PAUL EDWARD HIGGS: NI TRISTE NI MILLENIAL

Canta que es un megalomaníaco y hace música con los sonidos de Buenos Aires: un fisicoculturista de la música entre Black Sabbath y Fito Páez

Se unió a la videollamada disculpándose por su pelo desordenado y con un buzo de Pikachu. Antes de cualquier pregunta, Paul Edward Higgs se largó a contar que estaba escuchando todos los días a Judee Sill, a quien define como una «underdog», con unas letras entre religiosas católicas y alienígenas. Aunque sus últimos sencillos ‘Triste Millenial’ y ‘La Base de Trap’ dialogan con la música urbana, él no quiere ser catalogado dentro de ese género y se preocupó cuando pensó que lo hacíamos. Conocé al inclasificable cantautor uruguayo.

Nos gustaría que nos cuentes un poco de tus primeros contactos con la música o cómo se forma un artista tan prolífico.

Paul Edward Higgs: Una parte fundamental del hack a la prolificidad es que nunca se me impuso la cuestión de hacer música. En el ‘68, mi viejo se mandó a traer una Gibson SG de Estados Unidos, que quizás fue la primera en llegar a Uruguay. Un día, bastante grande ya (tenía alrededor de 11 o 12 años), se me dio por agarrar la guitarra con un interés absolutamente auténtico. Entonces empecé a componer y bajé toda la porquería, todo lo chilche, ¿sacás? Ahí limpié mi canal creativo. Todas las cosas que nos son impuestas desde la música comercial bajan a través de lo que a veces llamo un «embudo lírico»: letras que tienen las mismas palabras que otras y así sucesivamente.

“LA «AFTER-CANCIÓN» ES EL LICUADO DE LA MÚSICA TRADICIONAL, UNA MEZCLA DE TODO LO QUE YA HA HABIDO”

 

Por un lado, está bien que la gente se pueda relacionar con ellas y entenderlas en un modo global, porque las canciones son comunicación. Sin embargo, insisto con la cuestión del embudo creativo: la primera canción que hagas, va a decir lo mismo que otra ya hecha. Ahora tengo 26 años y ya me limpié de todo eso hace tiempo; estoy curado de espanto y absolutamente encaminado en esto de componer. También creo que haber sido muy cuidado y querido por mis padres suma bastante. Soy hijo único y a ellos les costó un montón tenerme, por lo que siempre fui muy estimulado con mucho cariño. No digo que sea una condición, solo te cuento lo que me pasó a mí. Yo estoy como super entrenado en el oficio: soy flaquito, pero en la composición soy tipo un body builder, ¿sacás?

Tomemos la idea de que las canciones pueden ser canales de comunicación para preguntar sobre la idea de «post-música», la cual utilizás para hablar de ‘Suite Nº1: Cosmovvisiones’.

PEH: Ya con el dominio casi completo de lo que quiero hacer, cualquier decisión que tome no será azarosa. En esa canción es como si se hubiese canalizado una energía totalmente histriónica. ¿Viste que está el disco After Chabón (1987) de Sumo? Yo a esto lo llamo «after-canción», porque es una canción que tiene miles de partes de otras cosas: un bondi que cruza; un sonido del subte; una chica que viaja en él me dice “Muchas gracias por intentarlo”; unas violas que parecen unos Hammond tipo Deep Purple; un gatito maullando; un triángulo y, en el medio, un ritmo basado en una grabación que hice con mi celular a un clásico de Frank Sinatra una noche en la radio. Todo eso es el licuado de la música tradicional, lo que viene después. No sé bien qué es la postmodernidad y no me quiero meter en ese tema, pero, para mí, es como ese pastiche de todo lo que ya ha habido y ahí sale. Post arreglos, ¿viste? No sé, también lo digo un poco para joder.

“QUERÍA LOGRAR ALGO DE VANGUARDIA QUE FUERA POP, QUE LO PUDIERA COMPRENDER Y ESCUCHAR TODO EL MUNDO”

 

Nos llaman la atención las diferencias entre las versiones de ‘La Base De Trap’ para Spotify y para YouTube. ¿Ya las tenías pensadas o aparecieron al hacer el guión?

 PEH: Eso fue todo decisión de Ruta, la productora que llevó a cabo la creación, filmación y edición. Santiago ‘Santa’ Forteza Zina, el director, es un amigo mío de hace mucho tiempo, con quien ya hemos trabajado varias veces. Nos conocemos bastante, así que esas cuestiones ni había que preguntarlas, porque sabíamos que íbamos a estar alineados. Me gusta trabajar con ellos porque pueden leer hasta cosas que yo no digo y viceversa.

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