a dar cuenta del marco de la gira y se adaptaron de manera espectacular al show. Todos los temas del nuevo álbum tuvieron un brillo propio que las distinguió. Por su lado, los temas con más recorrido, como ‘Michael’ o ‘The dark of the matinee’ adornaron la mayoría de la noche y fueron protagonistas, mientras que algunos de los momentos más altos de la noche fueron clásicos de nuestra era, como  ‘Do you want to’ o ‘Take me out’.

El show de Franz Ferdinand fue una constante oda al riff y a la energía, construyendo un clima necesario para soltar todo. El frontman Alex Krapanos hizo sus deberes: saltaba, bailaba, gesticulaba y transmitía mucho (como en los coros de ‘Ulysses’) e integra al público. Cada tanto nos recordaba lo feliz que estaba y le pedía al público amor y lo recibía en forma de aplausos y vitoreos. Confesó entre temas que siempre lee los comentarios en redes sociales que piden que vengan, y con eso nada más terminó de ganarse al público y selló esa relación cómplice que logran los artistas más queridos por el público argentino.

Antes del encore, una muy encendida rendición de ‘The fallen’ dejó a todo el mundo con la presión alta y sudor en la frente, mientras que los cinco músicos salieron del escenario ovacionados. Cuando volvieron, el ambiente se encendió nuevamente y todo el público sucumbió al baile que instaló el inicio de ‘Feel the love go’ casi inmediatamente. Eventualmente, el izquierda/derecha se volvió arriba/abajo para el agite en ‘Love Ilumination’, y ‘This fire’ fue el último tema en sonar. Al grito de ‘‘This fire is out of control i’m gonna burn this city”, Franz Ferdinand se despidió dejando el lugar más arriba que nunca, e incluso quienes lo veían desde los balcones de los pisos de arriba saltaban y cantaban.

La conexión entre la banda y la gente fue total, el sonido impecable y el lugar fue la mejor alternativa posible para un retorno que, si bien en otro contexto quizás hubiera cortado más entradas, no quedó debiendo nada (más que ‘This Boy’, quizás) y sin duda perfila para ser uno de los mejores del año, del cual un puñado pudo ser parte y que, de cierta forma, nos dejó atesorar mucho más una banda que ya tenía toda nuestra admiración.

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