BAG RAIDERS: “HAY AUDIENCIA PARA TODO”

‘Shooting Star’ no es solo su gran hit: es a quién le pidieron el deseo, y se cumplió.

Quizá es ‘Shooting Stars’ la canción que más resuene cuando se habla de Bag Raiders, o quizá ni siquiera se rememora a la banda, sino simplemente la melodía de lo que fue un éxito en su año de estreno, resurgido un tiempo después, retomado en un meme y hasta revivido a las generaciones más jóvenes gracias a series como Riverdale.

Una vez que ponés la música afuera depende de la gente”, asegura Chris Stracey, una de dos partes que componen Bag Raiders —la otra es Jack Glass—, dúo electrónico australiano formado en el 2006. Nacidos en Sydney, se conocieron en la Cranbrook School, pero no fue hasta su reencuentro en el 2005 cuando empezaron a hacer música juntos, fundando el conjunto de dance alternativo un año más tarde.

Hoy en día siguen igual de relevantes que hace años, lo que sin duda es un gran trabajo que no todas las bandas y artistas logran hacer. “Los tiempos cambian… Quizá lo más difícil es hacer sentir que algo está en tendencia”, comenta el entrevistado cuando se le pregunta qué es lo más difícil de mantenerse relevante. “En realidad, lo más difícil es hacer música que suene eterna —«timeless»—. Música que no suene a un tiempo determinado, que alguien la escuche y no diga «ah, es de tal año»”.

Siempre, además, hay una cuota de la resignificación que el público hace de esos productos musicales, y ‘Shooting Stars’ es un gran ejemplo. Desde el lanzamiento, la canción ha resurgido múltiples veces, ganando relevancia. “Está bueno que dependa de la gente porque muchas veces, algo que para vos tiene un sentido, adquiere uno diferente para otro”. También de eso depende su carrera, ya que, como asegura Chris, “no tendríamos carrera sin el público”.

“Las fiestas son importantes porque son fuente de ingresos, pero hay mucho más”

 

Su primer álbum, del mismo nombre que el dúo, data del 2010. Sin embargo, su trabajo como DJs los ha hecho viajar por el mundo y trabajar incansablemente en fiestas electrónicas, lo que Chris asegura no es lo que más disfruta, pero sí lo que le permite hacer eso que ama: componer y producir. “Las fiestas nos dieron el dinero necesario”, explica cuando recuerda que a los trece años decidió que quería dedicarse a la música. “Mis padres no estaban contentos cuando lo decidí, pero cuando empecé a trabajar como DJ todo cambió. Las fiestas son importantes porque son fuente de ingresos, pero hay mucho más”.

Quizá ser DJ connota un sin fin de cosas que, en líneas generales, no están bien vistas, como así tampoco bien valoradas en el mundo de la música. “Muchos dicen que ser DJ es agarrar un paquete de samples y listo, con eso se llaman productores. Personalmente creo que es innecesario hacer eso, es como hacer trampa. Pero al final, lo que importa es hacer sentir algo a alguien”, comenta sobre esa línea de trabajo. “Hay que enfocarse en eso, en la felicidad, en transmitir algo. Si lográs eso, lograste todo”. El «hacer sentir», dice Chris, es algo que debería estar presente en todo trabajo artístico. Como DJs se enfrentan también al vivo de manejar emociones espontáneas en la audiencia, algo que van probando con distintas canciones a lo largo de la noche para ir conociendo a quienes tienen enfrente.

La labor del dúo no se limita únicamente a ser DJs, sino también a producir. Chris no encuentra uno más difícil que el otro, sino que “cada uno tiene sus desafíos y son divertidos. Producir requiere mucho del balance de lo que el otro quiere y lo que se puede hacer. Componer, en cambio, requiere mucho de cómo hacer algo interesante. Además, creo que la complejidad cambia con cada canción”.

Mientras hablamos, relajados y como si nos conociéramos hace años, surge la cuestión del silencio: una cuestión tan necesaria en la vida como en la música. “El productor tiene que saber cuando hacer silencio para escuchar al otro. Y en la música es necesario porque, si todo suena al mismo tiempo, se pierde el sentido”. Si todo suena al unísono, nada se escucha, se produce un ruido que altera y no deja lugar al sentimiento. Él es rápido en hacer una salvedad: “Eso es ruido negativo, pero el ruido puede ser lindo, también. Por ejemplo, cuando estamos por tocar en la prueba de sonido, ponemos un sonido crudo, muy alto, y es super raro sentirlo… Es muy fuerte, pero no molesta, lo sentís en todo el cuerpo y te da una sensación rarísima. Ese ruido es bueno”.

Sentir la canción en el cuerpo es algo a lo que Chris recurre constantemente, incluso cuando habla de una de sus canciones favoritas en el mundo: ‘I Wanna Be Your Lover’ de Prince, que asegura que le parece espectacular ya que la podés sentir en todo el cuerpo. “Necesito eso en la música… Incluso si las canciones son calmas, tiene que transmitir algo, la tenés que sentir”. Así también se sintió con ‘Nothing’s Gonna Change my Love For You’: “tenía siete años, no entendía nada y me hizo llorar. Eso es increíble”.

Pero creo que toda la música transmite algo”, continúa reflexionando. “Incluso una canción pegadiza, de esos hits. Puede no significar nada para mí, pero para alguien sí. Hay audiencia para todo”. Por ello la calificación mala/buena música no tiene sentido para él, ya que siempre va a existir alguien que escucha una canción y le provoca algo. “Hay que enfocarse en eso: hay que enfocarse en hacer sentir”.

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