DERBY MOTORETA’S BURRITO KACHIMBA: PSICODELIA Y KINKI

¿Por qué encasillarse en una etiqueta si se puede crear una?

Lo que se podría esperar de una banda alternativa andaluza es que sea de rock progresista con elementos bluseros y psicodélicos. Pues bien: Derby Motoreta’s Burrito Kachimba no solo da cuerpo a estos sonidos sino que le agrega su propio condimiento: lo «kinki». Walter ‘El Gringo’ Scott tuvo una charla con SPE en la que desarrolla este concepto que engendraron y por qué decidieron hacerlo.

Empecemos por lo obvio. ¿Cómo definirías al sonido «kinki»?

Gringo: «Kinki» fue un movimiento que hubo al final de los ‘70 en los barrios obreros de España. Años después surgió el género kinki en el cine, en cuyas películas reflejaban la realidad de esa época; no con actores, sino con verdaderos criminales que vivían de atracar gasolineras. Cuando empezamos con nuestra música encontramos cierta similitud con esta corriente porque sonaba muy de la calle, sin límites.

“Si tuviéramos que elegir una filosofía, diríamos que somos hombres de las praderas”

¿Y cómo crearon ese género?

G: La «kinkidelia» es una etiqueta que inventamos entre lo kinki y la psicodelia cuando iniciamos el proyecto. Nos da más libertad a la hora de experimentar porque no nos amarramos a la idea de “tenemos que sonar de cierta manera porque hacemos rock”. Nos dimos cuenta de que íbamos a caer en categorías que no nos apetecía tener y, al ver que lo que hacíamos era kinki, decidimos categorizarnos nosotros mismos. Mucha gente interpreta nuestra música como rock andaluz o progresivo, por ejemplo, y nosotros no sentimos que necesariamente lo sea.

Se observan muchas referencias bucólicas en su álbum. ¿Hay alguna estética en relación a la naturaleza que sigan?

G: Smash es uno de nuestros grupos referentes. Nació a finales de los ‘60 en Sevilla y hacían rock psicodélico y progresivo. Durante esos años, se mezcló con un movimiento de teatro e hicieron un Manifiesto de lo Borde, donde clasificaban a los hombres de las praderas (Bob Dylan, Jimi Hendrix)  y a los hombres de las cuevas lúgubres (funcionarios). Los primeros vivían en la naturaleza y su canal de identidad estaba en el brillo de sus ojos, mientras los segundos buscaban pisar al otro por dinero. Por nuestra idiosincrasia sureña, si tuviéramos que afiliarnos a alguna filosofía diríamos que somos hombres de las praderas. 

¿Qué relación tienen con su público cuando tocan en vivo?

G: Nosotros hemos tenido un rollo muy guay que no buscamos; cuando nos miramos a los ojos con nuestro público vemos a hombres y mujeres de las praderas. Sus ojos brillan, son como nosotros. Nos gusta ver cómo se arman los pogos, el sudor, que se choquen los hombros. Lamentablemente va a faltar mucho para volver a ello, pero mientras estamos preparando un disco bien «parte-nucas».

¿Qué nos pueden adelantar de este disco?

G: Hilo Negro (2021) va a salir en abril. Es como los dos singles que ya soltamos, ‘El Valle’ y ‘Gitana’, y en un mes más o menos sale el tercero. El coronavirus nos dio tiempo para repensar, arreglar y componer nuevas, así que estamos muy contentos con el resultado. Va a haber más de lo mismo pero mejor hecho.

¿Están entusiasmados por venir a tocar a Latinoamérica?

G: ¡Sí! De hecho estamos teniendo mucho feedback con la gente de Argentina y de México. Los argentinos nos escriben diciendo que lo que hacemos es “re copado[risas]. Intuimos que cuando vayamos allá va a estar muy bueno, porque compartimos mucha historia y un lenguaje en el cual surge esta sinergia muy bonita con nuestro público.

 

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