KAKTOV: “HAGO ESTO POR LA PLATA”

Odia lo que hace y ama lo que es. Kaktov tiene mil planes y ninguno está en el trap.

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Músico, tatuador, modelo y punkie. Kaktov es un dado de mil caras, cada una más intrigante que la otra, e intenta describirlas con nosotros en una charla que, en parte, es un relato de su vida.

SPE: ¿Es difícil tener muchos trabajos y ser relevante en todos a la vez?

Kaktov: No, pero yo soy un desastre [risas].  Llegué tarde a la entrevista porque tenía un turno para tatuar. Me quedé dormido, me desperté, tatué y vine. Soy bastante caótico, pero siempre encuentro algún espacio libre para meter un tatuaje, hacer fotos para alguna marca de ropa, grabar un tema o filmar un video. Igual voy terciarizando lo que puedo porque si no me volvería loco: tengo a un amigo que me organiza el instagram de los tatuajes y me agenda los turnos, y a mi manager que me ordena el día según las prioridades. Lo bueno es que todo funciona con gente de mi crew, así me siento más cómodo.

SPE: Se nota que no te olvidaste de tus raíces...

K: Para nada, vivo con tres amigos que conozco de toda la vida y con los que trabajo; armamos un estudio grande en una casa gigante que alquilamos y siempre tratamos de ayudarnos. Al final, te podés hacer rico y famoso, pero si estás solo es una mierda, lo que realmente vale es ayudar y tener cerca a la gente que querés. Tuve que aprenderlo a los golpes: hubo un momento de mi vida en el que fui solitario, no le daba cabida ni a mis viejos ni a mis amigos, desaparecí por completo. Por suerte, me di cuenta de que, por más bien que te vaya, es imposible disfrutar solo. Hoy prefiero no llegar a comprarme un auto, pero repartirlo todo entre mi gente y que a nadie le falta un lugar para dormir ni un plato para comer.

“En el templo vieron mi esencia y me ayudaron con la rehabilitación”

SPE: ¿Sentiste que tenías que cambiar?

K: Si, me cayó la ficha cuando toqué fondo. Fue un momento en el que estaba en cualquiera: pasé de vivir de prestado en un barrio re jodido, en la casa de un amigo que era una especie de templo umbanda, a irme a uno hinduista para recuperar la relación con las personas que quería, rehabilitarme de las drogas y volver a ser sensible, ya que sentía que era algo que había perdido. Viviendo en la comunidad Hare Krishna aprendí a manejar mi ego y a preocuparme por el resto.

SPE: ¿Y cómo entraste ahí?

K: Venía de tocar en bandas de hardcore y punk, y hay una movida ahí dentro que se llama straight edge, la cual está compuesta por pibes que no se drogan ni toman alcohol, ya que creen que el verdadero rebelde es el que no consume. Cuando los Hare Krishna vinieron a predicarle a los straight edge, varios conocidos me invitaban a probar la comida vegetariana que hacían, así que me decidí a ir y terminé pegando buena onda con los monjes. Es raro, porque yo era un pibito re gede, pero ellos jamás vieron mi físico, sino mi esencia. Al final, terminé viviendo con ellos por un tiempo; me ayudaron con mi rehabilitación y reinserción a la sociedad.

SPE: ¿Te consideras trapero?

K: No, odio el trap. En un momento me tuvo enamorado, pero me di cuenta de que está pegado a unos valores de mierda. Últimamente, estoy tratando de alejarme lo más que puedo de la palabra porque me da asco. Toda la vida fui punkie, así que prefiero que me llamen así antes de que me etiqueten como «trapero» o «rapero»; para mí ya es una mala palabra.

 
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“Odio todo lo que hice en el pasado, aunque creo que es algo que le pasa a todos los artistas”

 

SPE: Si no te gusta el trap, ¿qué música escuchás?

K: Me gusta mucho el punk, pero escucho de todo. He tocado el contrabajo en algunas bandas de tango, género que me encanta, y mi papá, que es gitano, me inculcó el amor por el flamenco. Prácticamente me crié escuchando a Camarón y a Tomatito, por lo que es algo que llevo en mi sangre. Lo que menos escucho es trap y música electrónica, pero después… Desde metal hasta cumbia colombiana.

SPE: Hace poco hubo un gran revuelo en las redes por un comentario que hiciste sobre la industria musical y el dinero. ¿Realmente estás solo por la plata?

K: Obvio que sí, no me gusta lo que estoy haciendo; si no generara el dinero que genera, no lo haría. Odio todo lo que hice en el pasado, pero creo que le pasa a todos los artistas, no solo músicos: cuando veo un tatuaje mío de hace un año siento que es una basura, y cuando hago un tema, después de escucharlo un par de veces, lo termino detestando. Lo que dije de la plata fue porque no quiero que compren que soy eso: soy fanático de Nietzsche y de la contradicción, así que aunque me veas haciendo esto y no me guste, lo hago lo por la plata, y aunque tenga un discurso súper anticapitalista, aprendí a vivir siendo una sanguijuela y uso el capitalismo para algo bueno.

SPE: ¿Y qué opinas del conflicto que surgió con la «nueva ola» del trap?

K: La «nueva ola» no es otra cosa que sonar diferente y cambiar el paradigma, y quien se lo haya tomado como una ofensa quizás se sintió desplazado, la verdad que no lo sé. Yo salté a defender a los pibes y la termine ligando, pero ya quedó todo bien: hablé por privado con Duki, con quien nos conocemos y ranchamos juntos, y solucionamos todo. Hay un circo que gira en torno a internet, y el problema empieza cuando creés que eso es real. No es picanteo de verdad; todos suben fotos enfierrados, pero no se pegan tiros. Está bien, es parte de lo que venden.

SPE: ¿Pensás alejarte de lo que venís haciendo?

K: Ya esta hecho: voy a grabar un EP compuesto por cinco temas de punk que escribí yo mismo y que reflejan un poco más quien soy, porque al final Kaktov es un personaje. Igual, lo único que tengo realmente planeado para el futuro es dejarme la barba larga, no tener espacio en la piel e irme a una montaña para leer todo el día y cultivar mi propia comida.

SPE. Si un Kaktov de 10 años te viera hoy, ¿estaría orgulloso?

K: Sí, porque estoy viviendo sin jefe, sin dios y sin amo. Capaz hace un tiempo mi «yo» wachín me miraría mal, pero estoy seguro de que hoy me vería y estaría orgulloso.