TUTO PETRUZZI: HISTORIAS, POESÍA Y MÍSTICA RUTERA

Si buscabas alguien que te atrape desde el primer track, te presentamos una gran opción

Cambiando lo amargo por miel y la gris ciudad por rosas”, reza ‘Viernes 3 AM’ de Serú Girán. Esos mismos pasos fueron seguidos por Tuto Petruzzi, un artista que se despidió de Buenos Aires para instalarse en el monte cordobés, donde halló la inspiración para componer No Estamos Tan Bien (2020), su último álbum. Curador del ciclo Mocambo Abierto, el cantante es palabra mayor en independencia y autogestión, lo cual entrega sentidos aires de libertad a su música. En conversación con SPE, nos invitó a adentrarnos en las raíces de su sonido y el misticismo que transmite.

Hace un tiempo ya que vivís en Córdoba. ¿Cómo influyó en tu música este cambio?

Tuto Petruzzi: Vivo monte adentro, en el medio de la naturaleza, en una casa de barro autosustentable que construí junto a mucha gente querida de La Molleja Molecular. Esta circunstancia definitivamente repercutió en mi obra porque me llevó a profundizar en los motivos de este cambio de vida y agudizar la mirada. Los momentos de silencio y contemplación son muchísimos. De alguna manera, tanto en la música como en las letras, hubo una radicalización total, un encuentro con mis ideas y concepciones más puras. Antes que buscar el silencio, me fue mucho más fácil tener que buscar el ruido.

Estamos cerca del lanzamiento de tu nuevo álbum No Estamos Tan Bien. Si tuvieras que describir tres elementos que lo caractericen, ¿cuáles serían?

TP: Sin lugar a dudas, el primer elemento sería la espontaneidad. El disco se grabó en cinco días durante la primera semana del año, en Buenos Aires. Los músicos invitados no sabían lo que iban a tocar ni cómo eran las canciones. Les mostraba los temas en la guitarra una vez y los mandaba derecho a grabar. Ese fue un juego muy fructífero, porque quedaron plasmadas las primeras intuiciones de cada músico y su naturaleza salvaje; su frescura se nota en toda la obra. Son gente muy sensible y talentosa. En segundo lugar, la mirada crítica que tiene el disco en cuanto a la vida moderna: la banalidad de mostrar lo bien que se lo está pasando. Son muchos los estímulos instantáneos y la información, pero muy pocas veces estamos conectados con nuestra propia esencia, con cuestiones trascendentales, grandes proezas individuales o colectivas que requieren mucho más tiempo y esfuerzo. Pareciera que se segrega más dopamina mostrando que se está experimentando algo que experimentándolo en sí. Por último, el concepto de autogestión es otra característica. Este material lo grabamos en Mocambo Records, nuestro estudio, con Juanchi Otero (quien tiene una sensibilidad total con el proceso de grabación), junto a artistas que se coparon y vinieron a grabar con los ojos cerrados. Conseguimos micrófonos y fierros de varios lados para obtener el mejor audio posible. Quedamos gratificados y muy contentos con lo que se logró con poco tiempo y recursos. Luego editamos esas tomas «a granel» que le pedí a cada instrumentista, pero el resultado final ya estaba muy aproximado de entrada por su fuerza y naturalidad.

 

“La gente que concurre a Mocambo Abierto se siente parte de algo que está generándose «aquí y ahora»”

 

Adelantaste un single del disco, ‘Cuarentena Blues’, y el título me obliga a preguntarte cómo estás atravesando las limitaciones del contexto al ser un artista autogestivo.

