BACKSTREET BOYS: POP ROYALTY EN ARGENTINA

En el marco del DNA World Tour, regresaron para recordarnos por qué todavía son la mejor boyband

La primera vez que estuvieron en Buenos Aires fue en 1998, en la Bombonera. Aquellas adolescentes haciendo cola para ingresar al concierto en aquel entonces, hoy replican sus pasos en el Campo Argentino de Polo para ver a los Backstreet Boys; la icónica boyband, pionera en la historia del pop como lo conocemos hoy. Ya no somos niñas ni adolescentes, ellos tampoco, pero el entusiasmo del pasado se mantiene intacto.

La nostalgia, de la buena, empieza a invadir la Av. Del Libertador mientras nos cruzamos gente con vinchas de la banda, remeras del tour, banderas y carteles hechos para los BSB. Todo es muy ‘90 y nos encanta. Sin embargo, vernos adultas con la euforia de una púber (de lo cual ya hace rato nos alejamos) nos hace preguntarnos: ¿qué tanto pesarán en el show esos 22 años transcurridos? Como una suerte de análisis de expectativa/realidad, donde todos vamos con la vara muy alta.

Ya empieza a caer la noche y Benjamín Amadeo oficia de telonero, sentando un mood bastante tranquilo y apto para bajar la ansiedad de los presentes. Con una propuesta menos pop que lo que se avecina en apenas una hora, las canciones de Vida Lejana (2016) son agradables para la espera, y la voz de Amadeo en vivo es impecable. Sin mayores sobresaltos, finaliza su performance y, ahora sí, vuelve la inquietud. La disminución progresiva del volumen mientras suena un tema de Bruno Mars, seguida por un video con indicaciones sobre las salidas de emergencia, hace que empiecen las corridas al centro del predio. Las luces se apagan y los gritos se encienden.

AJ McLean, Brian Littrell, Nick Carter, Kevin Richardson y Howie Dorough  están en escena y ‘I Wanna Be With You’, un clásico de 1997, marca el inicio de una noche para revivir hits. El vestuario de los cinco integrantes es un viaje al pasado y a la estética futurista (o lo que considerábamos así en ese momento) del cambio de milenio, un suceso muy hypeado por esos años. El arrepentimiento por una infidelidad en ‘The Call’ y ‘Don’t Want You Back’ refuerzan el poder de las breakup songs de los 2000.  Con ‘Get Down’, todos parecemos recordar algún que otro paso de la coreografía que, para aprenderla, había que esperar la transmisión de su videoclip en MTV y grabarlo en vhs.

Sin embargo, la excusa de BSB para regresar al país es la promoción de su último álbum DNA (2019), que tuvo gran éxito en ventas y reactivó la carrera de la banda. ‘New Love’ es el primer track que interpretan del mismo y, aunque poco conocido por la audiencia, nos mantiene en movimiento como lo hicieron los clásicos. Quizás, porque los americanos supieron reinventar la fórmula que los destacó dos décadas atrás, con elementos actuales.

Llega el momento de las baladas pop y ‘Show Me The Meaning’ es infaltable. Las lágrimas y los puños en alto para cantar con fuerza son el condimento extra que complementa el dramatismo de la canción.  La dulce ‘Shape Of My Heart’, una de las favoritas de los fans, estalla el sing-along en el lugar. “Boluda, están bailando sin playback”, le comenta una mujer a su amiga. Tras 27 años de carrera, las voces intactas, las habilidades coreográficas y la ausencia de lip-sync de los BSB son algo que sorprende gratamente.

Para separar las mitades del show, Kevin y AJ toman la posta, interactuando con sus fans y prendiéndose a menear con el coro insistente de “a ver, a ver, como mueve la colita”, mientras hacen un striptease para el público. “¿Recuerdan cuando, hace muchos años, nos tiraban sus corpiños al escenario? Les estamos devolviendo el favor”, afirma riéndose AJ, mientras en la pantalla muestran un cartel que dice: “Kevin, I want your boxer”, ocasionando carcajadas y gritos. Pero es momento de volver al desarrollo del show y Howie, Nick y Brian se suman para recordar cuántos años tenían cuando se formó el grupo.

“EL GRUPO DA CÁTEDRA SOBRE CÓMO MODERNIZAR ÉXITOS SIN QUE PIERDAN LO QUE NOS GUSTÓ DE ELLOS EN EL PASADO”

 

La emoción desplaza la picardía de los minutos previos para contarnos cómo, al igual que nosotros, han crecido en este tiempo. ‘No Place’ va dedicada a sus esposas e hijos —a quienes saludaron desde nuestro país a través del livestream del concierto—, luego de interpretar ‘Quit Playing Games With My Heart’ y ‘As Long As You Love Me’; consintiendo, una vez más, las exigencias de la audiencia.

No obstante, y como si los dos hitazos hubieran sido poco, nos regalan versiones a capela de ‘Breath’ y ‘I’ll Never Break Your Heart’ (con un par de estrofas en español), acompañadas por las linternas de los celulares —para dejar de lado los encendedores que se estilaban 20 años atrás y destrozaban los pulgares—.

El cuarto final del concierto se instala de la mano de ‘Everybody’, con la que todos saltamos y coreamos el reconocidísimo “Yeeaaah” del estribillo. Este sí era un tema que no podía faltar y lo presentan con unos arreglos que no distan mucho de la versión original. El grupo da cátedra sobre cómo modernizar éxitos sin que pierdan lo que nos gustó de ellos en el pasado. ‘I Want It That Way’, cantada con los outfits blancos del videoclip (un detalle que suma mucho), es la elegida para cerrar su presentación. Un abrazo de los cinco y una reverencia a su público argentino provoca el griterío de las fanáticas.

Los aplausos no cesan y pedimos “una más, una más”. Ellos nos escuchan y salen nuevamente a escena para mostrar con ‘Don’t Go Breaking My Heart’, corte de DNA, que todavía son autoridad máxima e indiscutida en el pop y las boybands. Parte de la audiencia que se comió el amague de que ya había terminado todo, regresa al campo saltando y bailando el último hit de los BSB, quienes saben que su principal atractivo es su sonido reminiscente a los 2000 (brillantemente reciclado en su trabajo más reciente). Teniendo esto en cuenta, la última canción no podía ser otra que ‘Larger Than Life’, con fuegos artificiales coronando un espectáculo inolvidable.

Un regreso esperado, una banda que resistió los cambios en la industria musical durante casi tres décadas, profesionalidad y canciones que marcaron la época dorada de los Backstreet Boys hacen posible que brinden recitales a la altura de su carrera. Lejos de que la revisión a sus mejores años resulte decadente, reinventan con herramientas modernas un hitazo tras otro y salen más que airosos en el resultado, hasta creando otros nuevos para DNA. Por suerte, todavía tenemos BSB para rato.

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