VUELVE THE STROKES CON UNA ODA A LA IDENTIDAD

The New Abnormal: un guiño al pasado con los pies anclados en el presente

Ante la sensación angustiante de que se avecina un cambio de paradigma para el futuro de nuestros días, la certeza de que algunas cosas se mantienen indemnes a pesar del paso del tiempo funciona como un alivio. El consuelo de que no todo puede desvanecerse por completo aparece con la revelación de que la verdadera esencia permanece, no importa cuánto se modifique el entorno, como un eco que (por momentos) retumba más o menos cercano. El nuevo disco de The Strokes nos recuerda que la vida nos enfrenta a escenarios diversos a medida que crecemos: a veces queda en nosotros aferrarnos a nuestra identidad como guía, buscar la entereza para atravesarlos con sabiduría y abrazar la reconstrucción cuando aparece como única alternativa. 

Pero fidelidad al espíritu auténtico no es sinónimo de repetitivo, y eso los neoyorquinos lo entendieron por completo. El primer nuevo material de The Strokes tras cuatro años de silencio no es, en absoluto, un clon perezoso de trabajos anteriores como garantía de éxito —el rechazo a la copia mecanizada queda plasmado (hasta con humor) en el video del segundo adelanto, ‘Bad decisions’—. En The New Abnormal (2020), la mirada hacia el pasado es con los pies bien anclados en el presente. Los años de ‘Meet Me in the Bathroom’ y juventud dorada en sótanos apestados con humo de cigarrillo han quedado atrás, pero con la conciencia de la adultez llega la revelación de que hay una fórmula que aún funciona: la de cinco individualidades distantes que, al fusionarse, se potencian. Cualquier teoría que nos haya llevado a subestimar a quienes se consagraron como los salvadores del rock and roll del nuevo milenio ha quedado desterrada. Cada integrante del grupo tuvo el espacio suficiente para canalizar sus deseos musicales personales antes de encarar el regreso tras siete años sin un álbum de estudio, que no estaría eximido de la presión de los fans y de las exigencias de la industria musical:  Julian Casablancas, Albert Hammond Jr., Fabrizio Moretti, Nick Valensi y Nikolai Fraiture todavía nos convencen con su actuación de banda y su reversión emprolijada. Se podría decir que los caminos paralelos a The Strokes los han ayudado a encontrar algunas de las claves esenciales —o quizás, solo la voluntad— que necesitaban para resurgir tras el confinamiento. Aún así, tras dos décadas, el proyecto conserva una vigencia y solidez inconcebibles para seguir construyendo sobre sus cimientos. “I’m still hungry”, repite Casablancas en ‘Why Are Sunday’s So Depressing”. Todavía quedaba bastante por dar.

“SI HICIÉRAMOS EL INTENTO DE BUSCAR EN THE NEW ABNORMAL UN CONCEPTO, PODRÍAMOS EXPLICARLO COMO UNA MÁQUINA DEL TIEMPO”

 

En la búsqueda del  balance adecuado no debemos pasar por alto el toque de Rick Rubin, el renombrado productor que estuvo detrás del resultado. The New Abnormal es un álbum metódicamente concebido, desde su estética —bajo la dirección creativa de Tina Ibáñez, quien también trabajó en Comedown Machine (2013)— hasta su contenido. Los singles, tan dispares entre sí, sirvieron como advertencia de que cada uno de los nueve tracks merecería atención minuciosa, y funcionaron como antesala para enfrentarse a una atmósfera tan extravagante como la que anuncia la colorida portada (Bird on Money, una obra de 1981 del artista Basquiat). Mientras ‘The Adults Are Talking’, ‘Brooklyn Bridge to Chorus’ y ‘Eternal Summer’ nos inyectan con una buena dosis de energía vital entre ritmos electrónicos, otras canciones como ‘At the Door’ nos envuelven en una tristeza abrumadora que se transforma sobre el final, con los balbuceos de Julian, en una pieza casi mística. La voz suplicante de Casablancas se luce a lo largo de ‘Selfless’, mientras la inconfundible guitarra de Albert interviene tras el estribillo (“Life is too short but I will live for you”) para elevarnos a un nuevo estadío del amor, el cual nos obliga a revisar las concepciones juveniles que, allá por el 2006, nos resultaban convincentes (“My feelings are more important than yours. Drop dead, I don’t care, I won’t worry” cantaba Julian en ‘Razorblade’, de su tercer álbum de estudio First Impressions of Earth). Contra el fondo del abismo emocional chocamos al cierre de la mano de ‘Ode to the Mets’, una de las canciones más brillantes y angustiantes del disco. Guitarras melancólicas soportan una voz decidida que solicita explícita “drums please, Fab”, para agregarle épica a su relato: todos los elementos son necesarios para acompañar una confesión amarga que permanece en el aire aún cuando el álbum ha llegado a su fin.