TP: La vengo llevando tranquilo. Cada circunstancia tiene su manera de atravesarla. Pese a que se cancelaron varios shows que tenía, uno intenta no perder la calma componiendo, haciendo streaming, acompañando a la gente desde la pantalla. Creo que los artistas, en momentos como este, tenemos un rol fundamental y es cuando más magia hay que destilar. La gente está preocupada y ansiosa por las mil razones que nos puede dar esta pandemia, y necesita descomprimir con algo que la haga sentir bien, que sacuda su esperanza en que todo mejorará. Uno cree que esta es una situación muy desafortunada, pero también es una gran enseñanza sobre muchas cuestiones. De una u otra manera, es un momento hermoso para conectar con lo más profundo de nuestro ser y nuestras relaciones.

¿Cómo nació Mocambo y qué creés que aporta a la escena local?

TP: Es un lugar que venimos desarrollando hace algún tiempo. Es una verdulería, una herrería, un estudio de grabación y un bar también. La mezcla de todos esos componentes hace que circule una fauna muy diversa y se vayan entrelazando historias. Creo que lo que aporta es esa novedad cultural. La gente que concurre se siente parte de algo que está generándose «aquí y ahora». Su aspecto clandestino, la frecuencia espaciada con la que lo producimos y la poca difusión de las movidas genera un condimento extra, cierto halo de misterio efervescente y underground.

 

“Si la banda está contenta y ensayada, es mucho más fácil toparnos con situaciones de ensueño y sorpresa”

 

Describís tu sonido como una combinación de folk, blues e indie rock. ¿Cuál fue tu primer acercamiento con estos géneros y qué te atrajo a ellos?

TP: Cuando tenía 16 años estuve viviendo un año en Georgia (EE.UU.), donde curtí mucha cultura afroamericana de amigos y maestros. Me crucé con discos de Lightnin’ Hopkins, Robert Johnson, Elmore James y B.B. King que cambiaron plenamente mi forma de tocar la guitarra. Estaba muy cerca de donde esa música había sido registrada y esas grabaciones de blues me resultan legendarias; cuanto más rústico es el sonido, más me resuena. El folk de Bob Dylan, The Allman Brothers Band y Grateful Dead me encanta también. En cuanto al indie, realmente no sé qué fronteras tiene como estilo. Todas esas raíces las estoy mezclando con algunos elementos y estéticas más actuales. De lo que sí estoy seguro es que mi manera de abrirme camino en este mundo fue de forma independiente y con total libertad; no podría concebirla de otra forma.

¿Cómo se dio el contacto con La Forastería, la banda que te acompaña en las presentaciones? 

TP: La Forastería es una familia itinerante, por lo que las formaciones van cambiando dependiendo lo que cada etapa sonora exija y la disponibilidad de músicxs en sus agendas. Si bien este plan es solista, siempre me gusta el aspecto tribal de las bandas. Compartir shows, giras y música es de las cosas que más disfruto de hacer esto. Me considero muy afortunado porque en el camino me tocó cruzarme con artistas de gran talento y corazón. Para este disco conté con Lou Baumann en guitarras y percusiones, Bambino en contrabajo, Alan Bonafine en saxo y Franco Bicicleta en batería. Además de ellos, siempre me gusta invitar a más personas para colorear los shows y tener varios timbres.

Ya que lo mencionás, ¿qué aspectos te parecen fundamentales, a la hora de armar un show, para transmitir la esencia de lo que escuchamos en tus discos?

TP: Es fundamental que la banda esté aceitada musical y humanamente. Si la tribu está contenta y ensayada, será mucho más fácil transmitir con éxito, hasta toparnos con situaciones de ensueño y sorpresa, producto de esa fluidez y armonía. También me parece trascendental el lugar y que las condiciones sean beneficiosas para el artista, promoviendo su mejor faceta. Este punto no es negociable. Tengo un camino largo en el under y he tocado en lugares donde las experiencias fueron hermosas, como también en muchos otros donde la mezquindad de quienes lo regentean, en cuanto al sonido y el trato, hace que la energía esté muy baja. Con esto vuelvo al punto del Mocambo, en el cual la idea es tratar a los artistas y al público como a nosotros nos gustan que nos traten, ni más ni menos, porque así también creo que funciona la vida.


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