IGNACIO HERBOJO: RADIOGRAFÍA DE UNA MIRADA SENSIBLE

El cantante, pianista y poeta cierra la etapa musical de su último álbum para darle paso a lo nuevo

Ignacio Herbojo vuelve al ruedo con su ‘Réplica’, su nuevo single rescatado del pasado en cuarentena, en el cual relata los rastros de las pérdidas que sufrió en su vida. Luego de brindar un show en vivo por streaming, convirtió aquel registro en un EP al que llamó Sesión Cerrada. El mismo se encuentra disponible en Bandcamp, en formato video en IGTV, y desde el 30 de septiembre, en todas las plataformas digitales.

¿Cómo describirías la composición de ‘Réplica’, tu último lanzamiento?

IH: Este tema lo escribí hace un montón, en 2018, fue una de las que había cajoneado porque era muy personal y triste. Habla sobre la muerte de mi viejo y la separación con mi primer novio, y sentí que tenía que enfrentarme a eso que me pasó. Me ayudó a transformar ese sentir en algo nuevo, como puede ser una pieza musical.

Casi al final surge un silencio en el tema donde parece que termina, pero luego resurge. ¿Qué quisiste significar con esa pausa?

IH: No fue algo muy planeado, sentía que la canción en algún momento necesitaba un respiro. No siento que estoy en el estado en el que estaba cuando la escribí, pero lanzarla es enfrentarme a todo eso que me pasó, revivirlo de alguna manera. Al producirlo luego de algunos años, sentí que la pausa era necesaria para cerrar esa etapa y seguir adelante.

En el videoclip de la canción podemos ver imágenes que se desvanecen. ¿Cómo fue el proceso creativo y cómo se trabajó esa idea?

IH: El video lo realizó Felipe Rebolledo desde México, por lo que tuvo un ida y vuelta virtual barajando varias ideas. Finalmente, me envió un boceto y me fascinó, me dijo que no iba a estar yo en el video, lo cual no me molesto porque era parte del concepto, pero cuando lo vi terminado descubrí que todas esas partículas formaban parte de mí y me emocioné tanto que me puse a llorar. Fue una gran sorpresa.

“No voy a negar mis raíces para gustarle a más gente”

Para situarnos un poco al principio de esta película, ¿cómo fueron tus comienzos en lo musical?

IH: Mis recuerdos de chico siempre son en torno a la música. Cuando era muy chiquito mi mamá me cantaba canciones de folclore o de María Elena Walsh. Tenía un cancionero muy antiguo, tipo los libros de las películas todos marrones, que conservaba desde su niñez. También disfrutamos de ver novelas juntos, seguramente a eso se debe que mis composiciones sean tan dramáticas [risas]. A los ocho años, nos regaló a mis hermanos y a mí un teclado Casio chiquito para Navidad y yo fui el único que me enganché. Desde ahí no pare: a los 12 empecé a estudiar piano clásico con profesor particular y continúe haciéndolo hasta los 22.

En tu trabajo podemos ver una mezcla interesante entre la academia y lo popular. ¿Cómo llevás adelante esa mixtura?

IH: Hay mucha gente en la música clásica que es muy técnica y que sabe un montón, pero los escuchás tocar y no te pasa nada, es como que falta el alma ahí. En lo popular muchas veces sucede algo similar. Me anoté en el conservatorio porque creí que ese era el lugar para hacer canciones y luego me di cuenta de que no era así. No me sentía afín a ese mundo, pero todo lo que estudié formó al músico que soy hoy. En mi obra creo que conviven esas dos facetas y que la clave está en no negarlo y reconocer que vengo de ahí, aunque eso signifique gustarle a menos gente o no entrar en ciertos circuitos.

“Vernos reflejados en las historias nos hace sentirnos menos solos”

A sus 23 años Ignacio lanzó su disco debut, Solo (2013), a piano y voz. Luego, se sumaría la banda para darle forma a Terremoto (2018). Además, colaboró con artistas como Sobrenadar y Dani Umpi.

¿Cómo fue la experiencia de compartir banda con Rosario Bléfari?

IH: Mi primer contacto con su música fue a los 15 años, cuando la vi en vivo por primera vez. Hoy tengo 30, por lo que me acompañó la mitad de mi vida. Se me pone la piel de gallina cuando lo digo. Lo que más recuerdo de esa noche es la fuerza que tenía sobre el escenario, lo que transmitía era algo que nunca vi en otra persona. Años más tarde, realicé un taller de escritura con ella y seguía yendo a sus conciertos, y a los 24 años me llegó un mail que decía: “En el hipotético caso de que te invitara a tocar canciones en el piano, ¿qué me dirías?”. Claramente mi respuesta fue un sí. No pregunté dónde ni cuándo porque ese mensaje significaba la invitación a tocar con mi ídola del rock nacional y eso era más que suficiente. Terminamos realizando una gira por el interior del país y nos presentamos en el CCK, un sueño cumplido.

Siguiendo con el hilo de la escritura, ¿de qué se trata Fogón, el ciclo de lecturas que comenzaste en tus redes?

IH: Casualmente, la amiga con la que estoy organizando el ciclo fue la que me llevó a ese primer recital de Rosario y con ella decidimos crear este espacio todos los domingos a la noche. Tenía muchas ganas de compartir lecturas en voz alta porque creo que es una forma de conectar con las obras de otra manera. La idea surgió en la cuarentena y creo que vernos reflejados en las historias nos hace sentirnos menos solos. Quise, en estos tiempos donde no podemos ver a nuestros amigues, reunirnos todos alrededor de nuestros celulares como en una ronda de fogata para compartir un momento juntos.

Realizaste un show por streaming hace poco. ¿Cómo se sintió volver a tocar en vivo?

IH: No tiene comparación con tocar en un escenario, es otra energía, pero siempre se siente bien tocar para otras personas y en mi cabeza los imaginaba a todos ahí. Se me ocurrió hacer un registro de ese show que derivó en mi nuevo EP, Sesión Cerrada.

No sabemos si las miradas hablan, pero sin dudas la de Ignacio Herbojo transmite hasta más que sus propias palabras. Pensativo entre respuesta y respuesta, deja ver como comienza la búsqueda de traducir en oraciones eso que de antemano se lee en sus ojos. Un repaso por la historia de un poeta sensible que hizo de la música su refugio.

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