RICHARD COLEMAN Y ANDREA ÁLVAREZ EN NICETO: EL ROCK (NO) HA MUERTO

Tantas veces me mataron, tantas veces me morí.

No es novedad que el rock haya muerto. Basta con ver las listas de todo el mundo en los últimos cuatro años para dar cuenta de cómo el rap y la música urbana lo destronaron completamente, relegándolo a ocupar posiciones más bajas de las que estuvo acostumbrado durante los últimos 50 años. Por ello, Richard Coleman y Andrea Álvarez decidieron oficiar una misa en Niceto Club para darle al género la despedida que se merece.

El núcleo central de la obra platónica es la «Teoría de las Ideas». Si bien Platón nunca la formula como tal en sus escritos, el concepto atraviesa todos sus libros, desde ‘La República’ hasta ‘El Fedón’.

En líneas generales, lo que plantea el filósofo griego es la existencia de dos mundos: el sensible y el inteligible; donde el primero representa lo que conocemos a través de los sentidos, lo tangible; y el segundo a las ideas, donde existe «la verdad de las cosas». Según el autor, las ideas tienen como características el ser inmateriales, eternas y constituir el arquetipo de la realidad sensible.

Se podría decir, entonces, que en el mundo inteligible existe la idea de rock, aquella que también se la puede denominar como esencia inmutable e inmortal, ya que puede subsistir independientemente de si se la piensa o no, porque, aunque sea olvidada, siempre estará.

“Festejamos la resistencia, la unidad, a los que ya no están y a los que sí. A todos, gracias”

En la Argentina, la muerte del género se vio intensificada con la explosión del freestyle y las batallas de gallos, siendo el Quinto Escalón gran responsable de ello. Hoy en día, los artistas más escuchados son aquellos que hacen trap, y muchos de ellos son hijos de ese fenómeno, como Duki, Cazzu e Ysy A, por mencionar a algunos.

Bajo este contexto, con un Niceto Club colmado de gente y olor a sándalo, Andrea Álvarez salió a escena, junto a Tomás Brugues (guitarra) y Lonnie Hillyer (bajo), para comenzar a despedir al muerto. ‘Te lo Juro’ fue la elegida para la apertura.

A lo largo del show, Álvarez y su banda fueron rindiendo culto al género de manera sagaz. Brugues, con una Gibson Les Paul al hombro y un Marshall detrás, se llevaba todos los aplausos después de cada solo, y Álvarez era ovacionada al final de cada canción.

“Festejamos la resistencia, la unidad, a los que ya no están y a los que sí. A todos, gracias”, fueron las palabras que pronunció la frontwoman antes de despedirse con ‘Se Pudre Todo’.

Luego de una breve espera, Álvarez volvió al escenario junto a un Coleman que parecía la viva encarnación de Edgar Allan Poe. Buenas noches, el rock ha muerto, otra vez”, exclamó el ex Fricción, y juntos comenzaron a interpretar ‘Sucio y Desprolijo’ de Pappo, para seguir con ‘Post Crucifixión’ de Pescado Rabioso y terminar el set con ‘Uno Entre Mil’ de Gustavo Cerati.

Tras el sentido homenaje, el telón se cerró y fue el turno de Mariana Enríquez para dedicarle unas palabras al difunto. La escritora dio un breve discurso tomado de Nick Cave, donde el artista reflexiona sobre el devenir del rock, y cuya tesis se resume en que ya no tiene la misma fuerza que antes para librar las grandes batallas sociales que supo luchar. Por lo que quizás sea tiempo de dejarlo morir un poco, para que en algún momento vuelva a resurgir con su plena capacidad de transgredir.

Después de unos minutos, las cortinas volvieron a abrirse y, con una intro a lo ‘Where the Streets Have no Name’ de U2, comenzaron a sonar los acordes de ‘Desechos Cósmicos’. 

La segunda fue ‘Fuego’, pero un desperfecto con el micrófono hizo que Coleman deba interrumpir la canción. La corriente eléctrica que emanaba le impedía cantar cómodamente. “Me la mandaron de arriba” (señalando al cielo), bromeó. 

Con el problema ya solucionado, el músico continuó con ‘Simpático’, ‘Turbio Elixir’ y ‘El Agua no se Puede Beber’. La nostalgia se sintió con ‘A Veces Llamo’, de Fricción, y ‘Tuyo’, de Los Siete Delfines, que evocó al pogo.

Al ritmo de “Los días futuros ya volverán” (letra de ‘Días Futuros’), Coleman le daba un cierre a la noche y, antes de despedirse, llamó a todos los músicos para hacer el saludo final. 

Todo chiste, en el fondo, encubre una verdad”, es una frase que se le atribuye al psicoanalista Sigmund Freud y que se desprende de su libro ‘El Chiste y su Relación con el Inconsciente’ (1905). Con el pretexto de un funeral en broma, Álvarez y Coleman abrieron el camino hacia una reflexión más profunda. Como dijo Nick Cave, quizás el rock necesita morir un poco volver a ser rock. Y retomando el concepto platónico, no olvidar que el rock, en su carácter inmortal, siempre estará allí, en el mundo de las ideas, esperando ser recordado para poder resurgir.