FUTUROCK: EL PRODIGIO DE LOS FESTIVALES

El sábado pasado se realizó el festival producido por la emisora radial.

Sobre la calle Gutenberg al 500, la fila para entrar bordea el Estadio Malvinas Argentinas, el lugar elegido para esta edición del Festival Futurock. La asistencia es heterogénea, un reflejo de sus oyentes. La convocatoria es para todos.

El breve retraso en el inicio nos da la pauta de que los horarios diferirán levemente de lo pactado en la grilla. Para dar comienzo, el ingreso se habilita mientras Weste, conformada por Clara Trucco e Igna Pérez, da la bienvenida al ciclo. El dúo argentino/uruguayo ambienta el escenario descubierto con la justa medida de impacto visual y lírica dispuesta al sonido R&B; todo dispuesto para atraer al público recién llegado, que los escucha y baila con ellos. Sin embargo, el sol no da tregua (son casi las 15 y no hay espacios con sombra en el campo) y el escenario cubierto empieza a ser un poco más tentador para refugiarse. Oportunamente, llega el turno de que Hana inaugure este espacio con su pop experimental.

Afuera, empiezan los primeros acordes de Las Ex, una banda de chicas mendocinas con la actitud más punk de todo el lineup.  Su despliegue en el escenario es libre: son amigas, se divierten, tocan la música que les gusta y nos dan ganas de ser parte de su fiesta. ‘Me Escabié’, corte de su último álbum Depreciosa (2019), es la canción que termina de enamorar al público, que grita entusiasmado cuando la vocalista anuncia el título. 

Aún sigue llegando gente al predio y, en lugar de bandas, ahora se encuentran  con oradores en ambos escenarios. El festival prometió ser un evento cultural, y lo justifica correctamente con la incorporación de charlas a cargo de Julia Mengolini (fundadora de Futurock), Gabriela Borrelli, Ofelia Fernández, Pedro Rosemblat, Darío Sztajnszrajber y el stand-up de Noelia Custodio. Esta seguidilla de exposiciones solo se ve interrumpida en el escenario cubierto por Mi Amigo Invencible. Con una presentación impecable que repasa principalmente los temas de Dutsiland (2019), los músicos saben aprovechar la oscuridad del lugar para transportar a su público a través de un sonido fresco, momentos instrumentales y visuales vaporwave para asentar la atmósfera creada.

Las siguientes en ocupar ese espacio son las Perotá Chingó, que siguen apostando a jugar con sus voces (ya alejadas de lo acústico que las hizo conocidas), atreviéndose confiadamente a hacer una performance distinta al resto. Les funciona y lo saben hacer. En el escenario descubierto, está otra artista que entendió, hace bastante más tiempo, cómo destacarse de los sonidos de moda: Juana Molina nos obliga a migrar hacia afuera para devolvernos la energía furiosa (que estaban transmitiendo minutos antes las mendocinas) con su último lanzamiento ‘Paraguaya Punk’, un track de su nuevo trabajo ForFun (2019).

Si bien el camino a ambos escenarios está liberado y no hay nada en medio de ellos que dificulte el paso, sí es molesto necesariamente perderse el final de un acto para ver el comienzo de otro. No es algo de otro mundo y sucede en todos los festivales. Pero a diferencia de los demás, donde cada escenario tiene artistas de estilos al menos similares, en este caso la disposición en la grilla es rara. Gran parte del público que escuchaba a Perotá Chingó hace unos minutos, también es oyente de Juana Molina. El traslado de un lugar a otro constantemente, dejando a medias los shows, es incómodo.

No solo hay diversidad entre los oyentes. También son diversos ellos en lo que escuchan, y el fenómeno de la migración masiva se repite cuando Barbi Recanati empieza a tocar en el espacio cubierto. Siendo una de las referentes indiscutidas del girl power en esta nueva (y mejor) etapa del rock, el público no para de saltar con sus temas y se arma el primer pogo de la jornada. ¿La sorpresa? Invita a Marilina Bertoldi a tocar el bajo con ella. Los sonidos de los instrumentos solo encuentran competencia en los gritos desaforados de la gente al ver a este dúo frente a ellos.

Barbi es la única que mantiene a la audiencia en el mismo lugar durante todo su repertorio, porque después de ella sube Eruca Sativa y la sucesión, al fin, tiene sentido. El trío no tiene errores, toca canciones como ‘Armas Gemelas’ y ‘Creo’ (adelanto de su nuevo disco Seremos Primavera, a lanzarse el 8 de noviembre), que mantienen en movimiento a los asistentes. Lula Bertoldi, Brenda Martín y Gabriel Pedernera, ya consagrados como una de las mejores bandas de rock del momento, llevan más de diez años impactando con una batería potente y riffs furiosos que imposibiltan la quietud del cuerpo. La gente que está en las gradas se para para ir al pogo del medio, y quienes están arriba van cubriendo cada vez más las barandas, que desde abajo se ve como una secuencia de cabezas agitándose a la altura. 

