EL DISFRUTE DE MI AMIGO INVENCIBLE

No somos tan fancy aunque estemos en el Coliseo

¿Por qué tan elegante Homero? toca Mi Amigo Invencible en el Teatro Coliseo. El venue no es de los lugares que estamos acostumbrados a frecuentar los que solemos andar de show en show, los teatros están volviendo a ser cuna de más conciertos, saliendo de su oferta abocada a obras teatrales. El cartel luminoso de la puerta anunciaba a los mendocinos y al ingresar todo se veía de un blanco inmaculado, que solo se cortaba por la pared en color madera como marco de entrada a la sala. Una vez dentro de ella, el color rojo proveniente de las butacas acolchonadas lo inundaban todo, mientras los acomodadores vestidos de traje indicaban las ubicaciones. Uno de los primeros detalles distintivos que se notaba aún con el escenario vacío, era la presencia de dos baterías, lo que da cuenta de la importancia de la percusión en el proyecto.

El príncipe necesita libertad para tirar sus pasos

Mientras se empezaban a esbozar los primeros acordes de ‘Todo Pasará’, las luces naranjas que provenían del fondo y se desplegaban desde el piso hacia arriba hacían que los integrantes fueran siluetas negras esperando volverse a color. Leonardo Gudiño se veía amplificado con la batería en una sombra al costado derecho del escenario y los demás músicos jugaban a ser un poco invisibles. “Si tenés aguante, deberías animarte. Si tenés estilo, deberías relajarte” expresan las primeras líneas de ‘Nadie en la Casa’ en la voz de Nicolás Voloschin (quien es también guitarrista de la banda), dándonos la bienvenida e invitándonos a disfrutar. ‘Fósil’ era lo que seguía con ambas baterías marcando el ritmo a cargo de Leo y Arturo Marti, seguida por ‘Temblor’ saliendo de Dutsiland (2019) para darle paso a un tema de su EP Ciencias Naturales (2018). 

‘Batalla Gigante’ es una joya instrumentalmente hablando que cuenta con sonidos como de nave espacial y el teclado futurista de Pablo Di Nardo, acompañados por luces rojas. El comienzo está signado por la batería que es luego cooptado por los dedos en el bajo de Lucila Pivetta, ambos nos van sumergiendo en un trance donde el cuerpo empieza a moverse solo: “Qué ganas de bailar”, expresaban desde alguna butaca lejana, parándose a hacer lo dicho. Los sonidos envolventes que quedan sonando entre las canciones y sirven de puente para lo que sigue, están siempre presentes haciendo que en muy pocos momentos el escenario quede en silencio. Desde que se desató la pandemia no es común ver un show en un lugar cerrado y hay que decir que la acústica es totalmente diferente, donde nada se escapa. Proyectos como los de MAI se lucen más de esta forma, sumando el plus de que podemos contar con el aforo completo en la sala, sin lugares vacíos entre los asistentes.

Ritual para no olvidarse de disfrutar y de que la diversión nunca puede faltar

El frontman Mariano Di Cesare nunca dejó de moverse, paseándose por todo el lugar. Su guitarra corrió la misma suerte, siendo retirada y colocada casi en cada canción, es que el príncipe necesita libertad para tirar sus pasos en su amplío pantalón de vestir color marrón. La imagen que quedaba era él con la cabeza agachada, las rodillas juntas y tocando la guitarra desaforadamente, torciéndose por todo el escenario; una especie de reversión de la tapa de London Calling (1979) de The Clash, sin llegar a romperla.

Conforme el setlist iba avanzando las luces iban aumentando su caudal, ritmo y frecuencia

‘Nuestra Noche’ contó con Esmeralda Escalante (Ainda Duo) como primera invitada sumando su voz. En ese momento una lata de cerveza llega rodando hasta mis pies, una que alguien debió esconder para entrar ya que no había venta de bebidas en el teatro, no somos tan fancy. ‘Suavemente Entusiasmado’ llegaba con ritmo más pop y a su término, se levantó el telón que cubría el fondo dejando al descubierto el detrás de escena. Los integrantes le dieron play a una canción medio payasesca y se pusieron a bailar bajo luces color fucsia. Fue una especie de ritual para no olvidarse de disfrutar y de que la diversión nunca puede faltar, aunque estén bajo los ojos de cientos de personas. Quedaron en escena solo Pablo con su teclado y Nicolás con guitarra acústica, para acompañar a la siguiente invitada en una especie de intervalo en el show. Anyi, también mendocina, interpretó ‘Quizás el Fuego Ayude’ y luego, ya con toda la banda, Goyo Degano (Bandalos Chinos) sumó su aporte a ‘Desayuno Continental’, sampleada con el clásico de Charly García ‘Estoy Verde’.

Lo que seguía era ‘Días de Campos Minados’ donde Mariano trajo un bombo más para interpretar esta cumbita, como si dos baterías no fueran suficientes. La cortina de fondo volvió a bajar y el concierto comenzaba a llegar a su fin. ‘Jardín Secreto’ nos dejó a oscuras: ¿Quién me ayudará a limpiar el derrumbe que dejó la topadora?” expresaba la letra que podíamos apreciar más mientras flotaba en el teatro sin luces. El esfuerzo por hacer del show no solo un espectáculo musical sino también visual, fue notable. De forma escalonada y conforme el setlist iba avanzando las luces iban aumentando su caudal, ritmo y frecuencia. Pasaron de tener solo luces desde el suelo a sumar líneas superiores, primero a cuenta gotas, que se encendían como botones, para luego terminar encendiendo las de los costados y también las que iluminan al público. La magia estuvo a cargo de los iluminadores Patricio Tejedor y Martin Fernández Paponi, donde no se notó la ausencia de pantallas.

Sobre el final, volvieron a escena los invitados para hacer un mash up de ‘El Fantasma de Canterville’ de Sui Generis y ‘¿Por qué?’ de Eduardo Mateo. Para concluir: ‘Noches de Ciencia Ficción’ y ‘Freelance’, en una velada que contó con una larga lista de temas y el disfrute estuvo a flor de piel.  

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