FESTIVAL ROCK & POP: UNA NUEVA OLA

El Estadio Obras Sanitarias fue el lugar elegido para que el mítico Festival Rock & Pop se hiciera presente una vez más en nuestro país. […]

El Estadio Obras Sanitarias fue el lugar elegido para que el mítico Festival Rock & Pop se hiciera presente una vez más en nuestro país. Mezclando lo mejor de nuestra música nacional con artistas internacionales de renombre, la tarde noche del sábado 17 de noviembre fue una ocasión especial para el disfrute de variados estilos de música.

La jornada dio inicio con la primer parte de la apuesta nacional de artistas: Todo Aparenta Normal y Octafonic dieron shows potentes y enérgicos, cada uno dentro de los límites de sus respectivos estilos, haciendo que los espectadores comenzaran a sentirse entusiasmados apenas ingresaban al predio. Si los riffs vapuleadores de los Todo Aparenta fueron la semilla del espectáculo, el sonido electrónico-jazzero de Octafonic fue el primer tallo de una jornada apasionante que comenzaba a asomarse.

Seguido de la desbordante energía de Octafonic llegó el momento de la calma y la emotividad más íntima de la mano de The Magic Numbers. Lamentablemente, antes de que comenzara el show de la banda inglesa —quienes hicieron su propia prueba de sonido— se dió a conocer por lo parlantes del predio que la artista Azealia Banks no se presentaría en el festival por problemas de salud. Si bien el público asistente se notaba un tanto desorientado ante esta baja en la grilla, fue Romeo Stodart, cantante de The Magic Numbers, quien se encargó de tomar las riendas de la situación y reorientar a la gente hacia el sendero del disfrute.

Repasando clásicos como ‘Love’s A Game’ y ‘Love Me Like You’, los oriundos de Ealing demostraron no solo ser un conjunto de músicos talentosos y carismáticos —con especial mención a Michele Stodart, bajista del grupo— sino que también dieron cátedra de cómo se debe plantear un show In Crescendo efectivo, cautivante y, por sobre todo, cumplidor.

Al comenzar su presentación, Romeo Stodart dijo a modo de promesa: «Van a amarnos para cuando termine este show«. Dicho y hecho, mientras los músicos cerraban su set con ‘Mornings Eleven’, no había más que aplausos y vitoreos por parte de un público que una hora atrás se decepcionaba por la baja de Azealia Banks del festival, pero ahora solo podía expresar su amor hacia el cuarteto británico.

Ya caída la noche llegó el turno de Eruca Sativa, banda cordobesa que, con sus riffs pesados y grooveros, aportó la última dosis de talento nacional a la jornada. El trío conformado por Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera demostró por qué es una de las bandas más populares del ambiente rockero argentino y supo conquistar a una audiencia claramente heterogénea, conformada tanto por aquellos que solo fueron a ver el cierre de Blondie, como por un público más juvenil que esperaba ansioso en la valla por la salida de The Vamps.

Con un setlist bien cargado de hits, como ‘Nada Salvaje’ o ‘Armas Gemelas’, el conjunto supo mostrar un sonido conciso y una gran habilidad interpretativa, cada quien en su respectivo instrumento.

Llegando el final del show, Brenda Martin se acercó a su micrófono —que lamentablemente sonó un poco bajo durante todo el recital— y dijo: «Somos afortunadas de estar acá. Hay muchas mujeres que pelearon para que hoy nosotras podamos estar tocando. Por eso queremos pedir la aprobación de la Ley de Cupo Femenino y mas músicas en los escenarios«, lo que fue seguido de una gran ovación del público femenino.

Luego fue el turno de uno de los actos más esperados de la noche: The Vamps brindó un show cargado de energía, siendo su frontman, Bradley Simpson, amo y señor del público durante la hora que duró el show. Con su pop juvenil traído desde Inglaterra, el trío —formato adoptado por la banda ya que su guitarrista, James Mcvey, se encontraba en Australia— no solo cumplió con las expectativas de sus fans, sino que conquistó a más de algún espectador que desconocía la existencia de la joven banda.

El conjunto desfiló por su setlist canciones como ‘Can We Dance?’ y ‘Shades On’, manteniendo un constante ida y vuelta con sus seguidores, generando un clima que alternaba entre lo festivo y lo íntimo. El nivel de complicidad y juego que se gestó entre la banda y su audiencia se materializaba en momentos puntuales, como en el chiste constante al que Bradley Simpson recurría gritando “Skere” y sosteniendo un cartel tomado del público que tenía escrito esta popular expresión tan usada los jóvenes argentinos.

Fue una lástima ver cómo una pequeña parte del público más «rockera» parecía encontrar un motivo de burla en estilo pop de The Vamps. Quizás ese es uno de los riesgos que tiene el mezclar artistas con un estilo tan distinto en un mismo lineup, pero la soberbia de un público reaccionario hacia nuevos sonidos y estilos no es más que un síntoma de una escena del rock avejentada en nuestro país, la cual pide que la renovación de su público termine de consolidarse de manera urgente.

Habiendo finalizado The Vamps, y después de que fuera colocado encima de los sintetizadores un pañuelo verde a favor del aborto legal, le tocó el turno a la banda liderada por Debbie Harry —quien lucía una camisa negra, anteojos de sol y una pollera de tul anaranjada sobre sus pantalones oscuros—. El conjunto neoyorquino salió al escenario y, con su clásico ‘One Way Or Another’, estableció el clima propicio para la fiesta.

Con la seguridad que le confiere el estar sobre escenarios desde hace 40 años, Debbie se paró frente al público argentino y los domó desde el minuto cero. Revisitando clásicos como ‘Hanging On The Telephone’ y ‘Call Me’, los neoyorkinos invitaron tanto al baile como al pogo salvaje, sabiendo variar sus matices con total destreza y dejando en claro por qué son una de las bandas más influyentes de la escena New Wave americana.

La banda brindó un espectáculo memorable, que abarcó desde momentos emotivos, como la aparición del clásico ‘Maria’ a mitad del show, canción que Debbie dedicó a las mujeres del público y a toda persona que se sienta mujer —momento en el cual un pañuelo verde y una bandera LGBT aparecieron al unísono entre el público—; hasta la adrenalina generada por el espectacular solo de guitarra que Tommy Kessler interpretó al final de ‘Atomic’.

El punto más alto de la noche se dio con ‘Heart Of Glass’, canción que Debbie dedicó al guitarrista de la banda, Chris Stine, que no se encontraba presente en el show. Fue durante este clásico tema pop donde todo el cansancio acumulado en las piernas de los asistentes se desvaneció para dar lugar al baile y a la nostalgia setentera. Luego, la banda hizo el clásico amague de retirada, sólo para volver al escenario a los pocos minutos y finalizar su show interpretando ‘Dreaming’, canción donde Debbie aprovechó para declarar: “We are all free”, momento en el que más de un presente sospechó que la cantante iba a tomar el pañuelo verde que permaneció durante todo el show colgado en el sintetizador de Matt Katz-Bohen, hecho que al final no se dió.

Rock & Pop demostró este sábado tener la inteligencia como para juntar a un grupo de artistas con estilos extremadamente variados sin que eso imposibilitara el disfrute de los concurrentes. La convergencia de distintos estilos fue la quintaesencia de un festival que no solo invitó a la heterogeneidad del gusto, sino que alentó a una nueva generación de público musical al descubrimiento de sonidos que van más allá de lo que están acostumbrados.

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