DESARMANDO EL ROMPECABEZAS MUSICAL: SONID

Atajando penales desde las consolas

En esta nueva entrega de esta columna, pondremos el foco en uno de los pilares fundamentales de los shows en vivo: lograr que todo suene bien. Para entender en profundidad de qué se trata este mundo, charlamos con Jonathan Vainberg, sonidista de artistas como Wos, Militantes del Climax, Nafta, Banzai FC y 1915, un profesional que cuenta con más de 15 años de trayectoria. Define su labor como “traducir lo que hacen los músicos a través de la consola para que lo escuche la gente, y por otro lado, hay una parte artística donde se puede jugar manipulando los sonidos, lo cual depende de la libertad que te proporcione cada banda”.

El monitoreo es el sistema que usan los músicos en el escenario para escucharse y saber cómo están tocando, complementada por la amplificación, que se ubica al costado del escenario y apunta hacia los espectadores para que puedan apreciar cada tema. En cuanto al primero, Jonathan explica: “a través de los monitores de piso los músicos se escuchan a sí mismos y otros instrumentos como referencia de lo que están tocando los demás miembros. También se puede realizar mediante auriculares, con una mezcla más completa y personalizada sumando, por ejemplo, efectos o pistas que se necesiten. Además, comenta que se puede agregar un registro ambiente mediante micrófonos que se ubican a los pies del escenario apuntando al público, “dando una devolución más clara a los artistas de lo que sucede en la audiencia, ya que con este sistema in-ear están más aislados”. Marcando la importancia de esta comunicación, resalta que “la clave es estar atentos a lo que los músicos puedan llegar a pedir en el momento y a cualquier inconveniente que pueda surgir. Estamos siempre atajando penales”.

 

“MONITOREAR EL SONIDO EN VIVO ES UNA NEGOCIACIÓN CONTINUA CON LAS CONDICIONES DE CADA VENUE”

 

Para poder evaluar correctamente cómo se desarrollará cada show, los técnicos deben tener en cuenta las condiciones que presentan los distintos venues. Al contrario de lo que el imaginario colectivo dicta, en los conciertos al aire libre el trabajo se torna más sencillo ya que no hay paredes ni otras superficies de rebote, lo cual genera menores condicionamientos. Lo único que puede afectar este ideal son ciertos factores climáticos como los vientos extremos, haciendo que la música se pierda y que, por fortuna, no es muy habitual en nuestro país. En cambio, en los shows en espacios cerrados hay que tener en cuenta que el sonido no se comporta igual en todas las frecuencias (grave, medio, agudo) por la resonancia de los materiales presentes, pudiendo causar ecos y picos en determinadas frecuencias. Al respecto, Vainberg agrega: “Generalmente, los lugares que retumban mucho, como los grandes galpones, cuando están vacíos son más complicados porque tenés mucho rebote y la manipulación del volumen se vuelve delicada: si bajás, se empieza a escuchar más el rebote que otra cosa. Es una negociación continua”. Es por esto que la prueba de sonido es vital para ajustar lo que sea necesario; si se saltea, ese ajuste se realiza en los primeros temas del setlist opacando el comienzo. Una vez terminada la prueba, hay que esperar a que la gente vaya llegando: no es lo mismo si el lugar está vacío o lleno porque los cuerpos presentes absorben sonido, sobre todo de medios a agudos; por lo tanto, hay que reajustar minutos antes de que los artistas salgan a escena.

Los inconvenientes en escena y la falta de recursos tecnológicos son la excepción, pero en otro momento casi era la regla. Un aspecto poco conocido en la historia del rock en Argentina es el avance técnico que hubo durante la década del 80, que ocurrió a la par de la popularidad masiva del género y la llegada de figuras internacionales reconocidas como Sting y Tina Turner. Los comienzos se dieron de forma amateur, autodidacta y artesanal, lo cual fue decantando en la inversión para crear mejores shows tomando como referencia las exigencias de los artistas extranjeros. Entre los principales inconvenientes que se detectaban en aquella época se encontraba la ausencia de monitoreo: solo estaban los amplificadores y era muy difícil que los músicos se escuchen entre ellos en el escenario. Por otro lado, no existía un criterio técnico unificado en Latinoamérica y, consecuentemente, en cada lugar visitado en una gira, los profesionales debían ponerse al tanto del vocabulario. Esto se mantuvo hasta principios de los años 90 y actualmente  se puede cumplir con los requerimientos de cualquier banda en un 90% respecto de los criterios que rigen en el exterior.

 

“NO SE PUEDE PERDER DE VISTA LA SEGURIDAD PARA PREVENIR ACCIDENTES TANTO PARA EL PÚBLICO COMO PARA MÚSICOS Y TÉCNICOS”

 

Sobre los recaudos a tener en cuenta para un desarrollo seguro de la actividad, Jonathan explica que “al llegar a un lugar se chequea la instalación, que todo esté pasando por un disyuntor y que haya un cable a tierra con protección para evitar las tragedias. Si esto no está, hay que esperar que venga un técnico matriculado que se haga cargo de la situación para poder avanzar”. También hay que ser precavidos a la hora de pasar los cables, lo cuales deben estar bien señalizados y tapados, y ubicados de forma aérea o bajo tierra en lugares de circulación del público.

Casos resonantes como la tragedia de Cromañon y la muerte en escena de Gustavo Silva en 2013, pusieron el foco en lo peligroso de ciertas prácticas comunes y la precariedad de seguridad en los venues. Lamentablemente, algunas de estas fallas siguen existiendo sobre todo en el under, donde los artistas se encuentran en desventaja a la hora de pedir las condiciones necesarias. Al respecto, el Instituto Nacional de la Música (INAMU) y el Sindicato Argentino de Técnicos Escénicos (SATE) confeccionaron el Manual de Prevención de Riesgos Escénicos con los lineamientos a tener en cuenta en la producción de shows en vivo, donde se explican los riesgos generales, qué hacer en caso de electrocución, conceptos básicos sobre electricidad y sonido, entre otros. Además, todas las instalaciones eléctricas se deben guiar por las exigencias de la Asociación Electrotécnica Argentina (AEA) y los productos utilizados deben cumplir las normas IRAM. No se puede perder de vista la importancia de cumplir con todas estas reglamentaciones de seguridad para prevenir accidentes, no solo para los músicos arriba del escenario, sino también para el público asistente y los técnicos mientras realizan su trabajo.

De esta forma, podemos observar que la labor técnica de sonido requiere de una planificación y preparación exhaustiva donde deben estar dadas no solo las condiciones adecuadas para el sonido, sino también las de seguridad para todos los presentes. Merecen ser rescatadas del anonimato las figuras que se encuentran  detrás de escena, que llegan hasta unas nueve horas antes del concierto y que se van últimos al desarmar todo para que nosotres disfrutemos de un buen espectáculo al ritmo de sus consolas.

SHARE
SEGUINOS

TAMBIÉN PUEDE INTERESARTE

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *