DESARMANDO EL ROMPECABEZAS MUSICAL: DISCOGRÁFICAS II

Polémicas en la caída de la industria

En la primera parte de esta nota recorrimos la historia de la industria discográfica, llegando a finales de los ’80 con el nacimiento de los CDs. Retomando desde ese punto, en los ’90 los discos crecieron en ventas reemplazando las colecciones en vinilos y cassettes por este nuevo formato. Estas compañías se volvieron muy valiosas y se realizaron grandes inversiones en el terreno. Para entender el manejo de estas empresas con los artistas, cabe aclarar un importante primer punto: los sellos tienen el derecho sobre las grabaciones por las que pagan regalías a los artistas y negocian con los demás actores que quieran utilizarlas, justificados por los riesgos financieros que toman al apoyar económicamente a los intérpretes.

Esto trajo complicaciones en nuestro país en relación al sello nacional Music Hall, fundado en los 50, que albergó a los principales exponentes del tango y del folclore (Anibal Troilo, Carlos Di Sarli y Roberto Galarza), extendiéndose luego al rock nacional y el pop (Serú Giran, León Gieco y Ruben Rada).. A pesar del éxito durante más de tres décadas, los vaivenes económicos del país y las malas decisiones al interior de la compañía la llevaron a su quiebra y cierre en 1994. Esto tuvo como consecuencia que el repertorio nacional de más de 1500 placas de todos los géneros quedara paralizado dentro del proceso de quiebra. Fue recién en el año 2015 que el recién creado INAMU (Instituto Nacional de la Música) recuperó el material y además se les otorgó las licencias a los músicos para poder reeditarlos con libertad.

En 1999 Napster reventó la burbuja de la venta de discos

Uno de los primeros en cuestionar abiertamente las potestades de las discográficas fue Prince, quien quería lanzar su música cada vez que sentía que era el momento adecuado. Esta periodicidad que planteaba era mucho más frecuente que los planes que tenía su sello, Warner Bros Records, lo que tenía que ver con los tiempos de comercialización de cada material que no pueden superponerse. Al no obtener lo que buscaba, se cambió su propio nombre adoptando un símbolo impronunciable que apareció por primera vez en el Love Symbol Album (1992) —tomando esta forma en sus icónicas guitarras—, esperando erróneamente que su contrato no fuera ejecutable si ya no era más nombrado como Prince. En 1994 comenzó a escribir la palabra «esclavo» en su rostro en cada show para mostrar su descontento con la industria, ya que el contrato siguió su curso. Luego de que estos acuerdos finalizaron pasó por varias discográficas hasta crear su propio sello llamado NPG y fue uno de los pioneros en vender álbumes directamente a los fanáticos en Internet.

 

En 1999, Napster reventó la burbuja de la venta de discos. Se trató del primer software en red P2P creado para compartir y descargar archivos de audio de forma gratuita en formato MP3, con la ventaja de que ya existían programas como Winamp (1997) para reproducirlos en las computadoras. Pero esto le costó varios conflictos a la plataforma, comenzando cuando Metallica los demandó porque estaba disponible la canción ‘I Disappear’, que no había sido lanzada oficialmente. Se calcula que había sido descargada por 333.435 usuarios y llegó a las radios principales sin el consentimiento de la banda. Como resultado de estos procesos judiciales y de las acusaciones de piratería tanto de artistas como de la RIAA (Recording Industry Association of America) terminó en bancarrota en 2002. Ares fue su sucesor, lanzado tras el cierre de Napster, con gran éxito especialmente en los países hispanohablantes. Presentó una versión mejorada ya que permitía descargar no solo audio sino también vídeos e imágenes.

Como un escalón más, en 2003 nace ITunes como una alternativa paga a través de las tiendas de Apple que permitían al usuario adquirir canciones y transferirlas fácilmente a su dispositivo iPod. Esto marcó un hito ya que fue un reemplazo para los discman, dándole paso a los reproductores de MP3 donde la música volvía a ser portátil (recordemos que los smartphones con memoria suficiente para almacenar muchas canciones no llegarían hasta la década del 2010). Como última parada del recorrido, Spotify en 2008 se presentó como una alternativa superadora al incorporar un servicio de streaming para escuchar su amplio catálogo sin tener que realizar descargas. Además, contó con el aval de la industria, ya que fue el primero en negociar licencias con todas las disqueras principales e independientes.

