CELEBRANDO DOS DÉCADAS DE KID A

El ingenio de una banda que supo convertir cenizas en oro Hasta 1997, los oyentes de Radiohead estaban acostumbrados a los sonidos de guitarras y […]

El ingenio de una banda que supo convertir cenizas en oro

Hasta 1997, los oyentes de Radiohead estaban acostumbrados a los sonidos de guitarras y a todos los componentes que hacen a una banda de rock magistral. Sin embargo en Kid A (2000) el grupo oriundo de Oxfordshire se rebela con un sonido electrónico y ambiental, acompañado de un ritmo predominantemente libre y dándole la bienvenida a un nuevo siglo. La elección de un título ambiguo tampoco es azarosa: evitaron darle un concepto dogmático para que pudiera ser una pieza artística de libre interpretación. Sin singles ni videoclips que adelantaran este nuevo proyecto, los ingleses sorprendieron a su audiencia con un nuevo paisaje. Hoy se cumplen veinte años del renacimiento que significó el disco.

 

“YORKE TENÍA CLARO QUE NO QUERÍA UN SONIDO MELÓDICO SINO RÍTMICO”

 

El nuevo milenio no fue la única causa de esta metamorfosis: en su documental Meeting People is Easy (1998), Thom Yorke cuenta que tras el estrés que le provocó la gira de OK Computer (1997) desarrolló un recelo hacia los medios. Esto lo llevó a él y a sus pares a sufrir un colapso mental y un bloqueo creativo; de pronto su arte no sonaba como ellos. En una entrevista con The Guardian, el cantante admite haberse enfermado y ser “un completo desastre”. No obstante, logró extraer belleza del caos encontrando resiliencia en lo roto.

En una búsqueda artística cuyo fin desconocían, experimentaron con lo que mejor representaba a los 2000: las computadoras. Lo único que Yorke tenía claro era que quería un sonido más rítmico que melódico. No dejarían de hacer rock, claro, pero sí saldrían de lo tradicional. Por lo tanto, dejaron parcialmente de lado los instrumentos y lentamente comenzaron a amigarse con esta nueva tecnología que les era ajena, lo que implicaba un descubrimiento de nuevos matices para la renovada paleta de Radiohead. En una entrevista con Dave Fanning, cuenta Ed O’Brien que uno de sus representantes estaba esperando guitarras en la primera canción del disco, y no apreciarlas hasta el cuarto track lo tenía “transpirando”. De esta manera, el protagonismo de la guitarra, la batería y el bajo se verían reemplazados por sintetizadores.

‘Everything in its Right Place’, el tema con el que empieza el álbum y el primero que escribió Yorke para el mismo, fue tan solo el comienzo de un viaje de ida hacia un nuevo universo sonoro y, especialmente, lírico. Trazos de este estilo musical se encuentran en el disco que le precede, Amnesiac (2001). De hecho, ambos trabajos de estudio fueron grabados de corrido.

Haciendo la vista gorda, las letras no nos dicen nada especial. Pero una vez que conocemos su trasfondo entendemos que hay un significado más allá de “¿Dónde estacionaste tu auto? La ropa está en el césped con los muebles”, lo que nos permite apreciar de otra manera a esta obra y a sus autores. Particularmente, en ‘How to Disappear Completely’, Yorke se dice a sí mismo “No estoy aquí, esto no está pasando” repetidas veces, aludiendo a los momentos en el escenario del tour de OK Computer, ya que él mismo se ha definido como un introvertido.

A lo largo del proyecto se desarrolla un tratamiento «oscuro» y poco recurrente en la música popular, explorando las aguas más profundas de las emociones humanas. No es casualidad que el trabajo haya sido lanzado en el otoño septentrional, estación que nos vuelve a todos un poco melancólicos. Sin miedo a desnudar su alma, Yorke apela a dispositivos narrativos intrépidos que nos obligan a sumergirnos en su imaginario creativo. Lo remarcable de esta obra es que no busca guiarnos hacia un camino, sino que nosotros seamos capaces de crear el nuestro a partir de la apertura de sus recursos sonoros y literarios.

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