DESARMANDO EL ROMPECABEZAS MUSICAL: ARTE GRÁFICO II

Traer la música al plano físico

Retomamos el recorrido que comenzó en la primera parte de esta nota, donde nos sumergimos en un repaso por el arte gráfico que marcó las décadas de los 60,70 y 80. Para adentrarnos en el presente, charlamos con el diseñador gráfico, muralista e ilustrador mendocino, Federico Calandria, quién ha participado en la creación de portadas, flyers y afiches de Mi Amigo Invencible (MAI).

Comenzando el recorrido por la escena internacional en la década del 90, podemos mencionar la portada de Goo (1990) de Sonic Youth realizada por Raymond Pettibon. El artista se inspiró en una foto de Maureen Hindley y David Smith, testigos de un famoso caso llamado Los Asesinos de Moor, sucedido en Inglaterra. El diseño logró mantenerse pese a la polémica que generó, acompañada por un texto sin relación con el caso. Una de las más icónicas de la década llegaría con Nevermind (1991) de Nirvana realizada por el fotógrafo Kirt Weddle y está inspirada en los partos en el agua. A la imagen le agregaron un anzuelo y un dólar como símbolo de la perdición capitalista del hombre desde sus primeros días.

Sin dudas Björk no se queda afuera de este recuento, como ya repasamos en la entrega de vestuario de esta misma columna, la islandesa se destaca por su estilismo excéntrico que ya es una marca registrada. Dentro de sus portadas, podemos destacar las de Homogenic (1997) creada por Alexander McQueen, quien la convirtió en una especie de guerrera de estilo japonés y Biophilia (2011) diseñada por Iris Van Herpen donde se la ve con un vestido impreso en 3D. A estas se le suman Bastards (2012) creada por el artista de animación Andrew Thomas Huang quien realiza varios de sus videoclips y Vulnicura (2015) donde viste un traje de látex de color negro y tiene una herida en el pecho junto a un decorado de plumas en la cabeza. En los 2000, The Strokes se destacó con Is This It (2001), convertida en un clásico. La fotografía elegida formaba parte de una sesión improvisada del fotógrafo Colin Lane a su novia. Por su parte, Green Day hizo lo suyo con American Idiot (2004), tapa a cargo de Chris Bilheimer con una granada en forma de corazón cargada de simbolismo.

Las bandas comenzaban a crear un mundo propio que las identificara a través de un arte gráfico determinado

En los 90 en nuestro país, se dio el auge de las bandas de rock barrial que nos han dejado emblemas como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, banda de la cual me gustaría destacar la historia de Luzbelito (1996) realizada por Rocambole.  El busto de la tapa fue una de las primeras experiencias de de este artista en trabajos con volumen, la estatuilla estaba hecha con arcilla, pesaba 6 kg y medía 40 cm de alto, a la que le agregó una vela prendida en la cabeza y la fotografió. El original fue robado del museo municipal de Bellas Artes de La Plata durante una muestra de sus obras en noviembre de 1996, apenas cinco meses después de la salida del disco. “Me llamaron infinidad de veces diciendo yo tengo a Luzbelito ¿cuánto pagas? pero nunca era verdad, como en los secuestros” recuerda el artista. Finalmente apareció nueve años más tarde en un departamento de La Plata que allanó la policía por robo.

Por aquellos años las bandas comenzaban a crear un mundo propio que las identificara a través de un arte gráfico determinado, que se extiende más allá de las portadas hacia los flyers, remeras y afiches. Las primeras bandas que incursionaron en esto fueron Los Piojos con los diseños de Hernán Bermúdez, responsable de cambios en la fisonomía del piojito ícono de la banda. Por otro lado, Catupecu Machu hizo lo propio ya desde su primer disco Dale! (1999) con la colaboración Quique Ibarra— responsable de la gráfica de la banda desde siempre y amigo de la familia Ruíz Díaz— creando un arte en blanco y negro que los identificaba sobre todo desde los flyers.

Con el afán de que su trabajo deje huella, los músicos han invitado a reconocidos diseñadores, ilustradores y pintores para que colaboren en las portadas. Uno de ellos fue Alejandro Ros, que en el libro A Todo Volumen, Historias De Tapas del Rock Argentino (2015) de Sebastián Ramos, comenta: “Me reúno con el artista, escucho el álbum y le pido que me muestre cosas que le gustan, intento meterme en su universo y así poder rescatar la esencia de ese determinado momento creativo”. “Busco que cada portada sea un objeto especial, que quien lo compre tenga su propio tesoro y que desarrolle una relación cálida con el disco”, agrega. Entre sus trabajos más recordados podemos mencionar Amor Amarillo (1993) de Gustavo Cerati donde se buscó trasmitir el color del amor para Gustavo de una manera minimalista. El proyecto original era más ambicioso, con un librito/catálogo de veinticuatro páginas de distintos tonos amarillos, pero como en este momento Gustavo todavía estaba con Soda Stereo se optó por algo de bajo perfil. También ha colaborado con Babasónicos en Miami (1999) Jessico (2001) —que se encuentra cumpliendo 20 años— e Infame (2003). Por último, podemos mencionar las colaboraciones de Alejandro con Miranda! en El Disco de Tu Corazón (2007) simil el logo del chapulín colorado y en Fuerte (2017) donde se ve al dúo en una boda con los trajes invertidos; entre otros.

