MEDIO SIGLO ATRÁS: EL AUGE DEL ROCK

Chicos y chicas quieren rock…

¿Te acordás cuando empezaste a escuchar rock? Seguro te hablaban sobre bandas como Led Zeppelin, The Beatles, Deep Purple… y estoy convencido de que dentro de esos primeros nombres, por lo menos estaban dos de los tres grupos de los que vamos a hablar hoy. En esta nueva columna de Medio Siglo Atrás es el momento de incursionar en tres clásicos que de maneras diferentes marcaron el género. 

The Rolling Stones – Sticky Fingers

Rock y The Rolling Stones son dos cosas que van de la mano, y fue en 1971 que estrenaron lo que muchos llaman su mejor disco, Sticky Fingers, pero es importante comprender que atravesaban uno de sus momentos más difíciles. 

En primer lugar, vale destacar que desde 1964 lanzaban por lo menos un LP al año, con numerosos conciertos y festivales en el medio,  pero 1970 pasó en silencio en términos de álbumes de estudio. Esto tiene una fuerte relación con dos tragedias ocurridas en 1969, en primer lugar, el fallecimiento de Brian Jones. A pesar de haber dejado la banda recientemente, la muerte de un amigo y miembro fundador indudablemente impactó dentro del grupo. La otra desgracia fue el asesinato de Meredith Hunter por los Hell’s Angels durante uno de sus conciertos. En medio de un clima tan tenso, tenemos que sumar una pelea con la discográfica Decca, la cual abandonarían con la idea de publicar por su cuenta; este sería el primer lanzamiento de su sello. 

Todas las angustias, enojos y alegrías son transmitidas directamente a la música, dando como resultado algo único con lo que vas a conectar si le das lugar. Presta atención a la maravillosa dupla de guitarras entre Keith Richards y Mick Taylor, quienes encuentran el verdadero sonido «stone» en clásicos como ‘Brown Sugar’, ‘Sway’ y ‘Bitch’. Las letras son las más polémicas de la banda, con referencias a la heroína, la depresión y la esclavitud; descargaron toda esa energía negativa en este trabajo prácticamente catartico.

Como dato curioso, la portada fue diseñada por Andy Warhol, quien también creó el famoso logo de la lengua.

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Black Sabbath – Master of Reality

Es fascinante pensar como en dos discos, Paranoid (1970) y Master of Reality (1971), Black Sabbath puso la piedra basal para el metal en los siguientes 50 años, e incluso, estos serían el modelo a seguir para corrientes enteras, como el stoner y doom metal. ¿Pero qué hace de ellos algo tan diferente a sus contemporáneos?

En primer lugar, el ambiente oscuro y denso que transmiten, pero esto tiene una justificación. El guitarrista Tony Iommi había perdido la punta de dos de sus dedos hace unos años, razón por la cual creó unas puntas de plástico que se colocaba para seguir tocando, pero para esto debía aflojar las cuerdas de su guitarra. Como consecuencia, el tono más bajo le daba una sonoridad muy característica, lo cual tomó más forma en este LP, donde se bajó aún más (y el bajo de Geezer Butler también se puso a tono). 

Un álbum fascinante de comienzo a fin, con riffs brillantes y Ozzy Osbourne en su mejor momento; pero todos estos conceptos se van a esclarecer una vez de que pongas ‘Into the Void’ a todo volúmen. Si no fuese por estos brillantes 35 minutos, la música habría sido muy diferente.

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The Who – Who’s Next

Existen casos donde artistas brillan en sus discos pero no en los escenarios, y hay otros donde no son capaces de captar su fuerte presencia en el ambiente cerrado de un estudio. Para muchos, The Who entra en esa última categoría, ya que a pesar de ser uno de los grupos más reconocidos, no tienen varios trabajos universalmente aclamados.

Más allá de componer una de las primeras rock opera de todos los tiempos (Tommy (1969)), la mayoría de sus proyectos no suelen posicionarse al mismo nivel que los de Pink Floyd, The Doors o la Jimi Hendrix Experience. Esto se torna curioso al momento de escuchar grabaciones en vivo, ya que uno podría contar con una mano la cantidad de bandas que sonaban mejor en concierto. Pero ellos estaban al tanto de esta situación, por lo que dejaron todo en este registro tan variado.

Desde una introducción épica con ‘Baba O’Riley’, pasando por hermosas baladas (‘Getting in Tune’ y ‘Behind Blue Eyes’), canciones de puro rock (‘My Wife’ y ‘Love Ain’t for Keeping’) y una de las mejores conclusiones, la inmejorable ‘Won’t Get Fooled Again’. Un LP que rectifica su estatus en los grandes nombres en la historia de la música. 

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