MASCULINIDADES CONTEMPORÁNEAS EN LA MÚSICA ARGENTINA: BENITO CERATI

En esta edición especial charlamos con Benito para ver que entre la música y la vida no hay tanta distancia

Muchos creen saber quién es Benito Cerati, cantante y compositor de Zero Kill e hijo de uno de los más grandes músicos de nuestro país. Pero como veremos, es mucho más que eso. En esta columna venimos trabajando muchas y diversas cuestiones: ¿cómo se relacionan música y masculinidad?, ¿cuál es la relación entre géneros musicales y géneros identitarios?, ¿cual es el lugar del arte y de la sensibilidad artística en la conformación masculina? Estas preguntas que se anclan en el complejo haz de relaciones entre ética, estética y política, encontraron en Benito a una voz con respuestas que, sin parecer tan precisas, resultan muy jugosas si se logran leer con amplitud.

Benito Cerati: Los géneros. Qué cosa esa palabrita. Mi personalidad y mi música están totalmente relacionadas. Uno siempre se está buscando en lo que ve, en lo que no ve, en lo que hace y en lo que deja de hacer. Yo busco la sensibilidad de las cosas, de las personas, de la música, del arte en general. Cada tipo de música que escuché significa algo para lo que soy. El rock en los ‘50 y ’60 representaba toda la rebeldía, la contracultura, la gente que quería dar vuelta las cosas; cuando se dice que el rock ha muerto, tiene que ver con el sentido de lucha y no con el género musical. Sin embargo, no murió la rebeldía en sí, sino que se ha trasladado a otros géneros como el punk o el hip hop en los ‘90. Incluso dentro del pop hay una toma de conciencia, un cierto grado de política envuelta en la música comercial. Uno puede ver una serie con un personaje trans y a alguien que lo está militando hace años le puede parecer superfluo, pero alguien que no tiene ni idea se sorprende. Ese es rol que está teniendo el mundo pop y me parece importante.

“HOY NO SÉ QUÉ MÚSICA HAGO NI QUÉ SOY. CREO QUE SIEMPRE VAS A ESTAR BUSCANDO, EVOLUCIONANDO Y CAMBIANDO LO QUE SOS”

 

Los géneros se han ido alivianando o vaciando de contenido, pero es natural. Hoy en día el trap es mucho más político y subversivo que el rock. La verdad es que si hacés música podés hacer y hablar de lo que quieras. Luego uno interpreta, porque la subjetividad en la escucha es lo que completa la obra. Ahí entra en juego el tema de separar la obra del autor, entendiendo que la primera tiene una infinidad de significados más allá de su creador; hay un rol de quien escucha, de quien lee, de quien interpreta, que es valioso. A mi me pasa con Michael Jackson. No es que toda su obra está ligada a la pedofilia y puedo decir que hay temas que objetivamente me gustan. Después, en otro lado, están las cuestiones personales: si a vos te afecta mucho algo y alguien que vos escuchabas lo hace, estás en todo tu derecho de no escucharlo más. Yo he perdido el interés de escuchar ciertos artistas porque me pareció horrible lo que han hecho o dicho, sin necesidad de «cancelarlos». No es una cuestión moralista, es una decisión individual.

¿Cómo es tu experiencia de hacer tu camino en la música siendo públicamente gay y feminista? 

BC: Uno puede decir “soy esto” y después te das cuenta de que no es tan así. Deconstruir esta cuestión de la personalidad o de quién es uno también se trata de encontrar qué te gusta. Yo puedo ser gay pero no me identifico con el estereotipo gay, como tampoco me identifico con la heteronorma. Siempre le huyo a las cuestiones de institución. Uno logra salir del closet para que después te digan que “ser gay es así, tenés dos formas: o una o la otra”, y no está bueno. Siempre te chocás con lo mismo cuando te encontrás con colectivos. Hay un narcisismo de la identidad que siempre intento evadir. No existe algo o alguien con lo que esté cien por ciento de acuerdo, aunque sí hay algunos pensamientos con los que no y nunca voy a estarlo. Mi trayectoria en la vida y en la música es muy similar: me he metido un montón de cosas, he salido con lo que me sirve y sabiendo lo que no me sirve. Hoy por hoy no sé qué música hago ni sé qué soy. Te puedo decir que he estado solamente con hombres, pero qué se yo. Tengo la certeza de que siempre vas a estar buscando, evolucionando y cambiando lo que sos. Suelo decir que no cambio mucho, sino que estoy cada vez más parecido a mi mismo, y eso es interesante porque pienso que me parezco más a cuando era niño en las cosas que sentía y pensaba en ese entonces. Me siento muy distinto y a la vez muy familiar.