Si hiciéramos el intento de buscar en The New Abnormal un concepto,  podríamos explicarlo como una máquina del tiempo: mientras los sintetizadores ochentosos impregnan las canciones en dosis balanceadas, el murmullo de estudio que aparece sobre el final de cada tema nos regresa al presente de manera abrupta. Aún con letras cargadas de nostalgia introspectiva, la visión del pasado puede leerse solo desde la óptica de aceptación resignada que nos habilita el presente; y cuando en ciertos pasajes parecería que lo que estamos escuchando se aleja por completo de aquellos primeros discos que los supieron definir, los riffs inconfundibles que sellaron la identidad de la banda aparecen con la seguridad reafirmante que solo garantiza lo conocido. En cada escucha tras el impacto inicial se revela, como en matices, la familiaridad: los instrumentos aún se ensamblan con la precisión milimétrica de un reloj. Si tomamos también las animaciones del corte audiovisual de ‘At the Door’ (el gran equipo que estuvo detrás del trabajo incluyó al estudio argentino 2veinte) y la estética vintage de ‘Bad Decisions’, de pronto el nombre de Future Present Past (2016) cobra un sentido premonitorio como único antecedente en los cuatro años previos a este disco.

“DEMASIADAS PREGUNTAS NOS ATORMENTAN POR ESTOS DÍAS, PERO QUIZÁS NO ESTEMOS PREPARADOS PARA LAS RESPUESTAS”

 

Siguiendo las letras de aquel último EP y el apoyo abierto de la banda al ahora ex candidato presidencial de Estados Unidos, Bernie Sanders, podíamos creer que nos encontraríamos con un disco de manifiesto político: al contrario, Julian Casablancas parece estar más dispuesto que nunca a exponer su lado sentimental con transparencia y honestidad (“Juliet I adore” confiesa sobre su ¿ex? esposa en ‘Brooklyn…’), apoyándose en la versatilidad de su voz para regular el impacto de sus palabras entre falsetes y distorsiones. En esta placa, los aires resignados se acoplan con el nihilismo realista y la introspección convive con la complejidad eterna de los vínculos amorosos (“Old friends, long forgotten: the old ways at the bottom of the ocean now has swallowed the only thing that’s left is us” – ‘Ode to the Mets’). Concebidas desde la óptica cruda de la adultez (“And now the door slams shut. A child prisoner grows up to seek his enemy’s throat cut” – ‘Not the Same Anymore’), en las letras hay algo de esa sabiduría reveladora característica de la escritura subestimada de Casablancas, que parece haberse potenciado con la edad (“The less that I know, the deeper I go. The deeper I get, the less that I know”, expresa filosóficamente en Brooklyn..’).

Si hay algo que ha bendecido a este quinteto desde sus inicios es el buen timing, y este disco estrenado en medio de una pandemia (sin planificarlo) no estaría siendo la excepción. Demasiadas preguntas nos atormentan por estos días, pero quizás no estemos preparados para las respuestas: “Don’t ask me questions that you don’t want the answers to”, advierten en ‘Why Are Sunday’s So Depressing?’. Todo lo que nos sostenía ha revelado su fragilidad inmensa. De pronto, nos abruma la obligación de convivir con nosotros mismos, de pararnos sobre nuestro eje y mirar alrededor. De escucharnos aún en contra de nuestra propia voluntad. En la autorreflexión agobiante nos enfrentamos a nuestros fantasmas: en algún lugar entre la aceptación y el resentimiento, tal vez encontraremos también la revelación, la base inquebrantable que mañana nos permitirá resurgir de las cenizas.

Acá te dejamos la listening party del disco junto a los miembros de la banda.

Por Romina Bedrossian

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