El reconocido fileteador porteño Martiniano Arce por su parte, colaboró en Fabulosos Calavera (1997) de Los Fabulosos Cadillacs. Liniers realizó la tapa de La Lengua Popular (2005) de Andrés Calamaro y Logo (2007) de Kevin Johansen & The Nada, banda con la que colaboró incluso realizando dibujos en vivo sobre el escenario del Gran Rex. Otra de las colaboraciones destacadas es la del pintor Gabriel Sainz en Mundo Anfibio (2012) de Lisandro Aristimuño. La obra está inspirada en El jardín de las Delicias de El Bosco, donde Lisandro busca mostrar un fuerte mensaje de crítica a la sociedad actual.

Pero no siempre las portadas están a cargo de artistas externos a la banda, en el caso de El Mató a Un Policía Motorizado es el propio cantante y compositor de la banda, Santiago Motorizado, quien realizó el arte para La Dinastía Scorpio (2012). ”La idea de la estética del álbum era que tuviera la esencia de los panfletos que reparten los Testigos de Johová, donde siempre hay un parque con un montón de nenes y animales saltando por ahí. Son lugares exageradamente felices pero que a la vez tienen algo misterioso, extraño, que te dan un poco de miedo incluso”, comenta Santiago en el libro A Todo Volumen, arte que se multiplicó luego en los afiches de la gira. El Plan de la Mariposa también tiene entre sus integrantes al responsable de la mayoría de los diseños de remeras, flyers y portadas de la banda: Santiago Andersen (violinista del grupo). Los elementos que los representan son la naturaleza, la figura del nacimiento en múltiples formas y los animales.

Para comprender un poco más sobre cómo se realiza este trabajo, Federico nos comenta sobre la dinámica de creación de diseños junto a MAI: “En general el proceso arranca con una primera idea de lo que quieren plasmar y tratamos de bajarla a tierra. Escucho el disco varias veces y me pongo a tirar bocetos ya que la música transmite colores y sensaciones. Surge así, una paleta de colores que tiene que ver con la cuota de optimismo o nostalgia que tenga la obra y en base a eso se profundiza. Otra gran fuente de inspiración son las letras, voy marcando palabras que me llaman a traducirlas en imágenes y elementos. Por último, debatimos las ideas que surgieron y decidimos, muchas veces pasa que termina siendo muy diferente a lo que se barajó en un primer momento”. Entre las creaciones para la banda podemos mencionar los EPs (Ciencias Naturales de 2018, y Nuestro Mundo de 2020) y singles (Nuestra Noche, Freelance, ‘Jardín Secreto’ y ‘Algo No Ha Terminado’). En cuanto a álbumes, la primera tapa que realizó para la banda fue Relatos de un Incendio (2011) a partir de la cual se empezó a generar un mundo propio. Junto a las dos siguientes La Nostalgia Soundsystem (2013) y La Danza de los Principiantes (2015), se completa una trilogía donde el arte de todas se relaciona entre sí y siempre puede encontrarse a un Pugliese escondido (bien se podría jugar a una búsqueda del tesoro dentro de tan atiborradas portadas).

El primero muestra un apocalipsis con un mundo inundado, el segundo refleja que pasó después de que se bajó el agua, donde los animales empiezan a tomar la ciudad, que se resignificó mucho en este último tiempo de pandemia”, explica Calandria sobre la trilogía. En el medio, podemos mencionar al EP El Mismo Sol. Experimental set (2020) que nos muestra la misma ciudad, pero un ratito antes de que se destruya, o su recuperación o hasta una realidad paralela, tiene muchas interpretaciones. “Y la portada del tercero sucede dentro del Club Social y Deportivo que aparece ya en La Nostalgia, donde nace un nuevo personaje llamado Raúl, un viejo cantor que siempre estuvo presente para formar parte de alguna tapa desde que comencé a colaborar con ellos. Se  terminó convirtiendo como en una especie de mascota de la banda y después los flyers empezaron a más de su historia”, agrega. “En cuanto a su último trabajo, Dutsiland (2019) los chicos querían hacer un corte y cambiar la estética. Hicimos muchas posibles tapas y el gallo siempre estuvo presente de alguna manera, finalmente terminó quedando el primer boceto que hice y salió fresco porque fue con cero presiones y espontáneo; a lo que Sofía Tormenta sumó la tipografía del título”, concluye.

El arte gráfico trae a las canciones al mundo físico, poniéndole colores, formas y personajes que hacen que la obra musical se luzca en todas sus aristas. 

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