WHIPLASH: ENTRE LA PASIÓN Y LA OBSESIÓN

¿Cuánto estamos dispuestos a sacrificar en pos de un sueño?

Dirigida por el joven Damien Chazelle —creador de películas como La La Land (2016) y First Man (2018)— y nominada al premio Oscar como mejor película, Whiplash (2014) nos trae un retrato un tanto enfermizo del estudio de la música.

Su protagonista, Andrew Neiman (Miles Teller), es un joven de 19 años que comienza sus estudios en un renombrado conservatorio de New York. Abocado a ser recordado como el mejor baterista de jazz de su tiempo, ve su chance cuando es convocado a formar parte de la orquesta de estudio dirigida por el prestigioso profesor Terence Fletcher. Este último es interpretado por J.K. Simmons, ganador de un Oscar y un Globo de Oro a mejor actor de reparto por su papel en esta película.

“No hay dos palabras más dañinas que buen trabajo”

Su método es algo así como la disciplina de la angustia: se es mejor en tanto más seas exigido. «No estaba ahí para dirigir, cualquier idiota puede mover los brazos y mantener un tempo. Estaba ahí para empujar a la gente más allá de lo esperado», comentaba Fletcher sobre su trabajo.

Su autoridad llega de forma negativa a sus alumnos, que le tienen tanto temor que no se animan ni a mirarlo a los ojos. «No hay dos palabras más dañinas que buen trabajo» podría resumir muy bien su filosofía. La imagen intimidante de las clases de esta orquesta nos hace un poco de ruido a los que vemos a la música como un disfrute, un refugio, un lugar seguro. Acá, todo se diluye en la premisa de ser el mejor sin importar el costo, potenciando la competitividad entre compañeros que caracteriza a este conservatorio.

“Whiplash ilustra cómo se pierde la cabeza por una pasión, con los amigos, la familia y los amores convirtiéndose en obstáculos”

Andrew confía en que el camino de la exigencia extrema de su profesor, que por momentos se torna violenta, lo ayudará a convertirse en el músico que quiere ser. Aún así, la tensión y cansancio se transmiten en cada ensayo de madrugada, en los que mirar los posters de sus ídolos parece darle la energía necesaria. La película nos va ilustrando cómo se puede perder la cabeza por una pasión: colchón en el suelo y cepillo de dientes en la sala de ensayo, jarras llenas de hielo, cajas de curitas y muchas lágrimas. Un escenario donde los amigos, la familia y los amores se convierten en molestias y obstáculos para el fin deseado. El protagonista pierde su mente en el tintineo de los platillos y en el retumbar del bombo, lo cual deriva en situaciones límites que no logran tirar abajo su convicción.

Luces tenues, primeros planos y solos de batería interminables describen la mística alrededor de un film que se torna atrapante y desesperante en cada acorde. Whiplash deja al descubierto qué tan enfermizas pueden ser las relaciones entre maestros y alumnos con sed de éxito, acorralándonos en los extremos una y otra vez. Sobresaltos entre convicción, odio y frustración… ¿Lograrán ser el caldo de cultivo del baterista de la historia? Averigualo en esta obra maestra que te deja retumbando las entrañas.

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