SID VICIOUS: LA OTRA CARA DEL PUNK

Las tormentosas pesadillas que atravesaron al bajista de los Sex Pistols

Sid Vicious

La década de los ‘70 en Londres y Nueva York fue sinónimo de drogas, alcohol y música consumida por una juventud extasiada. The Clash y Ramones resonaban en las principales radios y llegaba el turno de que Sid Vicious se luciera en la escena del punk.

Un 10 de mayo de 1957 llegaba al mundo Simon John Ritchie —más conocido como Sid Vicious— para dejar una marca efímera en la escena musical. Su infancia fue una prueba hostil de que su futuro sería turbio. Cuando tenía dos años viajó a Ibiza junto a su madre, Anne McDonald, y su padre prometió sumarse, pero solo fue un abandono anunciado. De vuelta en Gran Bretaña, su progenitora decidió dedicarse a la venta de drogas, lo cual la llevó a convertirse en una adicta. Con tan solo 12 años, Sid mató a su gato como un llamado de atención ante su ausencia maternal.

“MALCOM MCLAREN (MANAGER DE LOS SEX PISTOLS) DECLARÓ POSTERIORMENTE QUE DE HABER DESCUBIERTO A VICIOUS ANTES QUE A ROTTEN, ÉL HUBIESE SIDO EL FRONTMAN DE LA BANDA”

 

Vicious comenzaba a transitar su adolescencia con varias batallas sobre el hombro, pero con un estilo punk bien definido. Johnny Rotten apareció en su vida para transformarse en su amigo y en 1977, con la salida de Glen Matlock, Sid ingresa como bajista de los Sex Pistols. No es secreto que cumplia con el estereotipo, pero que como músico dejaba mucho que desear. Cuentan las anécdotas que era tan malo tocando el bajo que, en los shows en vivo detrás de escena, otro músico tocaba por él.

A pesar de esto, las tachas, el cuero y los pelos parados eran marca registrada del chico rudo. Su manager Malcom McLaren declaró posteriormente que de haber descubierto a Vicious antes que a Rotten, él hubiese sido el frontman de la banda. Esta imagen le sirvió para acercarse a Nancy Spungen, quien con 19 años llegaba en busca de sexo, drogas y rock and roll. Como una groupie rebelde, ingresó al mundo de la heroína, del cual no saldría nunca más.

En cuestión de segundos, el bajista encontró con quien compartir sus malos hábitos y violentos escenarios, alejándose cada vez más de Rotten. En enero de 1978, abandonó los Sex Pistols para dar lugar a un intento frustrado como solista, con su novia como manager. Nueve meses después llegaría la verdadera pesadilla: Sid encontraría a Nancy apuñalada en la bañera de un hotel. Los empleados del alojamiento declararon frente a la policía que el joven bajó las escaleras al grito de: “¡Algo malo le pasó a mi chica!”. Bajo los efectos de treinta analgésicos que lo dejaron inconsciente durante varias horas, el músico no era capaz de discernir si él mismo había cometido el crimen. Sin embargo fue detenido y confesó ser culpable de su muerte, aunque en el juicio se declaró inocente y el juez lo liberó bajo fianza. El caso se cerró varios años después sin concluir qué pasó realmente, pero hay quienes dicen que fue un ajuste de cuentas, generando al dia de hoy una incógnita abierta sobre su asesinato.

El destino del músico ya estaba marcado y, luego de caer en prisión varias veces, murió en 1979 a consecuencia de una sobredosis. Ciertos rumores indican que no pudo superar la muerte de su chica. Johnny Rotten declaró en 2015, en una entrevista con QA Live, que la principal culpable de su muerte fue su madre: “El pobre idiota estaba jodido. Su madre era una adicta registrada. Intenté pelear contra eso por años, pero me volvió loco. Realmente me dolió cuando murió”. También recordó que para el cumpleaños número 17 del bajista, Anne le regaló un paquete de heroína y agujas.

Simon Ritchie, con marcas de violentas peleas en su piel y alfileres de gancho colgando de sus orejas, se convirtió en una suerte de ejemplo para el punk y, con tan solo dos años de fama, marcó la historia de la música para siempre.

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