AILEN ZOE: LA EXPERIMENTACIÓN Y EL DIÁLOGO PERMANENTE

Cómo es vestir a una de las artistas más convocantes del momento

Hay muchas aristas que rodean a lo estrictamente musical como la puesta en escena, el maquillaje y el vestuario, temas que recorremos en SPE en la columna Desarmando el Rompecabezas Musical. Entre las numerosas personas que forman parte del equipo de un artista charlamos con Ailen Zoe, quien se desempeña como estilista de Marilina Bertoldi y ha trabajado con artistas como Chita, Dinastía y Zoe Gotusso (lee más sobre la temática de vestuario acá).

¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos al mundo de la moda y cómo se dio el cruce con la música?

Ailen Zoe: Mi primer acercamiento con el vestuario fue en teatro. Desde chica siempre fui muy curiosa y había algo en la imagen que me atraía, pero no sabía bien donde volcar esa inquietud porque figuras como el estilista eran desconocidas para mí. Venía siguiendo a varias marcas y fotógrafos del país que me gustaba lo hacían, en un momento pensé que quería ser fotógrafa, porque no terminaba de encontrar que parte de la imagen me atraía más. Me metí a hacer un curso de producción de moda, donde aprendí parámetros muy básicos, después arrancó la investigación personal y fue ahí cuando descubrí el estilismo.

Comencé trabajando de asistente en dirección de arte con Josefina Sierra Guzmán y ahí me empecé a nutrir un montón; pasé de ver cosas en internet a laburar y conocer gente. Como ya estaba en el mundo del teatro y la moda, se dio que empecé a encontrarme con músicos. Los primeros con los que trabajé fueron Coral Casino y Dinastía. Había en mí una búsqueda a través de la indumentaria y cuando les salió una fecha a Coral para el Bafweek con la marca Jazmín Chebar me llamaron para que los ayude y fue cuando empecé a volcar lo que sabía en el mundo de la música.

 ¿Cómo describirías brevemente tu trabajo con los artistas?

 AZ: Me gusta decir que soy vestuarista/ estilista. El estilismo está más relacionado directamente a la moda, con una cuestión de que la ropa se vea estilizada y que se corresponda a un público y una edad determinados. En cambio, el vestuario tiene que ver siempre con la construcción de un personaje, depende mucho de en qué estás laburando. Si se trata de un videoclip hay una historia, una  caracterización y una cierta ficción entonces es más un vestuario que un estilismo, sacar a la persona de su yo cotidiano y llevarlo a otro lugar, como el videoclip del que participe con Dinastía. Los músicos están en un punto medio, yo encontré ahí un lugar en donde aplicar las dos cosas: hay una construcción de personaje y una búsqueda estética. Que pesa más va a depender de la visión que tenga cada artista de sus presentaciones en vivo, si quieren que sea un espectáculo o si se encara desde un lugar más tranquilo; y para estar atento a esto lo clave es el diálogo permanente con el artista

 

“Cada género musical tiene sus influencias y estas tienen una forma de vestir y un lugar de pertenencia”

 

¿Cómo es el primer acercamiento con el artista? ¿Siempre hay un estilo definido o se va descubriendo en el proceso?

AZ: Para mí el primer paso es una parte re importante del proceso, es donde escucho las pretensiones del artista y profundizo sobre eso poniéndome en contacto con su música y su entorno. Hay un desarrollo ahí que lleva tiempo, no es de un día para el otro. Siempre me involucre mucho y me importa que haya lugar para el experimento manteniendo el diálogo tanto de un lado como de otro.

Hay artistas que tienen muy en claro cuál es su estética y otros no lo saben en concreto que indumentaria es la que concuerda mejor con su sonoridad y ahí es donde comenzamos esa búsqueda, ya que lo musical se relaciona con alguna estética visual en particular. Cada género musical tiene sus influencias y estas tienen una forma de vestir y un lugar de pertenencia. Para algunos es claro que es un elemento que suma, otros se dan cuenta en el proceso y otros nunca, hay un montón de aristas. Creo que en los últimos años ha cambiado mucho la importancia que le dan los músicos a la vestimenta, como es el caso de la música urbana que está hoy en auge.

 ¿Qué aspectos se tienen en cuenta a la hora de imaginar un outfit?

AZ: Se tiene en cuenta el lugar donde va a tocar el artista, si es en ocasión de un lanzamiento, si es de noche o de día, etc.; es una cuestión que tiene que ver más con la energía y comodidad del artista. Quizás hay shows donde necesitan estar super montados para conectar con ese despliegue y otros más íntimos donde prefieren no exponerse tanto, todo esto hay que analizarlo en la previa. Aprendes cuál es el funcionamiento de todo el equipo que trabaja alrededor del artista donde tu parte tiene que coordinar con el resto, por ejemplo, hay que tener en cuenta que se va a colgar una guitarra, que tiene in-ear y cables que tienen que estar en armonía con el vestuario. Una va aprendiendo en el camino, es un poco prueba y error, y me voy armando de herramientas para sortear los problemas que puedan llegar a surgir.

¿Cómo fue la experiencia de vestir a Marilina Bertoldi en su vuelta a los escenarios en Konex, Hipódromo de Palermo y Mandarine Park? 

AZ: Konex es un lugar más chico y familiar para la artista, por lo que queríamos ir por algo tranquilo, que se vea bien priorizando la comodidad. Había algo del espacio ya conocido y apropiado que con eso era suficiente. Primero íbamos a hacer un solo look para las dos funciones y finalmente fueron dos replicando el mismo concepto, pero cambiando el color: en la fecha de las 18 fue el blanco y para la de las 20 el negro. Para Hipódromo tuvimos en cuenta que el espacio era más grande, que había pantallas y pensamos en hacer algo un poco más extremo. Lo mismo con Mandarine, donde subimos la apuesta: se trata de que sea algo impactante sin generar incomodidad, que sea algo que le sume al artista, nunca que reste. 

Me imagino que trabajando en este ambiente tendrás muchas anécdotas para compartir, ¿Cuál se te viene a la cabeza?

AZ: Para el Festival Futurock de 2019, teníamos listo el vestuario que mandamos a hacer y cuando lo probamos la noche anterior, no nos gustó. Era algo un poco complicado de armar y lo encaramos con muy poco tiempo, era una idea que estaba buena pero mal ejecutada no funcionaba y no sabíamos bien qué hacer. No nos íbamos a poner a coser algo de cero, por lo que optamos por un traje, que no puede fallar, de color blanco. Entonces le pregunté a Maru: “¿Y abajo qué te pones?” y me dijo: “Nada, en tetas” y me pareció fantástico, si hay una persona que tiene que hacer eso es ella.

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