“EN EL ESCENARIO PODÍA SER HISTRIÓNICO, SOCIABLE, Y TODO EL MUNDO ME IBA A MIRAR, PERO ESO VENÍA DE UNA INSEGURIDAD”

 

¿Qué es para vos la deconstrucción y cómo puede uno deconstruirse? 

BC: Cuando me enteré del feminismo y empecé a leer, sobre todo a autoras de la segunda ola, me sirvió un montón para poder empatizar con otro sufrimiento, inclusive en relación a las mujeres de mi familia. Más que ser feminista o no, tenerlo en cuenta. Yo lo aplico en mi vida: quiero ser una buena persona y ciertos elementos del feminismo me acercan a serlo, así como hay otros con los que no coincido, pero tampoco me apelan a mí directamente. Yo creo que tiene que resolverse uno mismo para poder pensar en causas mayores porque mucha gente milita para paliar el sufrimiento propio y eso nunca lleva al buen camino. El sufrimiento de uno siempre va a estar y no podés cancelarlo ni borrarlo; hay que capitalizarlo como experiencia para entender otros sufrimientos. 

Queremos leerte algunos tweets tuyos para ampliarlos un poco. El primero: “Muchos somos inseguros y por eso somos músicos”.

BC: En mis primeros dos discos yo sentía como una necesidad de aprobación. Sentía que mi vida transcurría lánguidamente y no tenía una personalidad desarrollada o fuerte. En el escenario se me iba todo eso porque podía armar un personaje confiado, histriónico, sociable y que todo el mundo iba a mirar. Pero eso venía justamente desde la inseguridad y creo que no soy el único que elige la música porque le pasa eso. Cuando estaba terminando mi segundo disco y estaba mejor, después de tres años heavys que me habían destrozado, empecé a perder la necesidad de tocar en vivo, no me llenaba más. Me había vuelto tieso y ya no me sentía con esa energía, pero en el resto de las áreas era una persona histriónica y sociable. Después encontré un nuevo sentido para tocar, ya no desde la inseguridad, sino desde estar insertado en el mundo y querer decir cosas, aportar un grano de arena.

El segundo: “Se puede ser puto y ser músico. Una cosa no quita la otra”.

BC: A veces pienso que en el mundo gay hay pocos referentes masculinos. Todo es Madonna, Britney Spears, Lady Gaga y no hay una gran estrella hombre. A los artistas gays los escuchan más mujeres que hombres. Con las lesbianas no pasa: hay un montón y las escuchan lesbianas. Hay algo del resentimiento, de “por qué ese puto está ahí y yo no”. Hay mucho egocentrismo en la comunidad, en parte por la forma en la que somos criados, por la cantidad de cosas que nos son negadas. ¿Viste que cuando sos chico y tenés curiosidad siempre hay alguien que te golpea la mano?, alguien que te dice que eso no se hace. Al crecer, esa restricción y esa negligencia quedan grabadas en nosotros, y hacen que tengamos problemas para socializar y para conectar.

Hablando desde su lugar y su experiencia, consciente de su recorrido no exento de privilegios, Benito se muestra como un punto de tensión. Sin elegir un lenguaje de lo combativo ni de lo radical, nos deja una huella en el camino, una pista para seguirle el rastro: para crecer es necesario mirarse con sinceridad, para mejorar hay que tomar la miseria, para dejar de ser tan hombres hay que empezar a ser más humanos.

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