KEANE EN MOVISTAR ARENA: EL EFECTO DE MIL CAUSAS

Por qué deberías haber ido a lo que, posiblemente, fue el mejor show del año.

En la vida, hay pocas cosas tan fuertes como un reencuentro: son un cóctel de sentimientos que mezcla felicidad, melancolía y saudade. Ayer, se podía sentir que todos en el Movistar Arena habían estado esperando a Keane por mucho más tiempo del que les hubiera gustado. En cuanto a los británicos, dieron uno de los mejores shows de los últimos años, y nos demostraron que ellos también nos extrañaban.

Con un setlist corto, pero explosivo, Lucas & The Woods abrió la velada e hizo mover al público más de lo que cualquiera hubiese imaginado. Canciones como ‘Solo’ y ‘Todo Lo Que Fue’ fueron bailadas por un público que, si bien no sabía las letras, entendía que estaba en la previa a una fiesta que tardó más de 6 años en organizarse, por lo que no era el momento de escatimar en festejos. Con palmas, aplausos y gritos, los chicos de Lucas estuvieron a la altura y demostraron que siempre dan lo mejor de sí.

Llegado el momento del plato principal, ocurrió algo que sorprendería a cualquiera que no se encuentre cerca del fandom de Keane: un estadio repleto explotó en un mar de gritos y llanto cuando Tom Chaplin (voz), Tim Rice-Oxley (teclados), Richard Hughes (batería) y Jesse Quin (bajo) se subieron al escenario. En una secuencia digna de las presentaciones de Paul McCartney o AC/DC, Chaplin soltó un pequeño: “Alright”, el cual fue precedido por ‘Disconnected’. Una vez terminada la canción, Tom aclaró que no iba a hablar en español, remarcó que este sería el show más grande de su tour y, porque su público argentino se lo merecía, también sería el más largo. Luego de las lacrimógenas ‘Bend And Break’ y ‘Everybody’s Changing’, el cantante habló un poco sobre Messi cuando le tiraron una de sus camisetas: “Creo que él es bueno, ¿no? Tiene la pelota atada al pie, no sé cómo lo hace”.

 

“EN EL CIERRE, SE VIERON TANTAS LÁGRIMAS Y GRITOS ROTOS COMO EN UN PARTIDO DE FÚTBOL CON FINAL AGÓNICO”

 

Durante todo el espectáculo, Tim se encargó de interactuar con el público lo más que pudo, agradeciendo a los fans por los constantes mensajes de apoyo y por la cantidad de dulces de leche que le habían regalado a la salida del hotel. “Nos encanta venir a Argentina. Cuando estamos en Buenos Aires, podemos sentirnos como los Rolling Stones o los Beatles”. Entre todas esas charlas, y justo antes de tocar ‘Strange Room’, Chaplin nos contó la historia de la chispa que provocó la reunión de Keane luego de su separación tras la última gira: “Hacía mucho que no veía a Tim, así que decidimos juntarnos y me mostró algunas canciones. Esta fue la que me movilizó y me hizo creer en la vuelta de la banda”. Con todas las luces de  los celulares prendidas para el tema, fue uno de los momentos más emotivos de la noche.

Si bien los hits ‘The Way I Feel’ y ‘Somewhere Only We Know’ sirvieron para dar cierre al espectáculo (del cual, sorprendentemente, mucha gente comenzó a irse), era obvio que se venía un encore para el recuerdo: ‘I Need Your Love’ y ‘The Lovers Are Losing’ le abrieron paso a ‘Crystal Ball’ y ‘Sovereing Light Café’, en las cuales se vieron tantas lágrimas y gritos rotos como en cualquier partido de fútbol con un final agónico.

Si hubiese que destacar un punto alto de esta visita de Keane, sería el hecho de su vuelta. Hicieron sentir que cada tema que tocaban era su canción más conocida, supieron jugar muy bien con los espectadores y, además, dejaron en claro que nos aman tanto como nosotros a ellos. No, no son los Beatles. Tampoco los Rolling Stones. Pero aquella noche, para cada persona dentro del estadio, Keane era la banda más grande del mundo. Y ninguno se equivocaba.

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