ALGUIEN QUE SOLÍA CONOCER: LILY ALLEN

MySpace, polémicas, drogas y muy buenos temas cantados por una muchacha tan picante como talentosa

Antes de Facebook, Twitter e Instagram hubo una red social que generó los primeros fenómenos virales en internet. MySpace, la plataforma más usada de 2005 a 2008, brindaba a los artistas la posibilidad de formar una comunidad virtual y vincularse con el público. Si bien los Arctic Monkeys son el caso de mayor éxito, una muchacha londinense de 21 años que contaba anécdotas personales mientras compartía sus canciones generó una gran cantidad de seguidores, lo cual derivó en un contrato con EMI y la grabación de su primer álbum. Todos recordamos con cariño Alright, Still (2006), el debut discográfico de Lily Allen, pero ¿sabemos qué fue de su vida luego de haber desaparecido de la esfera mundial del pop? En SPE te traemos la respuesta.

Hija del comediante galés Keith Allen y la productora de cine Allison Owen, y hermana de Alfie —famoso por su rol como Theon Greyjoy en Game of Thrones (2011)—, Lily se hizo conocida por MySpace, aprovechando la difusión que permitía la red social en auge de ese momento. ¿Cómo lo hizo? El coqueteo con el ska de The Specials a través de un jazz rapeado generó un pop de sonido elegante, rimas descaradas y comentarios insidiosos. Sin pudor alguno, la joven contaba las vivencias que le pueden ocurrir a una post adolescente. El mejor exponente de su sádica prosa y narrativa es ‘LDN’, donde cuenta con ironía cómo se siente a gusto con la vida en la ciudad de Londres. Un proxeneta y una prostituta, un joven robándole a una anciana, todo mientras va caminando porque la gorra (the filth) le había quitado su licencia. “¿Por qué querría estar en otro lugar?”, canta sonriente con su vestido y sus zapatillas deportivas, patentando un look que marcaría tendencia. A su vez, en ‘Smile’ construye la canción de ruptura más acertada para los jóvenes de los 2000. Cantando como una diosa del R&B sobre una base ska, se burla del sujeto que le metió los cuernos y ahora le pide volver con ella: “When i see you cry, it makes me smile”, rima con su dulzura irónica.

 

“A LOS 15 AÑOS, TRABAJÓ COMO DEALER DE ÉXTASIS EN IBIZA, AUNQUE NO ERA MUY BUENA YA QUE TOMABA MÁS DE LO QUE VENDÍA”

 

Alright, Still fue coproducido por Greg Kurstin y Mark Ronson, y tuvo muy buenas reseñas en Pitchfork y Rolling Stone, ganándose un lugar en grandes festivales británicos como el T at the Park y el Glastonbury. Sin embargo, su presentación en el mundo de la música no estuvo libre de escándalos. Según un artículo publicado por NME en junio de 2006, la cantante expuso en su blog que le daba bronca que Luke Pritchard (con quien compartió colegio) vistiera sombreros de paja y anteojos de sol haciéndose el chico malo, y que le molestaba que Carl Barat, ex The Libertines, no haga contacto visual con nadie en backstage. También fue controversial su respuesta cuando le preguntaron cómo celebraría si ‘Smile’ llegaba al número 1 en los charts de UK, y su respuesta fue “gak” (falopa sería la traducción más adecuada). Luego dijo que fue bromeando, pero también aclaró que cuando vivió en Ibiza trabajó como dealer de éxtasis a los 15 años, aunque no era muy buena ya que tomaba más de lo que vendía. Una picante.

Las expectativas eran altas para It’s Not Me, It’s You (2009), donde Allen se despega del ska y el jazz para concentrarse en un sonido más cercano a la nueva década. Con una producción más versátil, se convirtió en una cantante pop que tomaba del rap los versos bien construidos y la irreverencia rebelde bien direccionada. Nuevamente producido por Kurstin, el álbum no fue tan constante como su debut, donde los mejores momentos se dan cuando abandona los mandatos sociales (un tanto forzados) y aboga sobre sus percepciones individuales de lo que la rodea. «No sé lo que es correcto y lo que ya no es real«, admitía en ‘The Fear’, una crítica elegante y astuta a una industria en la que no se sentía tan cómoda.

Luego de su segundo trabajo, Lily se tomó un período de descanso para dedicarse de lleno a su vida personal. En ese hiato profesional se casó y tuvo dos hijas, pero la tranquilidad no le duró demasiado. Sheezus (2014), su regreso a las tablas, la encontró despotricando contra la industria que la vio convertirse de adolescente a mujer. A partir de un sonido radiofónico y «marketinero», critica todo lo que no funciona en las discográficas. “You should probably lose some weight because we can’t see your bones”, declaraba en ‘Hard Out’, para luego atajarse diciendo “and if you can’t detect the sarcasm, you’ve misunderstood”. Había vuelto.

No obstante, el retorno no fue tan perecedero como parecía ya que tuvimos que esperar solo cuatro años para el siguiente disco. No Shame (2018) presentó a la artista más madura y serena, con temas que, en su mayoría, hablan sobre la relación con sus hijos y la ruptura de su matrimonio, así como del abuso de drogas. Un material agridulce que, si bien fue gratamente recibido por los medios, dejó claro en las métricas que ya no es la estrella pop que supo ser a inicios de los 2000. De hecho, tuvo más repercusión la autobiografía que lanzó junto al álbum, donde abre las puertas de su intimidad: describiéndose como una sobreviviente de la fama, cuenta sobre su affaire con Liam Gallagher, las situaciones de abuso en la industria musical y su apoyo al movimiento feminista. “Si me muero, quiero que mis hijas sepan cómo fue mi vida por mí y no por los diarios«, declaró sobre los motivos que la llevaron a contar su historia.

Su prosa ácida, actitud desfachatada y voz preciosa, convirtieron a Lily Allen en uno de los primeros fenómenos musicales en la era de la instantaneidad de internet. Con menos repercusión que en sus inicios pero el mismo nivel de talento, ingenio e irreverencia, deseamos que no se convierta nunca en alguien que solíamos conocer.

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