ALEX ANWANDTER EN NICETO: BAILE POLITIZADO

En su vuelta al país, el cantante chileno desplegó todos sus dotes frente a un público devoto a su figura.

La música de Alex Anwandter invita a dos cosas: a bailar y a cuestionarnos nuestra realidad. El músico logra insertar un fuerte comentario político sobre la masculinidad y el género en una música pop bien lograda, innovadora y chiclosa (sin llegar a caer en clichés). Las densas y reflexivas letras son casi contradictorias con lo alegre que es la instrumentación que, por momentos, puede pasar a un segundo plano cuando es reproducida. En vivo, Alex no permite que olvidemos la carga significativa de su música, y esa dimensión de las líricas toma un protagonismo único que las llena de significado, convirtiendo sus recitales en un espacio de protesta y hermandad donde todos bailan, pero también se transforman.

El chileno volvió a Buenos Aires después de una fecha el año pasado, y de haberse presentado en la última edición del Lollapalooza, para dar su show más importante en el país hasta la fecha. El mismo se realizó en Niceto Club, donde se pudo ver a un showman que no teme darle la mano al público para que entienda el trasfondo de sus canciones, sin dejar de propiciar las melodías para que esa audiencia baile descontrolada.

Un poco pasadas las 9, salió la banda que lo acompañaba, unos segundos y varios aplausos después, apareció Alex con un pantalón de cuero negro y una remera roja. ‘Amiga’, dio el arranque, despegando del suelo los pies de la gente desde el comienzo. Siguieron otras como ‘Siempre es Viernes en mi Corazón’, el primer hit de la jornada, mientras iba quedando asentado que las revoluciones no bajarían ni un segundo. En su primer saludo, presentó lo que vendría a continuación: ‘Traición’, para el cual explicó que “es un tema que habla sobre la masculinidad tóxica”. Si bien la canción es explícita (la letra lee: “Pero tu eres hombre y no piensas en nada, excepto en tu propia satisfacción”), el acote del cantante fue importante para hacer énfasis en la intención que tiene de incomodar, de no dejar pasar desapercibido su mensaje ni por error.

Esa idea se reforzó cuando agarró por primera vez la guitarra y volvió a dirigirse al público. “Este es para los pakis, que esta noche también tienen su espacio. Y ese espacio es un tema.”, sentenció, generando una gran carcajada comunal en la sala. Al marcar este tipo de cosas, Anwandter logra hacer sentir a todos en un espacio de diversión seguro, donde, por lo menos durante las horas de show, a nadie le importa quien seas. La canción en cuestión fue ‘Eramos Todos Felices’, de su antigua banda Teleradio Donoso. En sí, fue una de las partes más rockeras del show. “Bien macho, con muchos solos de guitarra”, decía jocoso y consciente.

La velada avanzaba y también lo hacía la energía del público. Canciones como ‘Tatuaje’ o ‘Latinoamericana’ saciaban las ganas de baile y goce. Por otro lado, el momento que partió en dos la noche fue la emotiva rendición de ‘Manifiesto’. El tema, donde Alex habla abiertamente sobre su identidad y los prejuicios hacia ella, tiene una inspiración que parecería seguir vigente hoy en día. Antes de hacerla, contó que en sus días de dar notas en Buenos Aires, un periodista llegó con un ojo morado porque “le habían pegado «por puto»”. El silencio en unísono de toda la sala al pronunciar esas palabras hizo que el momento tome una seriedad significativa, de un calibre que se ha visto en muy pocos shows. Sin duda, fue el mensaje más fuerte que dio durante toda la noche, y son este tipo de declaraciones las que lo distinguen de muchos artistas que prefieren el silencio o la tibieza.

Para el final, un pequeño interludio le permitió sacarse la remera y aparecer en una musculosa negra que daba un mensaje: “Ahora sí vamos a sudar”, sentenció. No sin antes excusarse por haber venido a Lolla y no haber hecho fecha solista, solidarizándose con la situación económica del país. Canciones como ‘Una Nueva Vida’, ‘Locura’ y ‘¿Cómo Puedes Vivir Contigo Mismo?’, en versiones muy extendidas y bailables. le dieron el broche de oro al show, concluyéndolo muy arriba, con una sala que se desbordaba y que lo pedía de vuelta lo más pronto posible. Así, el chileno se despidió, habiendo dado cátedra de cómo bajar línea en un recital, sin perder la noción de diversión y celebración que debería tener una gran presentación.

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