SOLID ROCK: LOS DEFENSORES DEL METAL

Entre acordes noventeros y riffs de heavy metal, Alice In Chains y Judas Priest hicieron honor a su condición de «veteranos del rock» dando cátedra de cómo brindar un show para el recuerdo. La trayectoria pesa por sobre la vejez, y ambas bandas lo demostraron en el contexto de una nueva edición del Solid Rock —festival que hace un año trajo bandas del calibre de Deep Purple y Cheap Trick—, realizada en el escenario techado de Tecnópolis.

La legendaria banda grunge de Jerry Cantrell logró dar con gran altura un espectáculo que fue muchísimo más que una simple antesala al evento principal de la noche. Los muchachos de Seattle supieron pararse sobre el escenario e interpretar con el mismo nivel de destreza sus clásicos indiscutibles de los ‘90, como ‘Them Bones’ o ‘Man In The Box’, y temas de su más reciente disco Rainier Fog (2018).

La dualidad entre dulzura y agresividad que marca las guitarras de Jerry Cantrell y WilliamDuvall —quien se lleva un reconocimiento especial por su extraordinaria habilidad vocal—, sumadas a la potencia estructurante que construyen el bajo de Mike Inez y la batería de Sean Kinney, generaron una tormenta perfecta de rock alternativo y reafirmaron el por qué Alice In Chains nunca podrá dejar de ser considerada una de las mejores bandas grunge de su generación.

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Pasado el show de los americanos, ya iba siendo hora de que un poco del viejo heavy metal británico se adueñara no solo de las tablas del escenario, sino también de las almas pecadoras de los portadores de remeras negras que atestaban el show.

Mientras a modo de introducción sonaba ‘War Pigs’, de la también legendaria banda metalera Black Sabbath, la gente se iba apurando para ingresar al predio mientras coreaba el nombre que la impaciencia y la emoción hacían imposible esperar un segundo más. Con la caída de un telón que se alzaba frente al escenario ondeando el clásico logo de los señores de Birmingham, comenzaba la épica epopeya de cuero que Judas Priest escribiría con fuego en la noche bonaerense.

‘Firepower’, canción que da nombre a su más reciente disco, dio inicio al desfile sonoro de guitarras filosas y ritmos acelerados. ‘Running Wild’ fue el primer zarpazo nostálgico y uno de los pocos clásicos que sonarían a lo largo de la noche. Rob Halford, mítico cantante de Judas y personaje al cual toda introducción o descripción no hace más que quedarle chica, deambuló por el escenario soltando alaridos desgarradores mientras las guitarras de Andy Sneap y Richie Faulkner brindaron un sonido que supo ser tan pesado como veloz.

Durante ‘Grinder’, Rob aprovechó para jugar un poco con el público intercambiando un par de gestos. ‘The Ripper’ volvió a propiciar el clima perfecto para que el ambiente se caliente cual fuego lento amenazando con hacer estallar todo Tecnópolis —y, si era posible, llevarse a todo Buenos Aires con él—. “Nunca nos rendimos”, dijo Halford previo a dedicar ‘No Surrender’ a su amigo Glenn Tipton, guitarrista de la banda que no pudo presentarse en la gira por su padecimiento de la enfermedad de Parkinson. Un gesto más que cálido, el cual demostró el gran aprecio que Rob y el resto de la banda tienen por su viejo compañero. Pero la dulzura no tuvo lugar ni medio segundo.

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Cuando ‘Turbo Lover’ se hizo presente, el fuego que amenazaba era ya una realidad. ‘Rising From Ruins’ se encargó de cerrar la selección de temas del último disco, la cual finalizó con Halford sosteniendo una espada de un color rojo brillante que se fue apagando entre la oscuridad. ‘Freewill Burning’ y ‘You’ve Got Another Thing Coming’ comenzaban el tramo final del show: si a algún atrevido le quedaban dudas de quienes son los defensores del heavy metal, entonces sería refutado en ese instante. El rugir de una motocicleta que se introducía en el escenario con Halford al volante marcaba la entrada de ‘Hell Bent For Leather’, haciendo Judas explícito el hecho de que se debe a la pasión de su público, al poder de la llama que arde en el pecho de todo seguidor del heavy metal.

Tenemos tiempo para una más, ¿qué canción les gustaría escuchar?”. No pasó un segundo para que la gente clamara por uno de los clásicos más adorados de la banda: ‘Painkiller’. ‘Electric Eye’ y ‘Breaking The Law’ trajeron el lado más político del show, siendo el primero una crítica a los sistemas de vigilancia constantes a los que son sometidos los ciudadanos —algo que suena más afín a nuestros tiempos que a la época en la que Screaming For Vengeance (1982) fue compuesto—, y el segundo un himno rockero a la gente que pelea por sus derechos sin miedo a enfrentarse a la «ley».

Cada agudo de Halford no hizo más que establecerlo como la vara a partir de la cual todo cantante de metal debería medirse, no solo por su habilidoso registro, sino por la calidad de showman que despliega en cada paso que da y en cada nota que alcanza.

Pero aún quedaba la estocada final: ‘Living After Midnight’, canción que curiosamente sonó justo al llegar la medianoche. Habiendo pasado por todos los estadíos del metal, presenciado tanto en la velocidad de ‘Painkiller’ como en la balada pesada ‘Rising From Ruins’ o en el riff tétrico de ‘The Ripper’, no quedaba más que propiciar el festejo. Habiendo agotado el espíritu de los concurrentes, los Judas Priest se retiraron victoriosos de su batalla con la leyenda de “The Priest Will Be Back” ondeando en llamas sobre las pantallas. Quizás a algunos la espera  se les haga eterna: no queda más que disfrutar la calma entre guerra y guerra.

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Todas las fotos cortesía de Guido Adler