ESTA ES LA NUEVA GENERACIÓN

El pasado domingo 18 de octubre tuvo lugar en el Jockey Club de Córdoba el Festival La Nueva Generación, celebración que busca reunir a los […]

El pasado domingo 18 de octubre tuvo lugar en el Jockey Club de Córdoba el Festival La Nueva Generación, celebración que busca reunir a los conjuntos con un presente destacado. Contó con tres escenarios, uno pequeño rojo y dos grandes, azul y amarillo respectivamente, pautando la apertura de puertas a las 14 horas y una programación que duraba desde las tres de la tarde hasta las dos de la mañana.

La jornada empezó con altibajos para la producción, las pruebas de sonido se demoraron y las puertas se abrieron muy pasadas las tres de la tarde, obligando a que Chita, la joven de voz dulce que abría la grilla, empezara su show en el escenario rojo con buena demora y un sonido trastabillado. Como había sido prometido, la fruta gratis que se repartía cerca del ingreso del predio era para quienes madrugaran, y a los 10 minutos los muchachos encargados del puesto lo desarmaban devolviendo sonrisas a los reclamos de quienes se quedaron con las ganas. Lo que no falló fueron los puestos de hidratación: si bien algo calientes por el rayo del sol, los cinco bidones de ambos stands fueron reemplazados con prolijidad envidiable, proveyendo agua a quienes se acercaran con su botella o el canchero ecovaso que podía obtenerse pagando una seña reembolsable de 40 pesos.

Como suele pasar en los festivales, hubo un escenario que fue duramente castigado, no solamente por la interferencia del volumen de los shows más grandes, sino también por clarísimas carencias en el armado del sonido general de las bandas. Nos referimos al escenario rojo, donde cada vez que se subía un conjunto, los músicos estaban diez o hasta quince minutos corrigiendo cosas antes de poder funcionar. Un Planeta salvó bien estas dificultades dando un show prolijo de rock sensual mientras, en la otra punta en el escenario amarillo, el nuevo trapero del momento se gozaba para su público. Estamos hablando del joven CA7RIEL, que rugió en cuero y malla acompañado de su «ATR BANDA», un grupo de virtuosos músicos que le pusieron muchísimo groove a las pistas.

Al escenario azul USV le puso aires de fiesta, acompañados por la tremenda onda de todes sus integrantes. Merecedores de un horario vespertino, no le hicieron asco al sol en la cara y lograron que la gente sacudiera sus caderas y levantara polvo con su calzado. Mientras tanto, Valdes preparaba el escenario amarillo, con su cantante Pancho Valdés haciendo muecas graciosas para sobrellevar que aún no le encendían los micrófonos. Finalmente, tras comprobar que todo andaba, gritó “¡Ahora sí! Hola a todes, somos Valdes” y, tras la respuesta bulliciosa del público, agregó un “¿Van a bailar?”.

En la otra punta, Conociendo Rusia luchaba en la previa con las falencias para configurar el sonido del escenario rojo; una vez que pudo, ofreció un buen show que reivindicó el lugar del rock and roll y masajeó con baladas bluseras la cara insolada de la hinchada. Mateo Sujatovich, creador de este proyecto que acompaña en el vivo con destacados músicos de la escena, era el único artista en la tarde del festival que no usaba la pulsera roja con la leyenda «Artista». Imaginamos un planteo estético del ruso y la excepción que le habrán transmitido al equipo que custodiaba camarines y escenarios: “el de pelo amarillo es artista y pasa”. En teclados lo acompañaba Fran Azorai, integrante de Banzai F.C., quien ya había llevado las chapas de Chita y volvería a masajear las teclas en Emmanuel Horvilleur. Más extraordinario aún lo del batero: Guille Salort también oficia en Chita, Conociendo Rusia y Emmanuel, es el baterista de Marilina Bertoldi, quien se presentaría más tarde, también con problemas en el rojo, y reemplazó en su rol a Jeremías Segall De Rosa, batero de Lo’ Pibitos, que no había podido viajar, completando de esta forma cinco shows en una jornada… ¡Una bestia!