A pesar de que la venta de ejemplares físicos estaba en declive, en los primeros años de transición las discográficas seguían teniendo el poder de publicidad y difusión a gran escala de los artistas, por lo que aún hoy vemos vestigios de acuerdos que eran desventajosos para los músicos. Este fue el caso de Taylor Swift, quien firmó contrato con el sello Big Machine Records en 2006 donde editó sus primeros seis álbumes. El conflicto se suscitó tras la venta a Scooter Braun y Scott Borchetta en 2019, haciéndose con los derechos de sus canciones por un valor de 300 millones de dólares. En un comunicado en sus redes Taylor puso de manifiesto que estos nuevos dueños no le permitían temas de esos discos en vivo ni utilizarlas en formatos audiovisuales. Esto la privaba de realizar un merecido repaso por su carrera en su presentación de los American Music Awards (2019), donde la reconocían como la ‘Artista de la Década’, y mencionar estos conflictos en el documental biográfico de Netflix Miss Americana (2020). Dada la repercusión de estas declaraciones, finalmente se le concedió la posibilidad de repasar su carrera en los AMAs, pero en el documental no se hace mención de estas disputas con su sello. El contrato que firmó en los comienzos de su carrera no mencionaba la imposibilidad de realizar nuevas versiones ya que el Big Machine es dueño de las grabaciones, pero no de sus líricas. De esta manera puede recuperar la potestad sobre su material al reegrabarlo y volver a llevarlo a los escenarios, lo que ya comenzó lanzando Fearless (Taylor´s Version) este año.

Otro de los casos recientes es el de Paulo Londra, quien a partir de su gran éxito a tan solo 10 meses de su debut, viajó a Colombia para trabajar con el productor Ovy On The Drums lanzando el abrumador éxito ‘Condenado Para El Millón’. A partir de ahí siguió escalando con grandes colaboraciones con artistas como Becky G, Lenny Tavares y Piso 21. En mayo del 2020 Paulo emitió un comunicado donde expone el conflicto con Big Ligas, el sello que Londra fundó junto a Ovy y Kristo. En su anunció expone que fue engañado para firmar un contrato que lo perjudicaba sin un letrado a su lado y sin poder analizarlo. Tiempo después insistieron en que aceptara realizar el álbum Homerun (2019) con Warner Music, ya que si se negaba podía verse perjudicado y tener graves consecuencias económicas. Además, denuncia que se atribuyeron una falsa autoría en algunas de sus canciones, ganancias, regalías indebidas y cerraron tratos con marcas sin su consentimiento (potestades poco claras en la letra del memorándum). Del proceso judicial (podés ver un completo análisis acá) se desprende que los productores reclaman el incumplimiento contractual y montos millonarios por las pérdidas de ganancias y daños ocasionados. Esto basado en que el artista continuó con la dinámica de trabajo con Big Ligas con buena predisposición, lo que está bien probado dentro de los documentos presentados. Por su parte, Paulo pide que se tenga por rescindido el contrato ya que hubo fraude en la firma, el artista debe probar su punto para no perder la contienda y sufrir consecuencias similares a las de Taylor.

 

Como resultado de todos estos cambios, la industria discográfica debió virar el eje de la grabación y venta de discos en formato físico, pasando a dedicarse mucho más al marketing y distribución en distintas plataformas. Hoy son tres las compañías principales: Sony Music Entertainment, Universal Music Group y Warner Music Group, que a su vez han sumado dentro de su línea a otras grandes firmas formando así grandes conglomerados. Otra de las innovaciones fueron los contratos 36, bajo los cuales los sellos reciben ingresos de una variedad de actividades musicales más allá de la venta de grabaciones. Las fuentes van desde la comercialización, venta de entradas, sitio de fans y patrocinio hasta la publicación y marketing. EMI firmó el primer trato de estas características con Robbie Williams en 2002, a lo que luego se sumó el promotor de shows Live Nation logrando este tipo de acuerdos con figuras como Madonna

Por último, otra de las alternativas es el camino de la autogestión con un sello under, como el caso de Goza Records, dedicado a editar proyectos de mujeres creado por Barbi Recanati. O se puede optar por grabar de forma casera sin contar con más infraestructura que una computadora y reemplazando el marketing por las redes sociales. Esto crea nuevas alternativas a la hora de grabar, pero las tradicionales siguen existiendo. De sentirse animados por la idea de firmar un contrato discográfico luego de estas historias solo tengan en cuenta leer la letra chica

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