FOSTER THE PEOPLE: WE LIVE OUR LIVES

Foster The People regresó a Buenos Aires para presentar su último trabajo de estudio, Sacred Hearts Club, en un show imponente que quedará para el recuerdo.

El pasado viernes 2 de noviembre la banda californiana liderada por Mark Foster (voz, piano, sintetizador, guitarra, programación y percusión) y fundada junto a Mark Pontius (batería, percusión y programaciones) se presentó en el Estadio Obras de Buenos Aires, generando una atmósfera extática y desbordada de glamour que hizo del incandescente show una fiesta inolvidable y llena de asombros. Por tercera vez en la historia, Foster The People arribó en Argentina para conquistar a su público, atizando y llevando el espectáculo a otro nivel, tal y como lo hizo anteriormente, en el festival Lollapalooza (2015).

En un principio, la situación de ingreso al Obras no resultó ser intrincada. De hecho, el lugar se encontraba relativamente anestesiado. Pero la situación cambió paulatinamente cuando Louta subió al escenario. Si bien Jaime James, el nombre detrás del personaje, no logró enardecer el ambiente, se encargó de avivarlo y puso de pie a quienes se encontraban sentados, a través de una fugaz interpretación donde jugó con lo escénico e interpretó canciones que transitaron ritmos musicales como la electrónica, el hip hop, y la cumbia; intercalando entre su primer disco homónimo y el reciente estreno de Enchastre (2018).

El intervalo que marcó el lapso entre Louta y Foster propuso otra perspectiva. A pesar de que el estadio se encontraba falto de espectadores, el público presente comenzó a mostrarse anhelante. Faltaban pocos minutos para que los norteamericanos iniciaran su show y las ansias comenzaron a manifestarse. Algunos dejaban escapar cierto grado de vehemencia, depositando su mirada fija sobre el escenario y otros se encontraban algo más distendidos, conversando sin cesar. Nada lograba apaciguar esa situación de avidez y codicia. Mientras tanto, la temperatura ascendía.

De un instante a otro, Obras se tiñó de negro bajo un eclipse que oscureció todo. Algunas tenues luces blancas que formaban parte del detalle y de los contornos del escenario quedaron encendidas, permitiendo vislumbrar un espeso humo que, suspendido en el aire, comenzó a esfumarse. De fondo, sutilmente resonó una especie de banda sonora similar a la de John Williams, representada por la London Symphony Orchestra en Star Wars y, como en una escena de ciencia ficción, la nave que estaba a punto de despegar encendió sus motores. Llegado el momento de cruzar el umbral, los instrumentos se vieron reflejados por una gama de colores luminosos que rememoraban al clásico cartel de neon flex presente en la tapa de Sacred Hearts Club (2018), último disco de Foster The People.

En efecto, pasó lo que tenía que pasar. Mark Pontius subió al escenario seguido por Isom Innis (teclados, piano, percusión, coros) y Sean Cimino (guitarra, teclados, coros); así como también por Tyler Halford (bajo) y Phil Danyew (guitarra, teclados, sintetizador, percusión, coros). El público presente enalteció, pero faltaba un integrante. Con la entrada de Mark Foster el estadio se derrumbó y ‘Loyal Like Sid & Nancy’ comenzó a sonar.

 

Para este reencuentro, los Foster no se guardaron nada y prepararon un setlist variado en el cual aparecieron canciones de sus tres álbumes, como es el caso de ‘Helena Beat’, ‘Houdini’, ‘Coming Of Age’, ‘Pseudologia Fantastica’, y ‘Pay The Man’. Hasta se dieron el gusto de homenajear a los Ramones con un cover de ‘Blitzkrieg Bop’ entre medio de ‘Lotus Eater’ y ‘Time To Get Closer’. Fue una noche intensa y refinada, en donde los diferentes materiales melódicos, rítmicos y armónicos lograron combinarse y definir el característico sonido indie de la banda que, a su vez, converge en el pop y el rock, adquiriendo influencias del punk, la neo psicodelia, música electrónica y el hip hop.

Una cuestión que merece ser destacada tiene que ver con la sonoridad. Foster The People es una banda que con la experiencia y el correr de los años —a través de sus dos primeros álbumes: Torches (2011) y Supermodel (2014)— logró alcanzar un nivel de madurez que le permitió manejar un alto nivel de producción musical. En este sentido, Sacred Hearts Club es un disco que retoma algunos conceptos de sus anteriores, pero bajo una estética particular definida. Es por ello que en vivo lograron reformular las antiguas canciones para que exista cierta analogía en correlación a las nuevas. Las intensidades también son algo esencial porque caracterizan el sonido de la banda, y esto lo generan principalmente desde la rítmica. Los elementos percusivos como por ejemplo los loops o las secuencias de batería electrónica se combinan con los beats y los sintetizadores, provocando un sonido moderno y sinuoso que le da fluidez a las canciones, volviéndolas pegadizas.

El clímax de la noche llegó con un mensaje inesperado de Mark Foster. Con su guitarra colgada y enfrentado al micrófono, sacó de su bolsillo un papel y se disculpó por hablar poco español: “Quiero que sepan que continuaremos luchando por lo que es correcto. Seguiremos apoyando a la clase obrera y continuaremos haciendo nuestro mejor esfuerzo. No importa de dónde venimos, todos somos familia, todos somos hermanos y hermanas ante Dios”. Y el público explotó a tal punto que los cánticos resultaron inevitables “¡Olé, olé, olé, olé, Foster Foster!”. Ante aquella admirable situación, el club de fans sacó corazones rojos de cartulina que contenían las siglas “SHC” para mostrar su aprecio, a lo que Mark reaccionó, agarrando el celular de una de ellas y filmandose mientras tocaba ‘Pumped Up Kicks’. Finalmente ‘Sit Next To Me’, fue la canción elegida para despedirse y finalizar el show.

Lo que en esta oportunidad nos dejó Foster The People fue el vestigio de un show que no solo se destacó por su sonoridad, sino también por el efecto que ocasionó en el público concurrente, a través de canciones que deslumbraron el legendario Estadio Obras.

Aquí les dejamos el setlist.

Por Santiago Hernández

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