MI AMIGO INVENCIBLE: EL REMEDIO PARA LA MELANCOLÍA

Los mendocinos celebraron su año con un show de bailes tímidos y cantos vehementes.

El 2019 fue especial para Mi Amigo Invencible, ya que contaron con la responsabilidad de tener sobre sus espaldas el lanzamiento de uno de los discos más esperados del año, Dutsiland (2019). A su vez, se le sumó la partida del cantante y compositor Mariano Castro, miembro fundador de la banda, meses después de la presentación del disco.

Con la excusa de cerrar un año particular, Mi Amigo Invencible visitaba Niceto Club, donde  Monotoro fue la banda encargada de movilizar a los concurrentes más puntuales. El grupo lució un rock alternativo por momentos cancionero, por momentos experimental, con un lucimiento de sus instrumentos de vientos.

‘El Cóndor’ fue el tema elegido por el sexteto mendocino para abrir su último show del año, una declaración de principios y orígenes, reivindicando (como hacen siempre que pueden) su pertenencia y amor hacia su ciudad natal y primeros sonidos. ‘Nadie en la Casa’ y ‘Colmillos’ hicieron entrar en calor a los músicos sobre el escenario, quienes se veían más sueltos y confiados a medida que el show avanzaba. Mientras, el público iba perdiendo timidez y comenzaba a cantar cada canción con más pasión.

El setlist fue navegando por la prolífica obra de los Invencibles, con joyas del nuevo disco (‘Fósil’, ‘Loco Trópico’ y ‘Beverly Hills’) y clásicos de tiempos pasados (‘Temblor’ y ‘Los Lobos’), todo en el marco de una textura sonora más introspectiva que melódica. Es notable el rol protagónico de los teclados de Pablo Di Nardo, con sus sintetizadores que navegan entre la ambientación y la melodía, y el sonido del trío rítmico de la banda. Juan Pablo Quatrini en bajo, Arturo Martín en batería y Leonardo Gudiño en percusiones hicieron mover las cabezas de una tímida audiencia que, si bien aún no se animaba a despegar los pies del piso, tenía su mente volando en la sintonía Invencible.

Sin embargo, no faltaba demasiado para que el público se vuelva corporalmente más elocuente: solo hicieron falta escuchar los primeros acordes de ese himno a la melancolía que es ‘Entre los Cuerpos’ para que la audiencia comenzara a cantar con mayor vehemencia. “La única fuerza que me guía es la oscuridad”, cantaba Mariano Di Cesare, para luego tomar ese oscuro ímpetu y darlo todo sobre la percusión de ‘Días de Campos Minados’ mientras acompañaba el canto del guitarrista Nicolás Voloschin.

El recital ya había superado su primera mitad y la energía en el ambiente era palpable. Mi Amigo Invencible fue construyendo un clima que conjugaba a la perfección intimidad y potencia. En ese pequeño gran gesto de otorgarle a los espectadores una experiencia única, distinta a la escucha del disco, los músicos se lucieron haciéndole pequeños cambios a los arreglos de los temas.

Hasta ese momento poco conversativo, Di Cesare advertía a la audiencia que estaban un poco cansados, (¿quizás haciendo alusión al tema que continuaba?), pero asegurando que se sentían felices. ‘Desayuno Continental’ comenzó a sonar, narrando un edén introspectivo y sonoro en el que verdaderamente se podía ver a la banda ser feliz sobre el escenario. Martin y Gudiño sacudían las percusiones intercambiando miradas cómplices, Voloschín hacía hablar a su guitarra y caer su gorra con sus movimientos, y Quatrini bailaba de la única forma posible que hay: cómo si no hubiera nadie viéndolo, con la música a todo lo que da, deshinibido y radiante.

 

“‘Máquina del Tiempo’, con sus guitarras ambientales, sus coros intimistas y su letra, daba lugar al punto más excitante de la noche”

 

A continuación, la talentosa Esmeralda Escalante, una de las mitades de Ainda Dúo, se subía al escenario y nos invitaba a formar parte de ‘Nuestra Noche’, esa joyita reflexiva en la que los Invencibles comenzaban a darle cierre a la «Trilogía de la Nostalgia». Luciéndose, con Di Cesare a su lado, brindaban uno de los puntos fuertes del show, otorgando la calma necesaria para lo que vendría a continuación.

“Vamos a hacer una medio punky, así que si quieren hacer un poquito de pogo, aunque sea tres personas…”, advertía y solicitaba Mariano, al tiempo que interpretaba la inconfundible intro de ‘Edmundo Año Cero’, aludiendo a la ‘Alemania Año Cero’ y su protagonista Edmund, de Roberto Rossellini. El público respondió al pedido: las ganas de saltar y empujarse unos a otros fueron expuestas mientras el cantante modificaba la letra a los tiempos inclusivos que corren: “¡hombre caminando, mujer caminando, gente caminando!”.

Ya en un clima de conexión casi espiritual entre público y músicos, comenzaba a sonar el «Himno Invencible»: ‘Máquina del Tiempo’, con sus guitarras ambientales, sus coros intimistas y su letra perfecta daba lugar al punto más excitante de la noche. Luego del primer verso, Di Cesare bajaba del escenario y caminaba entre la audiencia, cantándole al público como si fuese un amigo que te cuenta sus problemas, haciendo una catarsis musical, con abrazo incluido por parte de un fanático conmovido. ‘La Danza de los Principiantes’ continuaba para contarnos “la historia del gran cantor”, y reafirmando su característica de disco clave en la última década argentina.

La tierna y romántica ‘Quizás el Fuego Ayude’, interpretada a solas por Voloschín con su guitarra, funcionó como suerte de encore para el resto de la banda. Una vez finalizada, la banda se sumó junto a Ximena Niederhauser en coros para darle el cierre formal a la noche con ‘Batalla Gigante’. En la misma, Mi Amigo Invencible demostraba su capacidad de estar al tanto de las circunstancias políticas actuales en nuestra región: con un intermedio semi atonal, aludiendo a conceptos, palabras y personajes sueltos, daba a entender su posición con respecto al golpe de estado en Bolivia. Una vez concluida la faceta política, daban cierre con esa magnífica coda grupal y bailable que es el “¡Vamos a donde sea pero vamos!”.

Antes de darle conclusión a la velada, un agradecido Di Cesare dedicaba el show a su amigo y hermano de banda, Mariano Castro, ex cantante de la agrupación mendocina, deseándole lo mejor para él, mientras el público se envolvía en un emotivo aplauso. En un homenaje improvisado, decidieron interpretar la última composición de Castro para la banda: ‘No me Hables’ tuvo el rol de finalizar una noche donde Mi Amigo Invencible, otra vez, “incendió algo para no apagarlo más”. Ojalá nunca dejen de hacerlo.

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