LA DINASTÍA LLAMADA ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO

Pepsi Music 2005. Por aquellos años el festival de la gaseosa era una fija en cuanto a celebración del rock nacional e internacional. Orientado hacia bandas consagradas como Divididos, Las Pelotas, Catupecu Machu, Kapanga y La Vela Puerca, solía destinar un espacio escueto para los grupos del incipiente indie. Cuenta la leyenda que dos jóvenes pasaron por el escenario en el cual se presentaba Él Mató a un Policía Motorizado y uno de ellos le dijo a su amigo: “Acordate de estos muñecos, que la van a romper”. Era una profecía difícil de aseverar, debido a lo extraño y poco común que sonaba el nombre y a la poca convocatoria con la que contaban (en aquella edición tocaron para 40 personas y a las tres de la tarde).

La formación liderada por Santiago Ariel Barrionuevo debió transitar un camino extremadamente extenso y sinuoso para tener el respeto, la influencia y (algo no menor) la posibilidad de vivir de su música. Además, crearon un sello inclusivo, auto-gestionado y clave para el desarrollo de colegas: LAPTRA. Detrás de la imagen de hombre de las cavernas de Santi, se puede ver a un hombre completamente distinto,sumamente lúcido, cómico y adelantado a su época: vio y sintió que podía hacer algo diferente cuando lo único que se escuchaba en las radios era rock chabón.

 
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Bajo el pseudónimo de Santiago Motorizado, el bajista que cumplirá 39 años el próximo 19 de mayo está acompañado por Doctora Muerte, Pantro Puto, Niño Elefante y Chatrán Chatrán en la formación fundada en La Plata hace 16 años. Más o menos bien, hicieron su lugar en el circuito doméstico a base de recitales potentes y cercanos al post-punk neoyorquino de Sonic Youth y el noise de Pixies.

¿Cómo podemos explicar el momento que está viviendo el indie? No se veía algo parecido desde la década de los ‘90 con Babasónicos, Los Brujos, Massacre, Tía Newton, Martes Menta y tantas otras joyas de nuestra escena. De hecho, muchas de esas bandas debieron reinventarse para adaptarse a la actualidad, mientras que algunas se separaron antes del cambio de milenio y otras se extinguieron. En esa transición entre la heterogeneidad del rock alternativo y la aglomeración impulsada por los medios en la que absolutamente todos los grupos sonaban igual en la Mega, surgió el eslabón perdido llamado Él Mató.

De la secundaria hasta llenar Tecnópolis. Imaginemos a los cinco tipos por subir a tocar en el predio de Villa Martelli ante más de 10 mil personas y asumir que habían hecho historia. ¿Quién dijo que lo simple no puede llegar a las masas de la juventud? ¿Quién dijo que no se puede vivir con el lema «Do it yourself»? Una forma de definir a EMUPM es la siguiente: son la excepción a la regla porque en tiempos tan veloces y demandadores de rapidez y satisfacción inmediata, ellos crecieron lenta pero constantemente sin pensar que el tesoro se estaba hundiendo.

De La Plata a Speed King y Unione e Benevolenza. De la Panadería de Morón a Salón Pueyrredón. Del Konex a Niceto y de Vorterix a Tecnópolis. El mundo extraño que ha creado la bestia llamada Él Mató a un Policía Motorizado ha conocido prácticamente todos los bares, boliches y antros de Capital Federal y el conurbano bonaerense, sin dejar de visitar lo largo y ancho del país y mover cada piedra de su natal La Plata. Con una variedad de discos de larga y corta duración acorde a su experiencia, los muchachos platenses han hecho de sus recitales todo un culto. Porque ya no importa la cantidad de espectadores: su esencia under es marca registrada.

La trilogía de presentaciones que se asoma en el calendario de mayo (16, 17 y 18) en Teatro Vorterix merece un flashback para valorar todo lo que se ha cosechado hasta ahora. Tal como pasó en 2017 con su poker de shows en la emblemática discoteca de Avenida Lacroze y Álvarez Thomas, esta será una nueva oportunidad para dejar en claro por qué Él mató marcó una nueva época en el rock nacional.

Ya no hay dudas: sos mucho mejor que los demás.