Mientras tanto, Louta está afuera vestido de blanco y brindando su propia fiesta. Con bailarines acompañándolo y visuales estridentes, arranca el momento más bailable de lo que va de la noche. Sin embargo, su setlist es más corto de lo esperado y en lo que suena de fondo ‘One More Time’ de Daft Punk, se prepara todo para que llegue Wos.

Con ‘Canguro’, el MC ganador de la Red Bull Batalla de los Gallos 2018 desata la euforia de la gente, a la que se suman animosamente quienes estaban escuchando a Eruca (que fue el último acto del escenario cubierto). De pronto, el lugar está colmado y es una fiesta. Lo es aún más cuando sube Acru y juntos cantan ‘Animal’, para luego dar lugar a un freestyle épico que deja frases célebres como: “Ahora es octubre y no se si te acordabas que hay un gatito vendepatria que se va de la Rosada”, haciendo referencia a las próximas elecciones presidenciales.

Ante la exaltación del público, Valentín apuesta a más: junto a él, ahora está CA7RIEL en micrófono (Cato, en realidad, oficia como guitarrista de Wos para los shows), con quien interpreta un tema nuevo que lanzarán próximamente. Quizás por el retraso inicial en el horario estipulado, la presentación de Wos también es sorpresivamente corta para un headliner. En este punto, empiezan a sentirse los cortes para (tal vez) finalizar el evento a tiempo.

Uno de los nombres más esperados del festival aparece en el escenario: Marilina Bertoldi. Con gafas de sol y un traje blanco, cuyo saco usa desabrochado y desdramatiza la exposición de las tetas de una mujer (lo cual generó revuelo en las redes, ya que las fotos de su presentación eran censuradas por Instagram), Marilina trae actitud, cuestionamiento a lo establecido y buenas canciones. No obstante, un inconveniente en el sonido hace que no pueda tocar la viola y tenga que dejarla a un costado. La artista manifiesta repetidamente que está molesta, que está pasándola mal, al punto de dejar descolocada a la audiencia durante aproximadamente un minuto y medio, en silencio total y sin luces en el escenario. “Me siento como el orto y sé que después me voy a arrepentir de estar así”, dice. Desde abajo, no se entiende muy bien qué está pasando: si es por la viola o si en el detrás de escena está sucediendo algo que no se puede advertir desde acá.

Los problemas continúan con Marilina y su banda sonando muy bajo en comparación a los artistas que tocaron antes en el mismo espacio. Ella sigue mostrándose enojada y, en medio de un diálogo que no se escucha completo desde el público, dice riéndose irónicamente: “Ah, tengo tiempo todavía, ¡menos mal! Por suerte tengo un tema para tocar, ¿no?”. Sea lo que sea que está pasando, no permite disfrutar al 100% la música de Bertoldi, que sufre la misma suerte que los dos artistas anteriores: la presentación es corta.

Tras varios momentos confusos, ‘O no?’ es el plato fuerte del set, y una versión mucho más suave que la de estudio de ‘Enterrarte’ sirve para bajar los humos y relajar. El highlight de la presentación: un cover de ‘You Oughta Know’ de Alanis Morrissette, con los tres miembros de Eruca y Barbi Recanati en el escenario, que pareció disipar cualquier sensación previa de malestar en Marilina, y nos permitió verla disfrutar —tanto como nosotros— de su show.

Sorprende el tiempo en el escenario de la banda que sigue a Bertoldi: El Kuelgue. Sin olvidar que son uno de los headliners, hacen un repaso por sus temas más reconocidos y vuelve el baile, por más tiempo que el que tuvieron cada uno de los tres últimos cantantes. La diferencia es notoria, teniendo en cuenta que la propuesta no tiene algún elemento que la distinga de sus presentaciones anteriores, pero tienen con qué bancarla. Es el momento más chill después del rock desenfadado de las horas previas. La voz de Julian Kartún ambienta a encontrarte y bailar con el de al lado, y gozar su compañía escuchando canciones como ‘Bossa & People’ o ‘La Fama’.

Para el cierre del festival, la orquesta cumbiera, La Delio Valdez, renueva las energías para continuar la noche del sábado con ritmo y sustancia. De todos modos, quizás por el cansancio y una jornada que se extendió un poco más de lo previsto, el público se retira poco a poco del lugar durante la presentación de La Delio.

Sin dudas, el festival tuvo en sus dos escenarios a artistas con renombre, trayectoria y compromiso político, y la presencia de todos ellos es mérito de la impronta de Futurock como medio periodístico. La elección de cada uno fue acertada, los tiempos y el orden no tanto, pero el disfrute de tener a todos en un mismo lugar brindó una edición que ya deja con altas expectativas para la próxima.