L.A. WOMAN: LA DESPEDIDA DE JIM MORRISON

Después de su peor concierto, decidió crear un último LP y alejarse en la gloria

En abril de 1971 aparecía en las disquerías L.A. Woman (1971), un álbum que sin contexto podría parecer  tan solo «uno más» en la carrera de The Doors. De todos modos, conociendo su historia, tal vez sea el más importante que hicieron.

El año 1970 estuvo cargado de dinamismo, con el lanzamiento de los dos primeros discos de Black Sabbath, el debut de John Lennon con la Plastic Ono Band y All Things Must Pass (1970) por George Harrison, entre tantos trabajos más. Pero este fue también un año con momentos trágicos, entre ellos, el concierto más infame de Jim Morrison. Su banda, The Doors, acababa de terminar probablemente su mejor gira, el Roadhouse Blues Tour, promocionando el lanzamiento de Morrison Hotel (1970). La conclusión fue en el  Festival de la Isla de Wight, presentándose el mismo día que The Who, Miles Davis, Joni Mitchell e incluso Emerson, Lake & Palmer. Lamentablemente, las cosas estaban por cambiar. 

El vocalista perdió la cabeza a los pocos minutos de que comenzaron a tocar

Tras tres meses de descanso, el 8 de diciembre de 1970, en su último cumpleaños (el número 27), Morrison volvió a un estudio. Estas grabaciones fueron en solitario, simplemente leyendo poemas de autoría propia, sin la compañía del grupo — estas se convertirían en An American Prayer (1978), lanzamiento póstumo que los Doors musicalizaron — pero tres días después comenzaron una nueva gira. Pronto se hicieron sentir los inconvenientes. La primera fecha tuvo dos conciertos en Dallas, los cuales quedaron registrados y donde sonaron muy bien, aunque tal vez más cansados que unos meses atrás. Al día siguiente se presentaron en The Warehouse, un boliche muy importante de Nueva Orleans… Ese sería el último recital de Jim Morrison.

Las crónicas relatan que durante aquella noche, el 12 de diciembre de 1970, el vocalista perdió la cabeza a los pocos minutos de que comenzaron a tocar. Se lanzó al piso del escenario y comenzó a golpearlo reiteradas veces con su micrófono. Tras numerosos intentos, cargados de violencia, finalmente logró su cometido y rompió la plataforma. Fue entonces que se quedó sentado, negándose a seguir cantando. Horas más tarde, John Densmore, Ray Manzarek y Robbie Krieger decidieron que este era el fin de sus presentaciones en vivo. Por su parte, el vocalista expresó que era su retiro de los conciertos.

Las repercusiones se hicieron sentir, pero durante esos meses volverían al estudio, en búsqueda de reafirmar su estatus y no quedar por siempre asociados a esa oscura noche. Unieron fuerzas para grabar lo que de manera implícita creían que podría ser su último álbum, donde dejarían en claro que más allá de todos los problemas, The Doors mantenían su magia. La última vez que tocaron juntos fue en la sesión final de L.A. Woman, donde grabaron precisamente la canción que concluiría al LP: la inconfundible ‘Riders on the Storm’. Con vibras misteriosas y peculiar lírica, trabaja una constante temática de «haber sido lanzados al mundo», lo que implica la falta de consentimiento y conocimiento de los que nos aguarda: “Into this house we’re born, into this world we’re thrown, like a dog without a bone, an actor out on loan // En esta casa nacemos, a este mundo somos arrojados, como un perro sin hueso, como un actor prestado”. Jugando con la filosofía de Heidegger y los préstamos de actores entre estudios (algo sobre lo que ellos no tienen poder de decisión), crea una intrigante poética. Es una apropiada conclusión para el mito que fue (y sigue siendo) Jim Morrison. Una figura enigmática que se materializa cada vez que lo escuchamos.

Podés escuchar al disco aquí.

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