JUAN WAUTERS EN EL XIRGU: EL HOMBRE DE LA CALLE

Espontaneidad y sencillez fueron las principales características de la vuelta del uruguayo a Buenos Aires.

 Juan Wauters, cantautor úruguayo, durante su show en el Teatro Xirgu (untref) úbicado en Buenos Aires, el dia Viernes 5 de agosto de 2019. 5 de agosto de 2019. Foto de: Melanie Guil.

A priori, un show de Juan Wauters no es como cualquier otro. En sí, Juan no es como muchos músicos. El uruguayo radicado en Estados Unidos es conocido por su personalidad irreverente, su sentido del humor y su facilidad para pasar del inglés al español en sus sencillas (pero directas) letras: con poco hace mucho. Este principio se traspasa a sus presentaciones en vivo, o por lo menos así lo demostró en el Xirgu durante su paso por Buenos Aires. Visita en la que, durante gran parte del recital, estuvo solo con su guitarra guiando a la audiencia a su voluntad. 

El cantautor salió unos momentos antes de las 22, acompañado por un bajo, una percusión y una flauta traversa. Durante los primeros 15 minutos, el teatro estuvo en completa oscuridad, mientras una única luz se posaba sobre el escenario, donde, sobre el rincón derecho, se encontraba la banda. A completa oscuridad sonaron temas como ‘Blues Chillango’ o ‘Disfruta la Fruta’ (en a capela), mientras la gente acompañaba tanto en el canto como complementando los instrumentos faltantes con sus coreos. Más temprano que tarde, la banda abandonó la tarima y lo dejó solo frente a la sala, y aquí empezaría la conquista del cantante con su audiencia... Lo que propone Wauters se basa en dejar que las cosas fluyan: desde que se sube sin una lista escrita hasta que escucha las peticiones del público, todo lo que sucede es espontáneo y real. Entre los temas brincaba por el escenario, amagaba a tirar la guitarra, metía referencias de bandas locales icónicas como Viejas Locas o Los Piojos, él era el show.

Una vez encendidas las luces, se pudo apreciar que el teatro estaba lleno de seguidores que miraban con ilusión al cantautor, quien los conquistaba con su tímida y peculiar sonrisa. Esa es otra cosa a notar en un concierto de Juan, su público es muy devoto a él. Es como si no hubiera punto medio: en un lado están los que no saben y nunca sabrán quién es, y en el otro hay un puñado de gente que encuentra en su sencillez a uno de los mejores artistas latinos hoy en día, pero que, más allá de eso, lo ven como un amigo. 

Uno de los momentos clave fue ‘Guapa’: a simple guitarra y voz, con el acompañamiento de la gente para las armonías y los coros de fondo, logró una rendición honesta y cálida de una de las mejores canciones que ha escrito. Fue en ese momento que la conexión con la gente se tornó más pura que nunca: no había celulares grabando y nadie le quitaba la mirada, como si no se quisieran perder de ningún detalle. Después, aprovechando la intimidad generada, habló al público y agradeció la asistencia, sentenciando: “Ustedes pagaron su entrada para venir, así que hagan sentir su presencia”, dejando que la audiencia explote en ovaciones. 

La confianza con su gente llegó a un punto cómico sobre el final del recital.

A continuación, volvió el resto de su banda para una movida versión de ‘Sanity or Not’ que puso a bailar a todos, y que permitió apreciar otra cara de uno de los temas más conocidos de su repertorio. Después hizo una larga e interactiva versión de ‘Escucho Mucho’ en la que el bajo, la flauta y la percusión pudieron brillar individualmente y en conjunto. 

La confianza con su gente llegó a un punto cómico sobre el final del recital. Muy vivo, contestó: “Todavía no me fui”, a una chica que preguntó cuándo pensaba volver. A otro le confesó que ‘Mi Vida’, canción que el muchacho le estaba pidiendo, es su favorita del disco La Onda de Juan Pablo. En esos pequeños detalles es donde yace lo mejor del concierto: una experiencia íntima con un artista que se muestra (igual que en su música) como un hombre más que te puedes encontrar en el mercado. 

En el final, amagó a irse, pero cedió a las presiones del público y se quedó a hacer un par de temas más mientras hablaba sobre los mismos. Una chica pidió ‘El Hombre De La Calle’ y Juan hizo que habiliten el piano de cola para cantarla de pie, mientras tocaba con una mano y con la otra sostenía el micrófono. A otro chico (y a quien escribe) le concedió una versión cruda y pura, solo con la guitarra, de ‘Dos’; luego contó que escribió ‘Machete’ en Buenos Aires, y la cantó a capela como forma de homenaje. Terminada la parte más dinámica del show, una ovación que se extendió varios minutos rugió en la sala de San Telmo, mientras el artista se abrazaba con la gente que estaba en las primeras filas. “Me encantaría conversar con cada uno de ustedes”, dijo antes de prometer que volverá pronto. 

La naturalidad del cantante para hablar e interactuar con sus seguidores muestra que detrás del compositor hay un tipo humilde y sencillo, quien no se deja desviar por sus años viviendo en suelo americano. Si bien el formato «chico» puede sentirse apagado a ratos, lo cierto es que la magia en un recital de Wauters radica en lo que pueda pasar en ese momento y solo ahí. Esa experiencia es irrepetible, pero podemos esperar un show igual de auténtico la próxima vez que Juan esté por tierras porteñas.