DESARMANDO EL ROMPECABEZAS MUSICAL: ILUMINACIÓN

Color, ritmo y efectos especiales que crean sensaciones

Estamos en la previa ansiosos por ver a nuestra banda favorita, cuando de pronto todas las luces se apagan y los gritos se escuchan: es la señal de que está por comenzar el show. De esta forma, la iluminación marca el clima y el timing de lo que sucede en el vivo desde el minuto cero. Para indagar sobre los aspectos principales de este arte, charlamos con Lucas Nievas, el profesional detrás de los espectáculos lumínicos de artistas como Dante Spinetta, Usted Señálemelo, Indios, Vanthra y Cazzu.

Los iluminadores son los encargados de interpretar lo que sucede en escena combinando tonos, ritmo y efectos especiales con la música. Lucas comenta que al igual que cuando pintas un cuadro donde se cubre todo con un mismo color para luego sumar figuras encima, en el escenario pasa algo similar: “La base general se realiza a través de bañadores, y para las líneas que van por encima se usan los haces de luz marcados a través de cabezas móviles”. Para complementar, pueden utilizarse máquinas de humo o neblina que hacen visible la trayectoria del haz y recursos como láseres, espejos y luces LED.

El clima de cada canción está muy influenciado por las tonalidades que se presentan, con una psicología del color detrás de esa selección que transmite distintas sensaciones, y mientras unos optan por una puesta más minimalista de tonos monocromáticos, otros varían dependiendo de cada track. En esto juega un papel importante empaparse de la obra completa del artista, desde su gráfica hasta las líricas, para traducirlo lumínicamente. Nievas agrega que se arma un set de acuerdo a las preferencias de cada uno, por ejemplo, “en ‘Tardes de Melancolía’ de Indios las luces siempre son naranjas, y Joaquín Vitola interactúa persiguiéndolas en el escenario”, una dinámica que luego se replica con los debidos ajustes a las condiciones de la sala. Pero no solo el color es primordial a la hora de crear ambientes, también la intensidad cuenta: al momento de un solo, se iluminará únicamente a quien lo interpreta; para un clima íntimo podemos encender un velador o utilizar luces veloces para crear un mayor impacto, y si lo que buscamos es incluir al público invitándolos a corear un tema, debemos iluminarlos para que se sientan parte.

 

“EL DISEÑO ES BUENO CUANDO ES SEGURO; UNO SIEMPRE BUSCA EL LÍMITE DE LA FÍSICA EN LA PROPUESTA Y NO SIEMPRE SE PUEDE LLEVAR A CABO”

 

Durante la década del ’80 se utilizaban los recursos disponibles, como tubos fluorescentes, carteles de lata de auspicios de tiendas y luces par mil, ya que las pocas empresas del rubro en el país estaban orientadas al teatro y no a shows musicales. Además, existía una prohibición por parte de la dictadura militar sobre la importación de luz y sonido para evitar la realización de actos masivos, por lo cual había que hacerlo de contrabando para tener las herramientas necesarias. Uno de los más destacados iluminadores de la época fue Juan José Quaranta, al que Charly García nombra en ‘Popotitos’ en el show despedida de Serú Girán: “A mi Quaranta yo le di mi amor, bajame esas luces que hace mucho calor”. Esto se dio como consecuencia de otro de los inconvenientes: las consolas no eran programables y en un recital anterior se dejó iluminado a Charly por mucho tiempo mientras se buscaba otros efectos, a lo que se sumó que el equipo estaba pensado para un lugar mucho más grande; tiempo más tarde, García le pasó factura en ese inolvidable show en Obras.

Una de las mayores ventajas que trajo la incorporación de nuevas tecnologías es que permite un mayor nivel de programación y precisión, sobre lo cual Lucas observa que “solo hay que estar atento a que todo fluya de manera correcta y permite jugar con cuestiones de métrica musical mucho más finas, haciendo que las luces se enciendan al ritmo de los golpes de la batería o las teclas del piano”. Otro de los avances fue el estudio 3D, útil para visualizar el diseño en el escenario sin estar verdaderamente en el venue. Esto cobra valor especialmente en los festivales donde el staff de cientos de bandas debe trabajar en simultáneo y con muy poco tiempo para las pruebas.

 

“NO SOLO ES IMPORTANTE QUE SE VEA LO QUE SUCEDE EN EL ESCENARIO, SINO TAMBIÉN QUE EL PÚBLICO SE LLEVE UNA EMOCIÓN VISUAL”

 

Con respecto a la seguridad de las estructuras en las que se montan las luces y su ubicación, lo ya desarrollado en la entrega anterior de esta columna sobre sonido se aplica también para esta actividad. Las medidas a tomar para evitar incidentes pueden encontrarse en el Manual de Prevención de Riesgos Escénicos, cuyos principales lineamientos indican que los trabajos en altura o rigging deben realizarse sobre plataformas adecuadas, no provisorias o escaleras, y como mínimo de a dos personas: una que asiste desde el piso y otra que trabaja en altura. Además, se deben utilizar los elementos de seguridad personal como casco, guantes para manipular las cuerdas, arnés y/o cinturón y calzado adecuado. Al respecto, nuestro entrevistado comenta que “El diseño es bueno cuando es seguro. Uno siempre está buscando el límite de la física en los diseños y no siempre se puede llevar a cabo”.

Cada vez son más los músicos que incorporan una puesta lumínica más arriesgada a sus shows en vivo y algunos hasta participan activamente. Lucas recuerda que para los shows de Los Brujos se apaga todo en una oscuridad total y aparecen los músicos con linternas en la cabeza como suelen usarlas los mineros: “Cierro la consola y el show lo empiezan a hacer ellos. Creo que darle al artista la posibilidad de interactuar de forma directa puede ser muy interesante”. La luz ayuda a que un espacio cobre vida, que se llene de color o que lo pierda por completo, causando un efecto incluso en su ausencia. Son mecanismos que no se perciben a simple vista, pero transmiten sensaciones a nivel inconsciente y nos transportan a un viaje de emociones.

 

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