Quizás la tragedia más grande del desfasaje de horarios no fuera solamente la incertidumbre de la gente moviéndose de un lugar al otro a la espera de su grupo favorito, sino el hecho de que las dos mejores bandas de la tarde se solaparan imprevistamente: los marplatenses de Morbo y Mambo inundaron el escenario azul con su mezcla de funk, afrobeat, música electrónica y rock stoner a la vez que Telescopios, el conjunto cordobés que se volvió revelación este año editando su segundo disco, Doble de Riesgo, luchaba con el sonido del rojo. El talento de los locales se impuso sobre la mala pasada y, como en cada vez que se presentan, dieron un gran concierto con los mejores temas de cada álbum. La psicodelia instrumental se intercaló con un fino pop que cerró en rock progresivo e hizo agitar las trenzas del guitarrista Bernardo Ferrón al son del outro. También se lucieron en los arreglos las uñas azules de la mano izquierda del bajista y cantante Rodrigo Molina, buscando combatir con esfuerzo la interferencia sonora que venía de la fiesta de Morbo y Mambo en el otro escenario. Mientras tanto, Simón Poxyran, cantante y guitarrista de Perras On The Beach, que tocaba esa noche, deambulaba por el predio filmando a sus colegas artistas desde posiciones privilegiadas.

Indios hizo lo propio en el azul —con un sonido más prolijo que la media— y cumplió a granel con ese público que parece que fue al festival solo por ellos. Con cancha de sobra en festivales, mezclaron hits en abundancia con algunos temas recientes. Sobre el final, el cantante Joaquín Vitola se fue a cantar hasta el escenario amarillo el aclamado éxito radial ‘Geografía’, recibiendo también los aplausos del público teen que aguardaba por Perras. “Amamos estar en Córdoba” sintetizó el vocero antes de irse.

El escenario amarillo recibió la mayor concentración hasta el momento por el inminente arranque de Perras On The Beach. Los mendocinos salieron con luz tenue, tocando sobre una pista de sonidos electrónicos oscuros que rememoraba a una de las bandas que tanto aman, Tame Impala. De repente, casi todos los parlantes se cortaron, pero los pibes eligieron tocar más y más fuerte en un esfuerzo inhumano por contentar al público que ya chiflaba, no a los músicos sino a quien quiera que fuera responsable de la merma. Corregido este inconveniente, el show siguió en alto y las rondas de salto no tardaron en llegar. Buena entrega de los más jóvenes, mientras en la punta contraria Erlend Øye daba el show más anecdótico de la jornada.

La noche del festival también tuvo en el pequeño rojo a Francisca & Les Exploradores que dio un show tan cariñoso como su alma máter y aprovechó para tocar en vivo su versión de ‘Para Siempre’ de Los Ratones Paranoicos, que en estudio grabó junto a Julieta Venegas.

El Kuelgue ya empezó hace rato su anhelado espectáculo en el escenario amarillo y, como les contamos cada vez que los vemos, performa muy alto ante una multitud de gente. Invitaron a Emmanuel Horvilleur para ‘Góndola’ y se dieron el gusto de levantar dos banderas que el público les hizo. Para destacar sobre el final, versión íntegra de su cover cumbiancha ‘Clonasepam’ (en contraposición a la versión cortada que hacen casi siempre, volviendo con el bis dos temas más tarde) y, para el cierre, tremenda ejecución de ‘Cristo Es Marquitos Di Palma’, canción temática en la cual su vocero, Julián Kartun, aprovecha para repetir una y otra vez: “Hay que separar la Iglesia del Estado; hay que separar la Iglesia del Estado. ¡HAY QUE SEPARAR LA IGLESIA DEL ESTADO!”.

En el tan abatido escenario rojo, Marilina Bertoldi vociferaba puteadas luciendo su casaca xeneize: “Pongan un sonido como la gente la puta madre”. Se aleja del micrófono enojada, espera y vuelve: “En La Nueva Generación hay que cortar con esto, no hay otros que merezcan más que nadie (en alusión al escenario con peores condiciones). Eso es de la vieja generación… Respeten a los artistas”. Un tema más tarde vuelve y agrega “Bueno estoy re caliente, pero no la voy a bardear más. Aguante”.

La Nueva Generación también trajo consigo al cordobés Juan Ingaramo, que aprovechó la localía y dejó todo para que la mezcla de horario headliner y escenario principal no le quedara grande, invitando —como en el Personal Fest— a CA7RIEL, Dak1llah y LOUTA. Sobre el final, Los Espíritus llevaron de viaje a la hinchada con su folk psicodélico liderado por la guitarra del inmenso Maxi Prietto; también hicieron lo propio Lo’ Pibitos, estrenando en el rojo su nueva placa En Espiral, que presentan hoy en Niceto Club. El cierre, entradísima la madrugada, fue a puro glamour con el espectáculo performático de LOUTA y todos sus chiches de siempre.

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