BABASÓNICOS: DE HADRONES Y OTRAS PARTÍCULAS

Babasónicos regresó a La Plata con un show extraordinario que brindó una experiencia única, a través de canciones que recorrieron toda su discografía.

 Luego de lanzar Discutible (2018), el pasado 13 de julio Babasónicos regresó al Club Atenas de La Plata con un show suntuoso que, a ocho meses de su antecedente, logró superar cualquier expectativa y alcanzó niveles admirables que provocaron interacciones fuertes con el séquito presente.

Es que dentro de la lógica improbable que gobierna el universo de los Sónicos, resulta inevitable abstenerse a los placeres del trance. Es por ello que sus conciertos cautivan. Y cómo escaparse si, además, la matriz es construida a partir de las canciones narcóticas que atraviesan su discografía. 

De esta manera, la agrupación precedida por Adrián Dárgelos (voz) brindó uno de los recitales más eléctricos del año —en lo que respecta a la ciudad urbanísticamente planificada—, que se destacó por su desarrollo y puesta en escena, generando lazos de empatía secular con el público presente. 

Los primeros sucesos de aquél sábado a la noche denotaron cierto grado de vehemencia frente a la apertura del estadio: Atenas sucumbió ante la afluencia de personas que, por inercia, se apropiaron de los espacios vacíos. Conociendo Rusia fue la banda encargada de acompañar este proceso de atestamiento, y logró moderar la conducta de aquella acción desenfrenada con la melosidad pop de sus baladas. 

“Quiero ser partícula de ustedes y que me lleven a sus casas”

Minutos más tarde, el recinto permaneció sombrío ante un apagón de luces que puso en marcha la cuenta regresiva. En aquel idóneo momento subyugado por fogosidad y anhelos, la multitud comenzó a estimularse palpitando el estupor de una fiesta insuperable. 

Bajo el claroscuro, intensificado por las coloraciones y las sombras que se producían en el escenario, comenzó a vislumbrarse el ingreso de los Babasónicos. Casi todos estaban allí, todos menos uno: Dárgelos. 

Repentinamente, el primer acorde de guitarra irrumpió junto a la sonoridad de una voz quebradiza que, de manera elocuente, parecía dictaminar un dulce y catastrófico encuentro. “Nunca supe el costo de chocar con la verdad pero sí sabía que estrellarse duele”, resonaba entre la penumbra. Y lentamente, aquella voz peculiar afloró su catadura de rasgos puntuales y barba cenizosa, hasta que formó su identidad. 

De manera ilustre, Adrián apareció en el escenario junto a Diego 'Uma' Rodríguez (guitarra), Diego 'Uma-T' Tuñón (Teclados), Diego 'Panza' Castellanos (Batería) y Mariano 'Roger' Domínguez (Segunda guitarra). ‘Ingrediente’ marcó la apertura del show, y la ovación fue impactante. 

Durante la primera parte del espectáculo, un repertorio de canciones lánguidas embriagó el ambiente bajo una cálida atmósfera que procuró acelerar el pulso de los sucesos. Así fue que canciones como ‘Vampi’, ‘Bestia Pequeña’ y ‘El Loco’ funcionaron como punto de partida, acentuando el vigor. 

‘Sin Mi Diablo’ y ‘La Lanza’ formaron el tándem responsable de liberar descargas eléctricas que se disiparon en un trance feroz y magnético, insinuando una lúdica propuesta de presagios. “Ahora, en este momento del planeta, en La Plata hace más calor”, sostuvo Adrián Dárgelos y el estadio de Atenas se derrumbó en su regocijo. 

Desde el eminente tablado, la vívida imagen de los Babas despertaba una insaciable codicia. Así lo manifestó su cantante con ‘Partícula’, ignorando cualquier tipo de límite: “Quiero ser partícula de ustedes y que me lleven a sus casas”. 

Los matices más electrónicos de la noche resonaron con ‘La Pregunta’ y ‘Teóricos’. Acto seguido, ‘Y Que’ se adueñó de la andanza y propició el estado ideal para que ‘Putita’ desentramara el hito final del espectáculo. Con una seguidilla de hits, Babasónicos concluyó la velada y se consagró ante una multitud osada de personas que coreó los estribillos de ‘Risa’ y ‘Yegua’. 

Al fin y al cabo, lo sucedido aquella noche fue épico. La banda se presentó como una partícula elemental que, acelerada por hadrones, construyó el componente principal de los cuerpos: Una materia susceptible a toda clase de formas que, a lo largo del concierto, alteró sus propiedades de manera perceptible a través de los sentidos.