JUANA MOLINA: MENOS ES MÁS

La cantante reafirmó su caudal artístico con un show ininterrumpido en el Teatro Ópera de La Plata.

La cita estaba prevista para las 20, pero una hora después ella aún no aparecía. La irritabilidad del público se tradujo en las típicas palmas chocándose cada vez más alto para pedir que alguien salga a escena. A las diez menos cuarto, la melena rubia suelta en el carré que caracteriza a Juana Molina salió al escenario del Teatro Ópera de La Plata, acompañada de Odín Schwartz (teclado y bajo) y Pablo González (batería).

La última vez que estuvo en la ciudad platense fue el año pasado, cuando la convocaron para ser telonera de los legendarios británicos Depeche Mode en el Estadio Ciudad de la Plata. Luego, se embarcó con destino a Dinamarca, Portugal y Estados Unidos, donde presentó su obra en distintos venues y festivales.

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La simpleza en la atmósfera del lugar (con algunos paneles lumínicos arriba y a los costados, sin visuales detrás) predijo que el foco sería puesto en la ejecución de los instrumentos y la presencia de Juana. Mientras unas luces incandescentes solo dejaban ver la silueta de la compositora, la euforia del público disipó la impaciencia de las horas previas, y apareció el primer tema del setlist: ‘Cosoco’, de su más reciente trabajo Halo (2017). La oda al amor no impidió que todos bailaran al compás del punteo del bajo de Schwartz. 

La inmediata sucesión entre ‘Cara de espejo’ y ‘Estaláctica’ generó la ilusión de que ambos tracks se fusionaron para el deleite del espectáculo. La hipnosis continuó con ‘Paraguaya’, una de las canciones más populares de la artista, que presentó una versión alternativa más veloz y rockera que la de estudio.

Viajó unos años al pasado con ‘Lo Decidí Yo’, que fue el primer track de Wed 21 (2013) marcando presencia en el concierto . Luego continuó con ‘Un día’, editado en 2008, para seguir repasando sus antiguos trabajos. 

Juana sorprendió a su público al dejar a un lado el micrófono para interpretar, junto a su bajista, una coreografía sincronizada. Entre los gritos entusiastas de la audiencia, la danza la desplazó por todo el escenario hasta toparse con la batería, donde se sentó y tocó hasta el final del tema en compañía de González. “Por favor, no me hagan bailar más porque tengo un problema en la rodilla y me duele cuando me muevo así”, respondió Juana riéndose. 

Sin embargo, a esa le sucedieron aún más secuencias de baile menos elaboradas, pero que contentaron a los presentes más allá de su simpleza. Durante ‘In The Lassa’, la puesta en escena se destacó con un juego de luces apuntadas a los perfiles de Molina, efecto que acompañó la energía in crescendo de la canción.

Luego de tanto movimiento, el inicio de ‘Ferocísimo’ la confundió y, con el aliento de la multitud que alejó la tensión posterior al error, arrancó de nuevo los primeros acordes del tema.  Al finalizar, haciendo alusión al incidente previo, se parodió a ella misma actuando como Marcela, La Modelo —personaje que encarnó en los ‘90 y fue parte del sketch humorístico que la catapultó a la fama, ‘Juana y Sus Hermanas’—.

El show parecía finalizar, tras dos horas ininterrumpidas de presentación, con los tres músicos abrazándose para hacer una reverencia a los espectadores. Se retiraron del escenario, pero el clamor de los asistentes dio lugar a un encore compuesto por dos canciones más. Una de ellas fue ‘Final Feliz’, con la que cerró el concierto para los platenses. “Volveremos”, dijo al despedirse, renovando la esperanza de que, pronto, los habitantes de la capital provincial bailarán nuevamente junto a ella.