DESARMANDO EL ROMPECABEZAS MUSICAL: VESTUARIO

Descubrí qué se esconde detrás de cada prenda. En esta ocasión, analizamos los mejores outfits del período 1960-1980

Los melómanos amamos esos pequeños detalles detrás de las obras terminadas de nuestras bandas y artistas favoritos. La historia escondida de un gran outfit, de un disco terminado y el backstage de los shows en vivo. En esta nueva columna de SPE, pondremos la lupa en los recovecos menos conocidos de la industria musical, revalorizando a los personajes indispensables (y muchas veces invisibles) para que todo funcione correctamente.

En esta primera entrega, analizaremos la importancia del vestuario de los artistas que a lo largo de los años se han convertido en grandes referentes estéticos, inspirando a importantes diseñadores e imponiendo tendencias mundiales. En consecuencia, su impacto en lo cotidiano definió distintas «tribus urbanas» con sus característicos colores, estampados y diseños.

La coyuntura política y social han tenido siempre una conexión con el arte, manifestarse sobre ellos a través de sus disciplinas. Este fue el caso de figuras como Janis Joplin y The  Beatles, emblemas del movimiento hippie que tomó fuerza en San Francisco durante los ‘60 en respuesta a la violencia estatal en la segregación racial y la guerra de Vietnam. Con sus largas túnicas, pantalones oxford, collares y estampados psicodélicos crearon un estilo aún sin buscarlo, contrastando así con la rigidez de los uniformes de las fuerzas militares. La corriente antibélica de la época y su conexión con la música se replicaba en Argentina ante un panorama conflictivo a causa de los gobiernos de facto y la posterior guerra de Malvinas. Grupos como Serú Girán, Los Gatos y Manal expresaban aquel mensaje de resistencia de sus letras también en su «desfachatez», así considerada en esos años, para apartarse y diferenciarse de aquellos que hacían añicos la libertad y las vidas de miles en nuestro país.

En los ‘70, los nuevos discursos de género empezaron a cobrar fuerza y la androginia se imponía dándole una identidad a personas que no encajaban en el binarismo establecido. David Bowie fue uno de los exponentes de esta corriente, creando un aspecto camaleónico que pasaba de los looks más sobrios a los extravagantes y originales como el vestido que usó en la portada de The Man Who Sold The World (1975). Elton John se volvió un emblema de la estética glam rock, vistiendo prendas características del drag underground, como las lentejuelas y el animal print, visibilizando un poco más a las expresiones artísticas del colectivo LGBTIQA+. Al mismo tiempo, Grace Jones escandalizaba a los sectores más conservadores por alejarse del estereotipo de belleza femenina. Sus outfits craneados y armados en conjunto con los diseñadores Jean-Paul Goude y Philip Treacy, favorito de la realeza inglesa por sus tocados y sombreros.

“Siempre fue un denominador común buscar que el lenguaje musical se encuentre con el de la vestimenta”

 

El empoderamiento femenino se reflejó dejando atrás la imagen de sumisión y los atuendos más tradicionales con la segunda ola feminista, la cual buscaba reparar las desigualdades de la mujer reivindicando la sexualidad más allá de los fines reproductivos, derechos laborales y la salida del ámbito doméstico. Cher vestida por el reconocido diseñador Bob Mackielucía trajes audaces que la llevaron a ser censurada tras dejar al descubierto su ombligo, convirtiéndose en la primera mujer en mostrar su abdomen en la televisión estadounidense. Años más tarde, Madonna logró convertir sus conjuntos en un legado, caracterizándose por su postura provocativa y sensual, en colaboración con diseñadores de la talla de Jean Paul Gaultier, creador del emblemático corsé cónico. Su indumentaria hizo temblar los cimientos del Vaticano con el videoclip de ‘Like a Prayer’, envuelta en llamas y erotismo en una iglesia. También uso imágenes del papa Juan Pablo II en el Blonde Ambition Tour (1990) y convirtió el uso de crucifijos en una marca personal. A nivel local, Viuda e Hijas del Roque Enroll imponían la música pop con un estilo psicodélico y futurista. Su nuevo look colorido se hacía lugar en medio de la movida rockera ya instalada lo que les costó enemistarse con su productora del momento al no avalar sus extravagancias— y empezaron a colocar a los grupos de mujeres en el foco de atención.

 

 “La escena local comenzó a dar sus primeros pasos con la tienda Mme Frou Frou y la galería Bond Street”

 

En nuestro país, los artistas se armaban de artículos prestados, ferias americanas y compras en tiendas famosas del exterior como Biba, cuyas prendas vistieron a bandas como Queen en sus orígenes. Los primeros pasos para dar lugar al vestuario como un elemento clave se dieron con la tienda Madame Frou Frou de la remarcable Rosa Bailón y los locales de la galería Bond Street. A ellos se sumaron las tiendas Mambo y Limbo, cuyo dueño fue Federico Moura y llevó esas novedosas prendas a Virus con la colaboración de la vestuarista Adriana San Román, presente también en la etapa solista de Charly Garcia. Soda Stereo fue otra de las bandas pioneras en sumar un vestuarista a su equipo, incorporando a Alejandra Boquete

Buscar que el lenguaje musical se encuentre con el de la vestimenta que mejor lo pueda representar es una inquietud que se presentó siempre a lo largo de los años. De una u otra forma, los artistas causaron impacto aún sin quererlo o cuando no estuviesen de acuerdo con lo que la industria de la moda representa. Es que, si lo pensamos bien, su influencia está en todas partes. Su imagen deja de ser propia para convertirse en la expresión de muchos alrededor de todo el mundo.

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