“JUST KIDS”: EL LIBRO QUE TODES DEBERÍAMOS LEER

Una radiografía de Nueva York en los ‘70, el rock y Patti Smith

Si alguna vez se cruzaron con Eramos Unos Niños (2010), la autobiografía de Patti Smith, muy probablemente les llamó la atención la portada: dos jóvenes un poco desaliñados miran de forma desafiante a la cámara. Parecen desconectados del mundo y unidos para siempre a través del brazo que ella posa sobre el hombro de él. Los protagonistas de este libro son dos figuras que los amantes del rock y de la cultura setentosa norteamericana conocemos muy bien: la ya mencionada Patti Smith, madrina del punk y poetisa ya consagrada, y  su amante y amigo el fotógrafo Robert Mapplethorpe

“Fue el verano en que murió Coltrane… Los hippies alzaron sus brazos vacíos y China hizo detonar la bomba de hidrógeno. Jimi Hendrix prendió fuego a su guitarra en Monterrey… Fue el verano del amor. Y en aquel clima cambiante e inhóspito, un encuentro casual cambió el curso de mi vida: fue el verano en que conocí a Robert Mapplethorpe”, declara Patti en uno de los primeros capítulos. Para entender esta historia es fundamental situarnos en el momento histórico en el que transcurre, y esa es una de las razones por las cuales ella decide contextualizarnos con hechos aparentemente aleatorios. Hendrix, la bomba de hidrógeno, el verano del amor. En 1967 Estados Unidos vivía un clima cambiante y contradictorio, tal como los dos protagonistas de este libro, quienes en ese momento aún no se conocían. 

Patti acababa de llegar a Nueva York con el dinero suficiente para comer un par de días y algunos pocos contactos que prometieron ayudarla. Quería convertirse en poetisa, vivir del arte. La gran ciudad era un lugar mucho más propicio para que esto sucediera que su natal Nueva Jersey, por lo que decidió tomar lo poco que tenía y partir. Al mismo tiempo, ya en la Gran Manzana, un joven Robert Mapplethorpe se devanaba los sesos tratando de crear un arte que lo convirtiera en el próximo Andy Warhol. Sus vidas se cruzaron debido a un bendito accidente, y juntos comenzaron una aventura que los llevaría a convertirse en dos de las grandes figuras del siglo XX. 

Su relación con Robert es el hilo conductor de todo el libro

Ambos eran artista y musa, compartían todo. Pasaban largas noches escribiendo y pintando, alimentándose a base de pan, queso y cigarrillos. Luego de un desafortunado incidente con unos ladrones que entraron al diminuto departamento que compartían decidieron trasladarse al mítico Hotel Chelsea. Esta decisión fue crucial para la vida de ambos. El hotel a comienzos de los ‘70 se había convertido en el punto de reunión tanto de quienes realizaban sus primeros pasos en el mundo del arte como de artistas ya consagrados. Jean Paul Sartre, Bob Dylan, Edith Piaf y Frida Kahlo fueron algunas de las figuras que durmieron en sus habitaciones. No se trataba de un lugar particularmente cómodo o lujoso, más bien todo lo contrario. Pero su valor residía en ser «la meca» de todo aquel que quisiera ser alguien en el mundo del arte. Las anécdotas que Patti vivió en sus pasillos son fascinantes, como aquella vez que se cruzó a Jimi Hendrix en la entrada de una fiesta y le contó que no quería asistir, a lo que él respondió que también era muy tímido y que las reuniones grandes lo ponían nervioso. O aquella vez que consoló a Janis Joplin luego de una desventura amorosa y fue testigo de la composición de ‘Me and Bobby McGee’. 

Las historias son abundantes, pero Patti afirma haber estado tan absorta en sí misma y en sus pensamientos que apenas reconocía estos hechos como momentos importantes. Es clave entender esto para poder tener completa consciencia de la mentalidad de la época. No existía la costumbre de molestar a tus colegas, nadie en el Chelsea pedía autógrafos o perseguía a los artistas a través de las habitaciones. Patti pudo conocer a todas estas figuras de igual a igual, lo que permitió establecer lazos de amistad y profesionalismo que jamás hubiera tenido de otra forma. 

Este libro es un testimonio, un recuerdo y una oda a un momento fundamental de la historia del arte y del rock

El libro también narra el momento en el que Smith decide convertirse en cantante y liderar una banda. Las anécdotas en el CBGB, emblemático venue que fue testigo de los primeros shows de Ramones y Talking Heads, son igualmente jugosas. Patti recuerda particularmente la noche en la que a mitad de una canción sintió que la energía del lugar había cambiado. Rápidamente descubrió la razón: Bob Dylan acababa de entrar, y escuchaba atentamente a la banda de Patti camuflado entre el público. 

Sin embargo, es su relación con Robert el hilo conductor de todo el libro. En una entrevista poco tiempo después de publicarlo le preguntaron por qué decidió contar su historia. La respuesta es muy simple: se lo prometió a Robert en su lecho de muerte, en 1989. Quería mostrarlo como un ser humano holístico, lleno de diferentes facetas, y no como un artista moribundo. Quería escribir un libro que fuera fácil de leer para personas como Robert, que no leían demasiado. Quería compartir la historia de ambos y hacerlo desde su propia perspectiva. 

Esta obra es lectura obligatoria para cualquier fan de Patti Smith y de Robert Mapplethorpe, pero es también mucho más que eso. Es una radiografía de una época, hecha a través de los ojos y las vivencias de una veinteañera que soñaba con ser artista en una de las ciudades más culturalmente vibrantes de todos los tiempos. Es un testimonio, un recuerdo y una oda a un momento fundamental de la historia del arte y del rock, y no hay nadie mejor que Patti Smith para describirlo. 

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