DIVIDIDOS: PARLANTES EN EL CORAZÓN

30 años, una sonoridad intacta, sus poderosas canciones y la vorágine que desataron con un potente show en La Plata.

 Ricardo Mollo, integrante de Divididos, durante un show de Divididos en el estadio Atenas úbicado en la ciudad de La Plata, prov. Buenos Aires, el dia Sábado 7 de agosto de 2019. Divididos, agrupación insignia del rock argentino, se presentó en el estadio Atenas de La Plata. 7 de agosto. Foto de: Mayra Chamorro

Por segunda vez en el año, Divididos regresó a la Ciudad de La Plata con un show deslumbrante y energético. Luego de girar por todo el país, celebrando sus 30 años de carrera, los agitadores del oeste volvieron a pisar fuerte en el Microestadio Atenas y se consagraron en una noche más que revolucionada.

A lo largo de su historia, el rock argentino cosechó una gran cantidad de tríos legendarios. Desde Manal, Vox Dei, Pescado Rabioso y Pappo’s Blues; pasando por Color Humano, GIT y Soda Stereo; hasta llegar a Divididos. Es cierto que algunas de ellas han contado en ocasiones con un cuarto integrante, y a veces con varios más (como en el caso de Cerati, Bosio y Alberti), pero cada uno de esos grupos será recordado por pertenecer a esa discutible liga denominada «power trío».

Ahora bien, ¿qué es lo que define a un power trío?, ¿será el poder de su sonido, su estilo, o la huella que dejan en la historia de la música?

Para Divididos lo es todo: la situación musical que genera la banda, integrada por Ricardo Mollo (voz y guitarra), Diego Arnedo (bajo) y Catriel Ciavarella (batería), resulta tan desafiante en cuanto a lo técnico como feraz en lo musical. No cualquier músico puede generar ese efecto alienante, shockeante y de petrificación musical. Cada concierto es una demostración de destreza, técnica y resistencia tan contundentes que probablemente sea el power trío más importante del país. Al fin y al cabo, por algo se la apoda “La aplanadora del rock and roll”.

Los primeros sucesos de aquél sábado a la noche denotaron cierto grado de vehemencia frente a la apertura del estadio: Atenas sucumbió ante la afluencia de personas que, por inercia, se apropiaron de los espacios vacíos.

Minutos más tarde, el recinto permaneció saturado. La situación era caótica y elevó rápidamente la temperatura atmosférica del lugar.

Faltaban pocos minutos para la apertura del show y, en aquel idóneo momento subyugado por fogosidad y anhelos, la multitud comenzó a estimularse palpitando el impacto de una noche desquiciada. Fue entonces que se entonaron los primeros cánticos: “Escuchenló, escuchenló, escuchenló, la aplanadora del rock and roll es Divididos la puta que lo parió”. 

La banda liderada por Mollo siempre se caracterizó por incluir en su vasta obra infinidad de frases, costumbres y raíces argentinas. Es parte de su leitmotiv, aquel que los hace estar en combustión espiritual. No es casual, entonces, que para iniciar el espectáculo la aplanadora haya decidido poner el himno nacional.

El vigor fue incontenible y el público estalló de emoción, acompañando cada oración y cada estrofa con las manos en alto. Para terminar de coronar la ocasión, Ricardo apareció en el escenario mostrándose completamente a merced de la gente. Arnedo y Catriel fueron sus sucesores. Ahora sí, con pedales sulfatados, la bronca linda arrancó.

“Siempre soñé con una pared de equipos al re palo”

El puntapié inicial estuvo a cargo de ‘Cajita Musical’, ‘Ay Que Dios Boludo’ y ‘Casi Estatua’, canciones ideales que funcionaron como aperitivos para estimular el apetito. Pero, hasta entonces, nadie era consciente de la voracidad que los acechaba.

‘Un Alegre’, ‘Mantecoso’ y ‘Basta Fuerte’ fueron el tándem responsable de armar rondas de pogo entre la multitud desaforada. La noche parecía no tener fin, nada importaba más que gozar de aquel preciso momento. “Siempre soñé con una pared de equipos al re palo”, cantaba Mollo, y resultaba monstruoso verlo, junto a Arnedo y Catriel, delante de gigantes paredes de amplificadores. 

El momento más íntimo de la noche llegó con una especie de intervalo unplugged, en donde se sirvieron en bandeja los hits más radiales, que fueron interpretados junto a colegas invitados. Uno tras otro: ‘Como Un Cuento’, ‘Sisters’, ‘Spaghetti Del Rock’, ‘Par Mil’ y el clásico folklore “Huelga De Amores”.

Luego de aquellas interpretaciones, Catriel Ciavarella esbozó un bestial solo de batería al que, inevitablemente, se sumó Diego. Todo desencadenó en una furiosa introducción que hizo temblar el estadio con ‘Vida De Topos’, ‘Amapola Del 66’, ‘Zombie’, ‘Sucio Y Desprolijo’, ‘Paisano De Hurlingham’ y ‘Paraguay’.

El clímax de la noche llegó con ‘El 38’ y ‘Ala Delta’. La fiesta se aseguró y, a pesar de los años, la aplanadora del rock and roll está intacta, y lo seguirá estando.

Por último, insinuando una despedida, el vocalista y guitarrista de Divididos pidió a su público alguna sugerencia. En aquel preciso momento, una remera negra cae envuelta sobre sus pies. “De la gerencia llegó una sugerencia”, dijo Mollo entre risas, mientras colgaba la remera arriba de sus equipos, dejando relucir una vívida estampa de Luca Prodan. Como es costumbre, el cierre brindó un asiduo homenaje a Sumo y sonaron, casi sin respiro, ‘Crua Chan’, ‘El Ojo Blindado’ y ‘Nextweek’.